¿DÓNDE ESTÁ LA CAMPANA DE SAN GINÉS DE LA JARA?

¿Quién no conoce el monasterio de San Ginés de la Jara? Aunque solo sea por fuera cuando se alza majestuoso ante nuestro parabrisas camino de La Manga.

José Luis Sánchez | Opinión | Patrimonio | Un edificio vivo que hunde sus raíces en el terreno al menos desde el siglo dos de nuestra forma de contar siglos. Sobre sus raíces romanas hay noticias de posibles ampliaciones visigodas, y quién sabe (hasta que se estudie) si también árabes. A día de hoy la desmochada torre medieval, posiblemente del siglo once, es el elemento visible más antiguo.

Junto a esta se construyó la iglesia que tenía la misma altura, inaugurada en 1620 y un siglo después, sobre la ya desmochada torre se levantó un campanario de dos cuerpos; uno cuadrado y el otro octogonal que alojaba al menos una campana, hay quien dice dos; una más grande que la otra.

De la pequeña se dice que está en la iglesia de San Nicolás de Bari en El Estrecho, aunque en el templo sus responsables niegan que esa pequeña campana sea la del Monasterio.

Lo cierto es que, desde hace años el campanario está vacío, no hay campana que alegre los campos del Rincón de San Ginés desde aquel 25 de agosto de 1987 en que en honor a los romeros que visitaban la casa del patrón de Cartagena se tañó por última vez. ¿Qué fue lo que le pasó a la campana?

Buscándola, alguien me contó como un buen día, un “señor” con espíritu emprendedor y un camión grúa de su propiedad decidió que aquel buen trozo de bronce luciría mejor en forma de billetes en su bolsillo tras el paso por el chatarrero de aquella inútil campana “abandonada” en un monasterio abandonado. Y ni corto ni perezoso, nuestro hombre consiguió desenganchar la campana y con la ayuda mecánica del brazo de su grúa bajarla para posarla en la plataforma de su camión.

Muy felices se las veía nuestro “avispado amigo” cuando ya terminando de atar y asegurar su botín apareció en escena otro “señor”. Este se presentó como el dueño del edificio y por tanto, de todo lo que en él había. Cosa que el descolgador de campanas comprendió rápidamente, por lo que no tuvo problemas en elegir ante la disyuntiva que el amo del bronce le planteaba: o se llama a la Guardia Civil y se lo explica o la campana se descarga en un chalet que tengo en La Manga.

Ni que decir tiene que la campana acabó a los pies de una palmera en un jardín de un chalet en La Manga. Pero… ¿Sería posible localizarla?

Todo apuntaba que el chalet en cuestión estaba pasado el Monte Blanco y en primera fila de playa a orillas del Mar Menor. Como así fue

La asociación de defensa del patrimonio DAPHNE rastreó el paradero de la campana hasta que al final la encontró humillada a ras de suelo, muy lejos de las alturas en las que las campanas toman vida, como adorno de un jardín.

Rápidamente se puso en conocimiento de la autoridad competente en cuestión de Patrimonio del Ayuntamiento y volando casi, esta lo comunicó al SEPRONA quienes sin perder tiempo se personaron en la dirección que DAPHNE le diera al Ayuntamiento. ¡La campana había aparecido!

A día de hoy, la campana se encuentra, desgraciadamente, a ras de suelo, muy lejos de las alturas en las que las campanas toman vida, muda e inmóvil como adorno de aquel jardín.

Ignoro cuál fue el motivo por el que no se pudo sacar la campana de su inútil retiro. Si realmente el dueño tiene todos los derechos a tenerla, si no hay manera de certificar que es nuestra campana. O vaya usted a saber que otros motivos pueden avalar la situación de expolio en la que se encuentra la “voz” del único monasterio medieval de esta comunidad autónoma.

Mientras se resuelve, o no, este sinsentido: Salud y Felicidad desde Cartagena de Levante.