HOSTELERÍA ATACA: CHEQUEO AL HOTEL GALÚA

SEGUNDA PARTE

RELACIONADO: HOSTELERÍA ATACA – PRIMERA PARTE

Opinión | Social |  ¿Abusos, o algo peor? Llamas a Reservas. Hay que anticipar 250 euros, que puedes perder o en el mejor de los casos te dan un bono sine die si cancelas. Prohibido reservas para dos días, tiene que ser como mínimo, tres. O lo tomas o lo dejas. Llegas y la espera para tener habitación ronda tres largas horas.

Almuerzas, entre una multitud de unas 200 personas, niños y ancianos incluidos. Cuatro con mascarillas, no vemos medidas de seguridad, cola para el pienso, que no está mal.

Al final la luz, y la alegría, amplio habitáculo, que en seis minutos te limpian al otro día unas empleadas. La nevera con dos botellines de agua, como gesto de la casa, cuando pides que te la repongan, pues nones, tienes que comprar fuera del recinto o el en bar-chiringuito del hotel que apenas te sorprende, ni siquiera una tortilla francesa, Hamburguesas o bocadillos. Te llevas, la mercancía al quinto piso, un largo paseo de 250 pasos, que debes recorrer al menos cuatro veces al día. Chorradas, has pagado una pasta, pero lo mejor llega una mala tarde. Te sientes mal, agotado y acosado por los acontecimientos de una hostelería que desea recuperar lo perdido en la pandemia, con precios muy altos y ofertas engañosas.

Piensas irte a tu dulce hogar unos días, interrumpir las vacaciones pagadas por hijos acrisolados, y regresar al lindo hotel, a finales de agosto.

Quieto parados, porque si te vas, pierdes todas las perras que te obligaron a pagar al entrar en el Galúa, salvo que justifiques el paréntesis obligado, emocional, por ejemplo, con un certificado médico, una papela íntima que te exigen sin contemplaciones una entidad privada. Debes ir a tu doctora de cabecera, que te reciba cuando pueda y quiera certificar algo que puede ser absurdo.

Corres el riesgo de que te tomen por el pito de un sereno o un viejo gilipuertas. Un viejo cliente que tuvo que bajar y subir escaleras porque dos ascensores no funcionaban, atrancados hasta de noche cerrada, en un hotel de cuatro estrellas, en la región murciana. Já.

No se si hay remedio, si existe una conducta escasamente ética o profesional, pero siento como algo de asco de vivir en una región como la nuestra en la que los abusos se consienten, salvo que escribas y cuentes un cuento que a la autoridad competente, turística le importa un bledo.

EPÍLOGO.- Cuando tranquilo pienso que todo va bien, la dirección del HOTEL GALUA, me anuncia en un correo urgente que debo pagar 178 euros EN UN PLAZO DE 24 a pesar de que ya pagué 250 euros, en la reserva de entrada, ahora pretenden que siga pagando por segunda vez por una reserva inexistente. Tal como lo cuento, indigna un abuso de tal calibre, y amenazando. Más el invento del certificado médico.

ÚLTIMA  HORA: MARTES:

Siguen los problemas con el único ascensor que sube a los clientes a los dos últimos pisos, las  plantas cinco y seis, que deben hacer «trasbordos» hasta la cuarta, tanto para subir como descender, maletas incluidas, más  niños y suegra, y ancianos. Trece del mediodía. Hay cabreo. Has pagado anticipadamente y no puedes huir, pierdes todo, por ahora.

CANO VERA