“VERIFICATOR”

«El poder es adictivo. El mayor alucinógeno jamás sintetizado. El riesgo de perderlo no es asumible por esas mentes ejecutoras tan enganchadas, tan trastornadas»

Juan Sánchez | Opinión | En otros tiempos, esa abominación engendrada por la ‘nueva anormalidad’: “Verificadores”, sería considerada un insulto a la libertad e inteligencia de los ciudadanos. O, al menos, una inmensa falta de respeto y burla general. Ese ‘comisariado’ ejecutor, máter amantísima y protectora de la candidez virginal e inocente del pueblo, solo podría ser autorizado en un régimen nada democrático.

Un totalitarismo extremo hacedor de realidades al bies, segando la realidad. Y eso, amigos, deja muy claras las intenciones de los doctores en esa neo-iglesia de control planetario. Qué bonicos son, ellos, oye.

VERIFICATOR: “Dícese de todo aquel individuo, o grupo de individuos, organización y, o, u organizaciones, estupendamente maquinados –previo pago de honorarios talmente estupendos–, para mancar, mutilar, negar las veces que sea necesario y siempre bajo tutela oficial, contravenir, denunciar, manipular, encubrir y reconducir aquellos acontecimientos y decisiones políticas tan difíciles de justificar, que hacen saltar la liebre y los lebratos cuando todo apesta a podrido en el gobierno más cercano”… “Llámalo corrupción pura y fláccida, servilismo arriñonado, mortífera arrogancia de ignorantes con mando, descontrol muy bien acoplado, caos ilimitado, podredumbre de incompetentes revoloteos, pestazo a incongruencia con manifiesto aparcero, gilipollas de esparto sin cojones ni caballo, o, simplemente, garganta profunda en el juego sucio de la política”. Toma ya!

La definición exacta se extiende mucho más; tanto como el morro que le están echando esos sinvergüenzas del ordeño y mamo, más sus perros de presa certificados: ¡Verificados!. La madre que parió a Panete.

Al margen de estos tiempos de incertidumbre a ras de suelo, a media altura y embarrando el cielo, dar por sentado que la población es una manada de borregos, al margen de ser casi cierto, debiera o debiese considerarse la posibilidad de que buena parte pudiera tener criterio propio, e incluso su privativa opinión sobre la realidad colindante. Tal vez sea mucho suponer, pero habría de darse un margen de libertad, sin cortapisas ni barandales o pasamanería, donde aplacar las entendederas populares. Es evidente que nuestros gobernantes créense poseedores de la verdad definitiva, o mejor absolutista, ya que sus decisiones –insistimos en la siega–, y versión oficial no necesitaría verificación alguna, que para eso ya están las urnas y los votos libres de un electorado soberano. ¿O no? Ahí le hemos dao’ en tol’ morro a tan delicao’ asuntillo. ¿O no? Pues Sí.

El poder es adictivo. El mayor alucinógeno jamás sintetizado. El riesgo de perderlo no es asumible por esas mentes ejecutoras tan enganchadas, tan trastornadas. Perpetuarse en el cargo es primordial, el resto de consideraciones son prescindibles. Por eso la crítica libre y democrática debe ser masacrada con todo el rigor disponible. Por eso la disidencia ha de ser barrida de la opinión pública. Por eso los medios apesebrados se han convertido en perros de presa contra la prensa libre. Por eso los seudo-periodistas andan enchufados a la golosa teta oficial. Por eso los legítimos informadores y sus opiniones deben ser evaporados a base de decretazos, perseguidos y ajusticiados cual criminales de guerra por observar y comunicar desde su libertad de pensamiento, opinión y prensa. ¿O no?

Somos muy pocos, y escandalosamente menguantes. Llevamos una diana política en la espalda. Una orden de vigilancia sobre nuestro entendimiento. El cerco contra la independencia de pensamiento se estrecha. Es triste, muy triste, tener que medir la palabra, andar a brinco de mata, deslizarse por el filo de la navaja, siempre al borde de ese abismo que nos acecha y nos mira fijamente desde unas instituciones que se publicitan, auto-certifican y verifican cual bananera democracia. Lo son si necesitan confirmación de agentes contaminantes para engatusar al pueblo: esas organizaciones tóxicas y vende patrias, que solo acreditan la falta de libertades y derechos que tanto costó conseguir en aquellos años de oscuridad, censura feroz y demasiados carniceros en el estrado… Era otro país, o quizás no… Y Punto.