¿Has dejado de leer noticias a diario para ser feliz?

  • El fenómeno global que lidera España

Redacción | Externas | Alfredo Pascual | El Confidencial | Un hombre entra en la consulta de su psiquiatra. Le dice: «Doctor, estoy deprimido. La vida es cruel y me siento solo en un mundo amenazador». El médico le responde que no se preocupe, porque su solución es sencilla: «Vaya a ver al gran payaso Pagliacci, que está estos días en la ciudad. Ya verá como él le anima». Sin embargo, el paciente rompe a llorar: «Pero doctor… yo soy Pagliacci».

Si estás aquí es porque no has dejado de leer las noticias, pero seguro que conoces a alguien en tu entorno que ha dejado de hacerlo.

Como en este pasaje, que abre el inconmensurable ‘Watchmen’ de Alan Moore, hoy vamos a hablar de una cuestión que los medios de comunicación no podemos solucionar: por qué cada día hay más gente que está dejando de seguir las noticias.

"Un 36% de los españoles cree que las noticias tienen un impacto negativo en su ánimo" 

Cada año el Reuters Institute publica, junto a la Universidad de Oxford, el que probablemente es el mejor informe sobre la industria periodística del mundo. Las conclusiones de la edición de 2022 son demoledoras: los medios de comunicación no solo están perdiendo tracción en la sociedad, sino que hay un volumen creciente de lectores que han optado por bajarse de la actualidad informativa. En líneas generales, analizados los principales mercados periodísticos del mundo, solo los fineses mantienen un interés por la actualidad semejante al de 2015, mientras que los gigantes del sector como Estados Unidos, Reino Unido, Alemania o Brasil, sufren una hemorragia de usuarios sostenida en el tiempo.

No obstante, destaca entre todos el desplome de España. Hace siete años, el 85% de los ciudadanos encuestados se definían como personas muy interesadas en la actualidad, un porcentaje que hoy registra una terrorífica caída de 30 puntos porcentuales. En ningún lugar del mundo cae tan rápido el interés. Entre los motivos, un 43% cree que hay «demasiada política y covid» (la encuesta se realizó en 2021), un 36% que las noticias tienen un impacto negativo en su estado de ánimo y un 29% considera que son «demasiadas noticias» o que son «irreales o demasiado sesgadas».

Empecemos por el final. ¿Están los medios españoles demasiado influenciados por los poderes político y económico? «Existen diferencias entre la percepción (y el peso real) de la influencia de los poderes en los medios, y algunas de estas diferencias tienen raíces profundas», dice a El Confidencial Nic Newman, principal autor del informe de ‘Reuters’. «Podemos ver que en Europa hay menos interferencias (del poder) en los países nórdicos, pero mucha más en España, Italia y Grecia, así como en los países de la Europa central y del este». Al respecto, es interesante señalar que en el último lustro, la confianza de los españoles en que los medios se mantengan independientes ha caído con fuerza. Concretamente, del 19% al 13% en materia política y del 20% al 15% en cuanto a empresas. «Es una caída notable, en la línea de la que estamos viendo en Italia», remata Eduardo Suárez, cofundador de ‘El Español’ y jefe editorial del Reuters Institute. Es una tendencia que corrabora la serie histórica del CIS. Preguntados por la confianza en los periódicos, un 62% de los españoles declaraban a comienzos de siglo tener «mucha o alguna» confianza, mientras que en 2017, último año en el que se realizó la pregunta, el porcentaje había caído por debajo del 40%. El 11 de marzo de 2004 es una fecha marcada para todos los españoles, en especial para su prensa. Durante los días posteriores al atentado, con el país aún en shock, los medios se dividieron entre los que siguieron la versión gubernamental, que señaló a ETA como culpable, y los que dieron por buena la reclamación de autoría de Al Qaeda. A solo tres días para las elecciones generales, los bloques político-mediáticos se hicieron más evidentes que nunca en una alocada carrera por ver qué tesis prevalecía en el imaginario colectivo el día de las urnas.

Aquellos días se denunciaron presiones directas del poder, intentos de adulterar las elecciones e incluso hubo medios que se abonaron largo tiempo a teorías de la conspiración. El Jefe de Informativos de ‘TVE’, Alfredo Urdaci, lo definió así: «Se dio una crisis terrorista y, paralelamente, una crisis política que supuso un paso atrás en la credibilidad de la información del que tardaremos en recuperarnos». Urdaci estaba en lo cierto: dieciocho años después, la confianza de los ciudadanos en los medios nunca ha recuperado los niveles previos al 11-M.

Autoprotección

En los últimos años, sobre todo a raíz de los confinamientos, muchos lectores han abandonado la actualidad para proteger su psique de impactos negativos. Es un fenómeno que se palpa sin necesidad de recurrir a investigaciones. Este periódico preguntó en Twitter si había alguien cuyo ánimo había mejorado tras dejar de leer los medios a diario: en tres horas, respondieron 78 personas. Estos son los perfiles más habituales:

  • Carlos G. Urbano, analista de datos, 31 años: «Podría decirse que llevo cerca de año y medio sin consumir actualidad de forma convencional. Hasta creé un ‘timeline’ de Twitter a prueba de ella (salvando la actualidad del fútbol, que es de lo que vivo ahora y, aunque tóxica, no afecta a mi vida personal). Vivo más tranquilo, menos estresado. Desconozco los nombres de los ministros de Sánchez en la actualidad, por ejemplo. O las medidas que se están tomando en el tema precios, salvo lo de la gasolina, que me lo contó un gasolinero el día que entró en vigor y fui a llenar el depósito. Y cuando alguien menciona algo de actualidad, respondo tranquilamente que no sé de qué me está hablando. El Carlos del pasado se echaría las manos a la cabeza, pero he aprendido que mi mujer, mi hija y yo mismo merecemos que no me deje ‘infoxicar’. Una cosa es saber más o menos cómo funciona el mundo y lo que está pasando, pero otra es exponerse a la avalancha diaria de mierda que nos regala la vida. He optado por disfrutarla en la medida de lo posible, especialmente desde que se murió mi padre (¡ni muriéndose era capaz de no hablar de política y lo que iba a pasar cuando ni le iba ni le venía!) y ésta es una de las medidas que he decidido tomar. Como ex periodista y como persona».

  • Maite Jiménez, comunicadora audivisual, 21 años: «En mi caso yo no decidí conscientemente dejar de leer noticias o el telediario todos los dias, sino que fue algo casi instintivo. A mis padres les gusta tener puestas las noticias en todas las comidas (desayuno, almuerzo y cena). Y yo siempre estaba muy atenta a ellas, incluso cuando era pequeña y no las entendía muy bien, pero entrando en la pubertad y sobretodo en la adolescencia, me enfadaban o me indignaban. Sin embargo, desde hace un tiempo, más o menos desde el verano de 2020, en plena pandemia, dejé de echarles cuenta porque me entristecían y me afectaban a mi estado anímico. Hay veces que me siento un poco mal, porque tampoco quiero estar completamente desconectada de la realidad del mundo, tanto de lo mejor de él como de las injusticias y desgracias que hay, pero me siento más tranquila, le doy menos vueltas al coco a cosas en las que no puedo influir directamente».

    "Estaba angustiada porque eran todo el rato malas noticias: imágenes de los bombardeos, las casas destruidas y mucha gente muerta..." 
  • Beatriz Blanco, productora musical. «Dejé de ver las noticias a partir de toda la guerra de Ucrania, no paraba de verlas y de estar sobreinformada todo el rato, miraba Twitter, los periódicos digitales, todos los días veía el informativo, y lo único que me ocasionaba era malestar y preocupación. Llegó un momento que decidí dejarlo, me limité el tiempo en redes sociales, dejé de ver el informativo, y no leí más los periódicos digitales, y desde entonces estoy muchísimo menos preocupada y angustiada. Me notaba angustiada porque eran todo el rato malas noticias, imágenes de bombardeos, de gente corriendo para que no las matasen, de niños y sus familias en el metro, de casas destruidas y de gente muerta. Me angustiaba mucho verlo y ver tanto sufrimiento, e inevitablemente pensar que la guerra podía extenderse en cualquier momento al resto de Europa».

  • Óscar Ballesteros, 36 años, técnico administrativo en una ONG. «Siempre me ha gustado estar informado, leer los periódicos, sobre todo ‘El Confidencial’ y ‘El País’. Siempre al quite de bulos, intentando que mi entorno fuese consciente de la situación real. Y más porque por mi trabajo tengo acceso a información, no privilegiada porque está a la vista de cualquiera, pero sí de primera mano. He tenido que bregar con mucha desinformación. Diciendo la verdad, he perdido muchos amigos. Pero ha habido tres puntos claves en el proceso de apagón: el coronavirus, trabajar desde casa encerrados con tanta información me generó hastío. Ver programas que jamás tuve en mente como ‘AR’, ‘Ya es mediodía’ o ‘Espejo público’, me hizo replantearme todo. Me sentí sobreinformado. Al principio me pareció culpa mía, luego vi que el bombardeo era constante, así que poco a poco, fui desconectando. Por salud mental».

Preguntamos a Nic Newman por esta ‘news fatigue’ que lleva a los lectores a evitar la información negativa y añade un factor inesperado: la edad. «Una gran proporción del tráfico web está impulsado por un número relativamente pequeño de fanáticos de las noticias, en su mayoría personas mayores, ya que se sienten atraídos en cierta medida por opiniones sólidas, argumentos y noticias sensacionalistas o negativas. Pero muchos otros de los perfiles de lector, especialmente los jóvenes y las mujeres, se desaniman por las historias negativas y buscan esperanza y soluciones a los problemas complejos que enfrentamos. Las empresas de medios deben ser más audaces y llegar a esta nueva generación que busca algo más constructivo, menos divisivo», dice el investigador.

Continúa Eduardo Suárez, del Reuters Institute: «Algunos medios españoles sí están haciendo un esfuerzo por romper ese círculo vicioso. Lo estamos viendo por ejemplo en algunas aperturas dominicales de ‘El País’, explicativas y centradas en asuntos que no están en el debate político más crispado. Es importante también fijarse en las páginas más vistas, que no siempre son noticias negativas sino enlaces a piezas útiles, como el buscador de gasolineras baratas que suele estar entre lo más visto de ‘El Diario’. En El Confidencial habéis demostrado a menudo que reportajes originales o entrevistas con personajes atractivos pueden generar más atención que la última polémica del día. Es importante que los periodistas salgamos de nuestras propias burbujas y recordemos hasta qué punto las noticias son un fenómeno marginal en las vidas de la mayoría de nuestros conciudadanos. En Twitter leemos discutiendo acaloradamente a una porción muy pequeña de las élites a izquierda y derecha. Pero la mayoría de los españoles tiene una relación mucho más liviana y circunstancial con la información. Esa brecha entre unas élites gritonas y una mayoría silenciosa bastante indiferente es la que deberíamos aspirar a cruzar para llegar a un segmento más grande de la población».

Hacia una prensa diferente

Ni siquiera los periodistas se salvan de la saturación informativa. Hace un par de semanas, la periodista Amanda Ripley, de ‘The Washington Post’, se sinceró en el periódico reconociendo que está sobrepasada por el volumen de información diaria. «La prensa se ha vuelto digital, pero los seres humanos seguimos siendo analógicos», explica. «Si tienes un restaurante, lo lógico es que le des agua a la gente, porque entiendes cómo funciona la biología humana. Esto no está sucediendo con el periodismo y es raro que le cueste tanto entenderlo. La gente necesita tener un sentido de posibilidad», escribe la periodista. «En muchos sentidos, las noticias digitales han dado lugar a un exceso de oferta tanto de noticias de última hora como de opinión, y esto ha dado lugar a lectores que se sienten sobrecargados», dice Newman. «Esto fue especialmente frecuente hace algunos años, cuando el modelo de anuncios conducía al sensacionalismo y a una carrera por llegar a los bajos instintos del lector, pero el cambio a métricas basadas en suscripciones y a la participación está generando más distinción y un mayor enfoque en las necesidades de usuarios específicos. Es irregular, pero definitivamente es un movimiento en la dirección correcta».

"La prensa se ha vuelto digital, pero los seres humanos seguimos siendo analógicos"

«El cambio hacia modelos de suscripción se ha demorado más en España que en otros países, en parte por la tentación de seguir explotando el volumen del tráfico de Latinoamérica y en parte por la cobardía de los gestores, que no siguieron los pasos de los grandes medios en países como Francia, Italia, Polonia, Alemania o el Reino Unido, donde las suscripciones digitales despegaron hace varios años», continúa Eduardo Suárez. «Por otra parte, este dilema tiene que ver con la producción pero también con la distribución. No se trata necesariamente de crear menos contenido, sino de distribuirlo mejor: encontrar nichos de audiencia a quienes les interese un tipo de información: forofos del ajedrez, lectores de novelas negras, amantes de la historia militar… Algunos medios ya están explotando esas comunidades, pequeñas pero muy valiosas».

Fuente: El Confidencial.com