EL PRIMER MOTOR

Juan Sánchez | Opinión | Dimito, boleo la toalla, pero no me tiro al tren, mejor apunto a la taquillera. Justo en eso andamos, en eso rumbea gran parte de esta humanidad de íntimo galipote y veredas a ninguna parte que no sea la faltriquera. Unos más, otros menos, porque no tienen posibilidad de sopar en la olla grande. Esa es la puñetera verdad. Mal que nos pese admitirlo. Quién más, quién menos, alberga entre sus planes un mañana mejor, y la posibilidad de solucionarse las papas sin dar palo al agua.

Labor vocacional, y los cojones –Salvo excepciones tan raras como cercanas–. Pero aquí, en este país de mete-manos, el talento se vuelve estigma de idiotas. La única vía “vocacional” es maquinar los pasos hasta la cima por y para envidia de los vecinos. ¿O no?, por eso digo.

Según el místico teórico Santo Tomás, todo comenzó con un primer motor. Una voluntad primordial hacedora de universos, espacio, tiempo, luz, calor, tierra, aire, agua y fuego, en definitiva, la sopa primigenia para la vida. Hubo un primer instante, nada de nada antes, solo el frío vacío y la oscuridad, nada más. Pero surgió la voluntad, ¿desde la nada?, un chispazo inicial de existencia –luz– dio paso a todo el universo conocido. Más o menos. Ese “primer motor” creo todo cuanto conocemos, sentimos, intuimos y experimentamos. La voluntad del “creador”. Y fue justo entonces cuando surgieron las dudas que, 13.000 millones de años más tarde, seguimos trampeando.

A renglón seguido, la obligada cuestión: ¿En qué pijo estaba pensando el creador cuando nos soltó por el universo? Ya sé, muchos de vosotros sois ateos, o andáis coqueteando –agnostizando– con la incredulidad escatológica. Servidor ya sobrepasó esa fase, ahora ando por los extramuros de una localidad zamorana de cuyo nombre no pienso hacer mención, donde llamaba la atención esta irreverente pintada: “Sí Dios existe, es su problema”. Curiosa conclusión, verdad. Años más tarde volví a pasar por allí y algún avanzado en la filosofía decimonónica, había añadido un final alternativo: “Sí Dios existe, tiene un grave problema”. Más irreverente, arriesgada y concluyente, verdad. El caso es que tal reflexión al alba de la recién inventada seudo-democracia, fue censurada no mucho después y en su lugar lucía el esplendor primaveral del Corte Inglés. En fin, justo ahí quería llegar.

Nos metemos tan obsesiva e inconscientemente en nuestro papel ‘vegetal’, que negamos la parte más importante de la existencia. Todo es calculable, tangible, contabilizable, sólido, corpóreo, todo tan palpable y material que la otra posibilidad deja de tener presencia vital. Es por ello que me atrevo a escribir estos reglones tan extraños como necesarios para mí, y para todos, creo. Porque si la existencia se ciñe a la materia, si la primera consideración de una vida humana es la acumulación de cosas, bienes y pertenencias, ¿Qué narices somos aparte de una calculadora de activos y pasivos renegociables?

Las grandes preguntas están ahí para ser consideradas. Anulamos esas incógnitas por espanto a la respuesta. Pero no desaparecen, nos siguen machacando mientras dura la existencia. Es un ejercicio de máximo egoísmo desatender la trascendencia de una vida humana, y limitarla al deporte material. Es la muestra más palpable de una sociedad poseída por el virus de la cobardía…

“Olvida todo aquello que no eres, todo cuánto podrías ser, ven, acércate al escaparate de las vanidades, peca de insensible, insolidario, indolente hacia el sufrimiento ajeno, vive una vida pletórica de posesión, rebosante de lujurioso materialismo y olvida esas tonterías que rondan tu cabeza. La inteligencia está en sobresalir a los demás, la inteligencia es pisar fuerte sobre los cadáveres que siembras a tu paso, que se jodan los fracasados, los débiles, los diferentes, aquellos que miran hacia las estrellas y más allá, y más acá”.

En resumen, unos párrafos para ‘redondear’ el artículo: Nos pasamos la vida luchando por algo que no tiene sentido. “Nadie se llevará ni un solo grano de arroz al otro lado”. “Algunos serán los más ricos del cementerio”. “Porque son tan pobres que solo tienen dinero” Frases que no dicen nada a los corazones vacantes. Razones que no convencen a los ‘físicos’. Y bueno, el ‘redondeo’: Todo tiene un principio y un final. Según Tomás –el filósofo–, y la actual teoría del “Big-Bang”: el primer motor generó un universo cuajado de vida. ¿En serio creéis que fue por ánimo de lucro?

Nota del autor: No soy creyente, ni soy ateo ni agnóstico, sino al tiempo y todo lo contrario. Aspiro a ser humano: un ser vivo a quién no gustan las explicaciones heredadas, impuestas, ni la vida tutelada, por eso intento buscar mis propias respuestas… Me gusta mucho esta confesión de Albert Einstein: Me declaro «no creyente profundamente religioso» Y punto.