VIVIENDO CON 40 ANCIANOS, EN UNA RESIDENCIA – Cano Vera

ENVÍO: A Sonia, Pepa, Irene, Ainoa, Miguel Ángel, Belén, Esther, Paco Vera, Juani, Raimundo, Carmen, Diana, Pepe, y media centuria de valientes, solidarios ancianos, trabajadoras sociales, enfermeros, y residentes mayores en el centro VITALIA, en la región de Murcia.

RELATO LIMÓN

José Juan Cano Vera | Ya en el lagrimal, camino del siglo, apenas me quedan unas gotas que dejo aparcadas cuando me emocionen las clases política, económica y religiosa en algún instante de dignidad humana y ética, pero sin la intervención divina que nos castiga, no con siete plagas, más, sobre todo a esos millones de ciudadanos que se refugian en el último bastión de sus vidas, que votan o rezan, si pueden y saben en los centros para mayores, antes asilos hoy residencias, verdaderos hospitales de crónicos físicos y psicológicos en fase terminal, la mayoría de ellos.

He vivido en una de ellas, aquí, en la región, durante dos semanas antes que explosionara en el Madrid de Ayuso los familiares de los residentes peor tratados, en cientos de centros, que los cuarenta mil reclusos alojados en las prisiones de éste país.

He vivido con ellos y con ellas y hasta me he emocionado lo suficiente como para ser una de mis aventuras profesionales más duras, y hasta pedagógicas. Un personal, veinte mujeres jóvenes, seis varones solo, desplegando ternura, alegrías, sin sabores y mucho valor, calidad humana. Como una gran familia en la que los residentes mayores y trabajadoras sociales forman como un cuerpo de élite en defensa de los derechos humanos de enfermos muy graves, amnésicos, destruidos por los años, pero vivos, los ojos en su ansia de vivir. O sin sufrir.

Ver diez carritos de andadores en fila india esperando subir a un ascensor, oir a veces por la noche voces y susurros de dolor, sentir como te miran con ojos agotados, apagados y ese silencio sordo de bocas marchitas, no solo imponen, te aplastan y te sientes como culpable por no echar una mano, usted y yo, lector, lectora y como avanza la ansiedad y la depresión y el castigo mental, quizás del suicidio, o una eutanasia real, no ese camino lento de ir muriendo, olvidados por una sociedad cruel.

El estallido en una residencia de Madrid porque los alimentos que se ofrecen a los ancianos es de mala calidad, es como un aviso dramático del futuro. Algo tan sonado como la subida disparada de los precios ha dado la voz de alerta en las tres mil setecientas residencias españolas, públicas y privadas, entre ellas las murcianas. Es un clamor, hoy y ayer cuando la pandemia vestía de luto unos hogares para abuelos y abuelas torturados, y dejaban de ser negocio negro.

S.O.S. Pedimos que en los parlamentos central y de las regiones se termine con el virus político que mata, el virus de miles de millones de euros que se despilfarran en un mal entierro, el de la ignorancia y el olvido de varias generaciones que levantaron a un país en ruinas y en guerra, donde la libertad fue resucitada. Hoy la libertad está enferma, y asilada, acosada por el miedo, un miedo nacido de la ansiedad, la abulia y la desinformación estratégica. Ese miedo ya ha calado en nuestra sociedad por encima de otros países. Y es un arma.

Aunque muchos ya no aceptan el miedo como el fundamento de la moral, el miedo sigue desempeñando un papel importante en la moralización de los problemas de la vida cotidiana. En ausencia de un guión que ofrezca una perspectiva sobre cómo temer, el miedo mismo se ha convertido en una perspectiva a través de la cual se interpreta la vida. Su aparición es una de las características mas importantes de la cultura contemporánea del miedo. El miedo, lamentablemente sigue guiando nuestro hacer e influyendo en nuestras actitudes y comportamientos. Ya me dirán ustedes cual es la vida en una residencia de ancianos donde el miedo no es solo una amenaza. Se huele, y no a rosas.

EPÍLOGO.- Unos 170 millones ha tirado a la basura algunos ministerios, en publicidad, propaganda populista, nada para los escudos sociales como prometió PABLO IGLESIAS. Esta es una nación, desde sus orígenes, en la que ha predominado las tres actividades más históricas, como matar, con la guerra más larga global, siete siglos de Reconquista. Follar, por que heredamos de los árabes, y mantuvo el cristianismo, que un virgo es como algo sagrado y que la no se casa, arruina su vía. Y robar que ahora se dice corrupción si roba un político, en la monarquía, la república, el franquismo y la democracia que indulta a sus dirigentes, sean catalanes, andaluces o murcianos, compinches de Feijóo abrazado a Valcárcel. Ayer cuando salia del centro de mayores –previo pago de estancia– pensaba si estos del PP, PSOE, PODEMOS Y VOX deberían pasarse una temporada en los centros de mayores para valorar lo que vale un ser humano castigado por el miedo y la soledad más jodida. Y los atrincherados en sus hogares, solos como la una.