¿DÓNDE ESTÁN LAS PUERTAS DE SAN JOSÉ?

José Luis Sánchez | Opinión | Cartagena | Este titular no es mío, sino de Joaquín Roca Dorda, publicado en El Noticiero de Cartagena del 22 de enero de 1971.

Comenzaba su artículo don Joaquín con estas palabras: “Según un adagio militar, anterior desde luego a aquellas palabras tan sabrosas referentes a los murcianos y otra gente de mal vivir, las ciudades tienen murallas para defenderlas y puertas para rendirlas”.

En tres de las cuatro ocasiones que la ciudad de Cartagena estuvo sitiada en el siglo XIX, se abrieron sus tres puertas para rendir la plaza. No lo consiguieron los franceses durante la Guerra de Independencia. Tuvieron que esperar unos años hasta que, con la venida de los 100.000 hijos de San Luis para ayudar al Rey Felón (Fernandico VII) a recuperar el poder absolutista, tras meses de asedio Torrijos, el último general liberal que ofrecía resistencia en España, rindió los muros cartagineses a los franceses, no a los absolutistas.

Nuevamente se abrieron las puertas de Cartagena para rendirse en 1844, esta vez a las fuerzas antiprogresistas del conservador Narváez, “el otro cantón” apunta don Joaquín. Y ya en 1874, lo del Cantón.

En 1891 se demolieron las Puertas del muelle, las de Madrid lo hicieron en 1902 y 14 años después, le tocó el turno a las de San José. También se desmonto en tramos la muralla de Carlos III y se desmochó en otros para enterrarla. Quizá la muralla que tantos dolores de cabeza dieran a los políticos del siglo XIX había demostrado su efectividad con creces y lo mejor fuese borrarla del mapa para que no volviese a dar más problemas.

Al parecer, las puertas de San José se desmontaron y numerando sus sillares se guardaron en el Almacén municipal, sitio donde nuestro paisano don Joaquín no consiguió verlas.

Desconozco si existe un inventario de lo depositado en el Almacén y, de haberlo no debe ser muy preciso cuando durante décadas alojó el busto de Jiménez de la Espada castigado a la sombra por parecerse a Pablo Iglesias, fundador del PSOE.

La pregunta es: ¿Ha visto algún cartagenes las puertas de San José y nos lo puede contar?

La respuesta es; quizás.

La última noticia que tenemos de las Puertas data de 1920 y, en ella nos da un dato importante: el color de las piedras. Dato fundamental para identificar las puertas, en caso de encontrarlas. Hay noticia de que para construir el pedestal de la estatua de Colón que hay en La Muralla salieron del Depósito unos cuantos sillares, luego el color es blanco.

Y precisamente Colón, si realmente apuntara a las Américas y no a África, nos diría dónde están, o puede que estén, las piezas perdidas del puzle de las puertas de San José.

Llegado a este punto he de decir que puede que sean las puertas de San José o puede que no a las que se refiere la historia que voy a contar, pero que a falta de pistas sobre su paradero, ahí va una.

Hace más de 40 años aparecieron por Tentegorra unos camiones que se dijo, venían del Depósito municipal. Uno descargó donde hoy está el parking que conduce al monte Roldán. De aquel camión se descargaron varios paneles de madera dorados pertenecientes al retablo de una iglesia y de los que otro día hablaré.

El otro camión se descargó debajo de las ramas de un frondoso “garrofero” junto a la Avenida del Portus. Se trataba de varios sillares labrados, de buena factura y de caliza blanca. Era un conjunto de numerosas dovelas, que bien pudieran formar dos arcos de piedra de medio punto y en medio de ellas un escudo de piedra de más de metro y medio de lado, tallado en dos piedras.

Transcurrió el tiempo y el propietario del terreno donde descansaban las piedras decidió darles uso y, de la noche a la mañana alineó los sillares a los pies de la “pedriza” que marcaba el linde de su propiedad con la carretera que ya entonces era estrecha. Se terminó de rellenar el espacio entre sillares y pedriza con piedras caleñas y una vez enlucido, el muro se coronó con una valla para abrir un paseo paralelo a la carretera, pero, en una propiedad privada.

Lustros, la ya de principio estrecha carretera a la que los sillares comieron medio metro, estuvo en servicio, hasta que el Excmo. Ayuntamiento se decidió a expropiar un trozo de terreno a la parcela de enfrente de nuestro ilustre muro y así, dar la anchura necesaria a la carretera para circular con seguridad.

Puede que sean las puertas de San José, o puede que no, pero lo cierto es que bajo el enlucido de ese muro hay un pedazo de Historia. Una historia más hermosa y más importante que la que el destino le ha concedido a esas nobles piedras caídas en malas manos.

Mientras algún técnico municipal se acerca cincel en mano para picar y encontrar muchos sillares de caliza blanca bajo un muro de vergüenza, Salud y Felicidad desde Cartagena de Levante.