MARCHA VERDE, MARCHA NEGRA, MARCHA ROJA, MELILLA, CEUTA – Cano Vera

ANÁLISIS. JOSÉ JUAN CANO VERA | Esta crónica que escribo a quinientos kilómetros de la matanza de Melilla, sería la misma que si estuviera en la misma frontera con Marruecos, en Beni Enzar, Cabrerizas, Nador o Seganga. Las marchas contra nuestro país, la verde del Sáhara, la negra de estos últimos meses y la roja de sangre vertida en la madrugada del viernes, no van parar, será un arco iris de horror e impotencia en la que no hay manos inocentes. España está sentenciada a tener un drama de siglos, lo explica casi perfectamente LORENZO SILVA en su libro sobre el Rif

al que viajó hace veinte años cuando el ex protectorado español había sido abandonado por las autoridades del Gobierno, socialista y del PP, y la marcha verde fue la punta del iceberg de lo que nos venía encima. Ahora unos veinte mil africanos de todos los colores, caminando en un éxodo trágico a todo lo largo de Marruecos, preparan sus asaltos, bien organizados, financiados y estimulados por los distintos grupos terroristas, mafias y servicios secretos.

En el vídeo que acabo de recibir hay detalles alarmantes que destacan que el noventa por ciento de los inmigrantes no son argelinos ni marroquíes, los asaltantes son negros de etnias congoleñas y del Sajeb, al sur del Sáhara donde se está librando una guerra crucial contra el terrorismo islámico y el mundo de la droga y la trata de mujeres, el negocio del sexo que también nos llega de naciones iberoamericanas.

Es evidente que los servicios secretos españoles –si el gobierno sanchista no los golpea– deben estar seleccionando esa masa agresiva que ha puesto cerco a Europa en las fronteras, en un asalto a la vista y el subterráneo que en Francia, París sobre todo, es el dueño y señor de sus barrios más peligrosos.

Pero Marruecos no es inocente. O lo permite o actúa selectivamente o no mueve un músculo. Hace tres meses pude observar en directo, en la provincia del Kert y su capital regional Nador, como acampaban miles de africanos a la espera de pegar el asalto cuasi militar a la ciudad autónoma melillense. Acampados durante meses sin que Marruecos lo impidiera, porque si han llegado hasta la frontera española, recorriendo hasta dos mil kilómetros, desde sus países de origen, no ha sido una casualidad, nadie los ha frenado ni impedido, han llegado sin problemas, salvo los humanos, y se sospecha que con ayuda económica de organizaciones políticas, extremistas o gubernamentales, como la invasión lenta de Melilla y Ceuta, donde compran miles de viviendas que abandonan los españoles huyendo de la quema o resistiendo por necesidad. El ejemplo inglés que apenas permite que españoles residan en Gibraltar para evitar un referéndum futuro, no nos ha servido para aprender.

Y una observación que amarga, en caso de guerra o conflictos armados tipo guerrilla, la OTAN que se reúne el miércoles en Madrid, NO NOS AYUDARIA militarmente hablando. No sé si Pedro Sánchez y el presidente yanqui que se reúnen a solas en jueves, estudiaran una delicada situación que nos van hundiendo en las arenas del desierto de una diplomacia fracasada desde los Pactos de Algeciras, en 1912, que nos regaló el RIF, sin que España juegue esa carta, apoyar a los independentistas herederos de Abdelkrim y Raisuni. El rey Hassan II lo intuyó y arrasó las provincias del norte de fuerte influencia hispana, afrancesó la burocracia, a parte del ejército y redujo a la pobreza a casi tres millones de amigos nuestros.

No no debemos nada a Marruecos, hemos vuelto las espaldas a Argelia y se ha traicionado al Sáhara, hoy mas desierto que nunca porque la libertad ya no es oxigeno, sino genocidio, y lo más amargo es que un llamado gobierno progresista no entiende nada, no saben que para el mundo mahometano y sus socios, el CORÁN en la Constitución única y que nuestras diferencias son eminentemente culturales, innatas, genéticas, humanas e históricas. Nuestro país con siete siglos de musulmanes, es un fracaso, como en Iberoamérica, y cuesta apuntarlo, con Franco no pasaba tan duramente, hasta fue amigo de Fidel Castro y Perón, Nasser y Mohamed V.

En la capital de raíces andaluzas se observa tensión, unidades del ejército permanecen acuarteladas este fin de semana, pero muy pocos creen en una intervención militar, al menos en el lado español, donde se contabilizan hasta 37 muertos, según fuentes de las oenegés. La experiencia cuando el desalojo de la isla Perejil por soldados de operaciones especiales, no lo aconseja, como cuenta Lorenzo Silva en su libro NADIE POR DELANTE, con algo de humor recordando la actuación del ministro de Defensa, el cartagenero Federico TRILLO, luchando contra el temporal de levante, no el jaloque murciano del Mar Menor, como cuando la Gran Armada derrotada en mares ingleses. La situación es grave, pero nos ha reconfortado Pedro Sánchez, el crucero insignia del Gobierno, afirmando que no pasa nada, que con sus medidas sociales la tormenta española es un invento, un chiste andaluz. Ya veremos.

Posiblemente nuestro país necesite otros pájaros que vuelen más alto, como en el vecino Marruecos, un pueblo que lo español interesa, una nación castigada por una monarquía férreamente policial y que en dos ocasiones trató de destronar al sultán HASSAN II, la primera en una fiesta de la corona alauita, un mes de julio hace unos cuarenta años, que terminó con un baño de sangre. Y la segunda cuando cazas marroquíes dispararon contra el avión del monarca. En las dos ocasiones salvó el pellejo, de piel tan afeminada. Se que soy malo, pero a veces canto como un profesional. Acabo de ver por videoconferencia los sucesos macabros en las faldas del monte Gurugú, nefasto recuerdo de un pasado ominoso y lo peor es que se repite la historia. Y otros días más. Y seguro que los islamistas ultras se alegraran de la sangre vertida como argumento a un golpe más temprano que tarde. Y el Sáhara quemando al sol de una política de torpes europeos y el amigo yanqui.

YEDE A PODRIDO EN EL HOSPITAL DE NADOR

A catorce kilómetros de Melilla, en la ciudad marroquí de NADOR –donde viví nueve años– el drama, la tragedia y el dolor se mezclan, se huele a sangre –nos confirma vía Skype un colega de Alhucemas–. El viejo hospital que construyó el gobierno español al final de los cuarenta, modelo en su tiempo, es hoy una morgue en la que se amontonan heridos, muertos y policías.

Desolación en una región de Marruecos, abandonada a su suerte, pero tampoco en la capital autónoma de Melilla sus habitantes cuentan de medios sanitarios suficientes para atender sucesos graves o en ocasiones extremas de salud, los pacientes son trasladados vía aérea a Málaga, Almería y Sevilla. Los militares también tienen problemas de atención en casos serios, porque el pequeño hospital de Melilla se ha hecho antiguo y con material moderno, y el hasta se atienda frecuentemente a musulmanes residentes en las kábilas próximas a territorio español, especialmente mujeres. Esta crisis brutal ha sido un drama pero también un toque de atención a los que mañana puede llegar a ser peor, se teme, claro, porque parece un disparate que el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez manifieste su apoyo moral a la mejaznia marroquí, en un régimen policial en la que se dispara y luego se pregunta, y sus cárceles son de locura.

En el criterio de algunos pensamos que no es casualidad que este espanto humano –que se puede repetir en el SÁHARA– coincida, claro, con la inmediata cumbre de la OTAN , en Madrid, una cumbre también precedida por el golpe al CNI. La paranoia ha tocado el cerebro de La Moncloa.