EL BANQUETE DE LA CONSTITUCIÓN

Milagros Heredero | Relato | Gatolandia:

          -¡Miau, miauu, requetemiauuu !… – maulló Marco Antonio mientras se ajustaba el lazo de pajarita que luciría.

          Le había empujado Cleopatra porque él estaba mohino y desengañado de la politica y en particular de la legislativa.

          -Anda, vete, vete, es tu compromiso, tu obligación y si no: no seas diputado, tú lo has querido: apechuga.

          Se celebraba la Constitución de 1978. Los parlamentarios se reunían en un gran salón del Congreso para enaltecerla. También se utilizaba el evento para encontrarse oportunamente con quien no se deseaba hablar públicamente y  se retiraban a un discreto rinconcito con la copa en la mano para disimular. Y allí, pero suavemente, podía arder Troya sin que el fuego se viese.

          Brillaban las sonrisas, los apretones de manos y el rico aperitivo servido en bandejas por camareros itinerantes y atentos. Algunos personajes del mundo político, artístico y social estaban invitados y también los periodistas parlamentarios que no perdían ojo y, como suele decirse, “se ponían las botas”. Verdaderamente: merecía la pena. ¡Qué ricos y cuidados los canapés!

          “Marco Antonio” se atusaba sensualmente su bigotito y sus ojos se clavaban fijos en algo que para él era lo mejor del acontecimiento: los arenques confitados.

          Bueno, hay que reconocerlo:  también afilaba su interés sobre la señora alcaldesa, con sus dengues y sus maneras chulescas, “Aquí estoy yo” parecía decir cuando hablaba en público o ante los periodistas: soy joven, guapa y muy inteligente: la mejor.  No quería negarle méritos pero tenía mucho que aprender y sobre todo, en política: discreción y “finesse”. Mucha “finesse”… ¡Y aquellos ojos de víbora amaestrada!…  No, no, no… Se le notaba demasiado.

          Pensó en “su” gatita. Cleopatra era delicada de verdad, callaba más de lo que maullaba. Y era lista, aguda. A veces (esto le costó un poco reconocerlo) llegaba en sus deducciones incluso un poco más lejos que él mismo… (miaúúú) …Bueno, eso era propio de las féminas: a falta de verdadero talento creador la naturaleza les había dotado, a veces (no siempre), de “intuición femenina”… Y ellas la explotaban.

           La “fiesta” sin embargo no había resultado como en otros años, según los cronistas “se había celebrado en “clave política”…  Señalaron eso. ¿Y qué querrían decir?..¿Cuál sería la clave política? ¿Las próximas elecciones de la Comunidad de Madrid?.. Sí: “¿Cómo estás?  ¡Tienes muy buen aspecto!  Enhorabuena, me enteré de lo tuyo. Saludos a tu señora” etc. etc. Y por lo bajo: “Tenemos que hablar, pero no en mi despacho ni en el tuyo…Ya sabes. El c… de Fulano nos la quiere jugar, ya ha ido a chivarse al jefe… Ya sabes”.

          -¡Ja! ¡ja! ¡ja!… ¡A buena parte ha ido! Ya sabes lo que hace el jefe:  ver, oir, callar… y cuando tiene los cuatro ases en la mano… actuar. Espera a ver qué le cae al chivato por listo… Ya sabes el efecto boomerang que en política muchas veces da positivo.

          – Sí, eso sucede en algunas ocasiones… Oye: este jamón está exquisito, es del bueno…

          Marco Antonio para no perder sílaba se acercó un poquito más a los conversadores, también conservadores, pero al momento se percataron y comenzaron a hablar del orden del día próximo.

          Entonces contempló la bandeja de los canapés que el camarero había dejado sobre una mesita y se acercó para contemplarla mejor. Verdaderamente eran exquisitos, estos políticos sabían vivir… ¡Qué lástima que Cleopatra no estuviera allí!.. Ah, pero no se quedaría sin probarlos. Y Marco Antonio con mucho esmero sacó sus zarpitas y disimuladamente escogió dos de los más apetitosos, los envolvió con mucha delicadeza en una blanca servilleta, los metió en su bolsillo y se ausentó del ágape parlamentario para que participara y se relamiera un poquito su querida gatita que, al fin y al cabo, también era “pueblo”.

Milagros Heredero