ECHARSE AL MONTE – Juan Sánchez

Juan Sánchez | Opinión | Social | Nos echamos al monte. Da igual el monte, sierra negada o veiga con o sin trasgu. Lo mismo da un remoto y secreto rincón del Parque Natural de Somiedo, sin miedo; por sendas osunas, oscuras, ignotas, con azulados aullidos cercanos del hermano lobo –para el profano− , que merodea en dolorosa libertad por las cumbreras sin pelo y brañas milenarias y –en las noches más lúcidas–, asoma el morro a nuestro petrificado ‘teito’ y nos coagula la sangre con gruñidos de lucero. Celoso, huye del hombre en pos de su amada, y en la sombra del silencio corteja a esa pálida luna, solitaria, desde la apremiante supervivencia por la ciega estupidez del bípedo predador que lo acosa, acorrala y masacra –AUUUU−.

O bajo el puente románico del valle del Bujaruelo, donde remansan su estrés enormes truchas reales, que miran al intruso con desconfianza pero se dejan acariciar de las raras pero buenas entrañas. O en los refrescantes gorgoteos de la cascada del estrecho, bajo la mirada atenta de algún lirón careto, aquel de los visionarios cuentos reales de Rodríguez de la Fuente. O bajo la sombra erecta del mayestático horcados rojos, dando corvos zancajos para aprovisionarnos de buena charla y mejor compañía en cabaña Verónica.

Nos echamos al monte en la isla de las perdigonadas literarias, o en el refugio de las penas’ blancas. Donde la noche de cristal, rota, bordea el precipicio que se avecina sobre esta raza de mala baba. Y los arácnidos de las patas largas, inofensivas, juegan al insomnio con el horror olvidado en la mochila de lo siniestro: el séptimo infierno que nos desdice y nos señala en aquellos pedacitos inconfesables que aporrean la destartalada puerta, hasta el alba. Astros fugaces caen sobre la conciencia y los susurros sin forma rezongan, crepitan y rebañan el ser sin nombre que nos habita, desde aquella cavernaria oscuridad que se resiste a ser iluminada.

No echamos al monte, por cada acto de egolatría que define a esta raza. En todo alarde de cobardía que bendice la cómoda-maldita ignorancia. La indolencia manifiesta de una especie desnaturalizada, alienada, adulterada, llena de pústulas, costras y máscaras para justificar la decadencia con trampa. El juego se acaba, los caminantes se paran. El arco de la victoria se desmorona dentro de la patraña, extraña hora, entrañas sin memoria ni sustancia. Lo cierto es que la realidad no encaja por la evidencia de excesos. La verdad es que no existe la realidad ni la certeza. Y los caminos se difuminan con lapiceros de cartón petrificado. El tablero está dispuesto, la jugada mil veces repensada. Las variantes prohibidas, legisladas, criminalizadas.

Un hombre que no mira hacia las estrellas, ya no es un hombre. Un mundo que se humilla en la evasión (Huida), no tiene ningún mañana. Nos quieren convencidos, dóciles, sumisos, controlables, controlados, dirigidos, esclavos. Un mundo de Ilotas, idiotas, engreídos que creen controlar sus vidas. Porque no hay mejor prisión que aquella que elegimos ‘voluntariamente’. Libertad para elegir la forma de esclavitud. Podemos votar el método para desaparecer, nada más. Las estrellas ya no brillan para la especie humana; se alejan y se alejan… decepcionadas. Un número ‘primo’, eso nos define. Y un tatuaje de hielo en la mente. Marcados por un hechizo de indiferencia, ganado al peso, corte y trasquilón, sumario sumarísimo para la enésima extinción…

“NOS ECHAMOS AL MONTE…” –  (Juan Sánchez, 10/2021)

GALERÍA DE IMÁGENES:

Braña de Sousas, Parque Natural de Somiedo. Asturias.
Puente Románico, Valle del Bujaruelo, Parque nacional de Ordesa y Monte Perdido. Huesca. Aragón.
Cascada del Estrecho. Parque nacional de Ordesa y Monte Perdido. Huesca. Aragón.
Refugio de Alta Montaña, Cabaña Verónica. Parque Nacional de Picos de Europa. Cantabria.
Isla La Perdiguera, en El Mar Menor, Mínimo!
Peñas Blancas, Refugio, El Cañar, Cartagena