HAY QUE REBELARSE – Cano Vera

LA MANGA

José Juan Cano Vera | Crónica Amarilla | Si algún día me da la vena de suicidarme no lo haré en un cuartucho de un hospital cualquiera, ni siquiera en mi hogar, sino mirando al mar, en ese lugar maravilloso a la orilla del Mar Menor, justo en el kilómetro entre Isla Grosa y el puerto del aquel ogro que destruyó La Manga, como hoy. Tiene que ser cuando se pone el sol allá por el horizonte de Los Alcázares ocho y media de la tarde de lujuria, donde fui amado con ternura, explosión de caricias que ya es un recuerdo, ese «king out» de solo una vez. Amén.

Ahora, ayer domingo, de multitudes de españoles fondones y españolas tristes, que en los hoteles se desayunan como legiones de hormigas, que pagan a precio de oro, como si nunca hubieran comido desde el franquismo opresor a la democracia que mata nuestras libertades, es un mal día porque el turismo no es una fiesta sino una pagamenta, otra que sacude nuestros bolsillos, impuestos indirectos para recuperar los veranos de la pandemia, la comida diaria que cuesta un riñón, la gasolina o el gasoil o el gas de Putin, muerto de risa allá en Moscú donde los pobres republicanos llevaron el oro del pueblo llano y los sanchistas compran en euros y los rusos se arman hasta los dientes para una guerra económica brutal cuando la sequía nos hiela y los cubitos de hielo desaparecen, a la espera de subir una pasta. Hasta las luces se apagarán en unos días y mañana nos obligaran al racionamiento como en la década de los cuarenta del pasado siglo, como si los fantasmas del Auxilio Social, azul falangista nos tocaran los estómagos. Y no ha llegado el otoño, cuando no solo caerán las hojas de los árboles, sino el pelo de la dehesa de una nación que se ha hecho populista y el feminismo real lo han convertido en instrumento político para engañar en las urnas.

Nadie se rebela, no se sabe si por falta de energías o porque la desinformación de los medios de comunicación, las televisiones especialmente, nos han destruido las neuronas que patinan o porque quitarse la corbata es suficiente como señal de protesta. Hace dos años y medio, recluidos en nuestros hogares, aplaudíamos, cuando se sabe que en las cárceles la gente se pudre, enloquece o sencillamente esperan a ser liberados.

Decía KAFKA que un pueblo que no se rebela contra la tiranía social, es un pueblo que huye. No conocía a nuestro país porque nosotros venimos huyendo desde siglos, no solo por los dogmas religiosos sino porque la cultura es un desierto, un privilegio de minorías o ese neopopulismo que es una riada desde la proclamación de la PEPA que mantuvo la corona, de espinas.

ÚLTIMA HORA.- NIÑOS ENFERMOS DEL ALMA: Los menores con problemas de SALUD MENTAL desbordan, desde hace meses, las Unidades Psiquiátricas de los hospitales españoles.

HAMLET.- La cuestión es para P. Sánchez quitarse o no la corbata. Hace un montón de años, era el sombrero de las clases medias y trabajadora.

Imagen Portada, Autor: RicGaba