«Madera Quemada»

Por Ye Una Praviana

Cultura | Libro abierto | La última novela de la escritora británica Sarah Hall (Carlisle, 1974) nos habla de vulnerabilidad y de resiliencia, de la rapidez con la que la vida puede girar, darse la vuelta y obligarnos a una adaptación forzosa, de la prodigiosa capacidad del ser humano para resistir y salir fortalecido de los más duros embates.

La técnica ancestral de la madera quemada tiene su origen en Japón. Siguiendo el principio de “destruir para crear”, el shou sugi ban consiste en carbonizar las capas superficiales de la madera y así, preservarla. Lo que, en principio, parece una agresión a la materia, consigue embellecerla, aportarle protección aumentando su resistencia, retardando su destrucción. Resulta una metáfora de lo que nos sucede a los humanos.

La protagonista de esta novela, Edith Harkness, es una escultora especializada en esta técnica artística. Y una superviviente. Centrada en su trabajo, transgresora y solitaria, a lo largo de su vida ella también ha aprendido a aplicar procedimientos para seguir adelante, para resistir y no quebrarse.

Madera quemada no se separa en capítulos ni sigue un estricto orden cronológico. Adopta la estructura de un íntimo cuaderno de notas en el que Edith va adelante y atrás, desde su niñez hasta la plena actualidad, combinando realismo con pasajes que parecen delirio onírico o febril, para relatarnos momentos claves de su biografía.

En las páginas iniciales ya nos hace saber que tiene 59 años y que sigue convaleciente, arrastrando las secuelas de una enfermedad producida por contagio durante una epidemia masiva y terrible, provocada por un virus llamado nova, que puede resultar letal. Confinamiento, aislamiento, terror pandémico, muerte y enfermedad, aparecen en el relato para dejar constancia de los sentimientos y nuevos temores que hemos visto nacer dentro de nosotros mismos hace un par de años, cuando se multiplicó la incertidumbre y comprendimos la fragilidad del suelo, en apariencia firme, que pisábamos.

Tengo un dolor profundo y el corazón muy débil. Se está recomponiendo dentro de mí”. Además de secuelas en su salud física, Edith también arrastra ausencias desgarradoras, especialmente el vacío que ha dejado en su vida la ausencia de un tú al que vuelve constantemente en su íntimo relato, la ausencia de Halit, con el que recorrió “el mapa húmedo de la intimidad y el abandono”.

En la novela, publicada en España por Alianza, sorprende el lirismo asociado a la dualidad de la carne, a la capacidad para significar vida y muerte, amor y dolor: “En todo momento el cuerpo no es más que su estado: renovación y decadencia de la carne; sus caminos neutros”. La piel como textura, los cuerpos como fuente de placer, para recrear situaciones colmadas de erotismo en las que Sarah Hall despliega un arsenal de simbología y elegante belleza que conmueve al lector.

Traducida por Catalina Martínez Muñoz, Madera quemada es la sexta novela de Sarah Hall, que ha cosechado importantes y numerosos premios literarios a lo largo de su trayectoria literaria. Además de poesía y cuentos, ha escrito novelas tan celebradas como El Miguel Ángel eléctrico (2004), El ejército de Carhullan (2007) o Cómo pintar un hombre muerto (2009), en las que, con frecuencia, habla de creación artística y elige como protagonistas a creadores de diferentes disciplinas.

Su forma de escribir resulta muy plástica y sensorial, llena de matices de color, volumen, densidad o textura, (“había belleza en sus movimientos. La veta asomaba debajo de la capa carbonizada, en líneas y nudos oscuros, con formas tan sugerentes que llegaban a contar historias”. “Tenía la sensación de que el aire era demasiado fino para sostenerme en pie”) que aportan al texto tal belleza lírica y exquisitez narrativa que sus páginas se convierten en auténticas obras de arte realizadas en tinta y papel.