CASTILLO DE SAN JULIAN, OTRA FRUTA MADURA DE LA MAFIA QUE ACTÚA EN CARTAGENA 

Juan Eladio Palmis | Opinión | Cartagena | El Castillo de San Julián que comenzó a amontonar sus piedras, que ya estaban en ruinas, por manos de los ingleses en el año de 1.706, cuando a comienzo de la centuria el Santísimo Imperio Romano Germánico nos bendijo, después de una guerra del pueblo español de mucho más de doce años (solo del pueblo, la mal llamada nobleza y el clero estaban de parte de Francia) que asoló a España porque la gente no quería que entraran a gobernarnos la eficaz y eficiente dinastía impuesta de los Borbones franceses, tiene, el citado castillo, una historia de amichis y misterios al mejor estilo cartagenero.

Cuando los ingleses, en un pis pas, tomaron la ciudad de Cartagena ayudando al pueblo español, que si me dieran a elegir ahora entre los ingleses y el gobierno del Lorzas y su tripulación, elegiría siempre a los ingleses, como la ciudad no resultó del agrado de las tropas inglesas por la carencia de agua dulce potable,  estuvieron poco tiempo por aquí; Y, aún así, entendieron que sería muy bueno fortificar la entrada a la bahía cartagenera, y, en concreto en San Julián construyeron una defensa circular en lo alto del monte, aprovechando los piedras que había de ruinas del estilo cartagenero, anteriores.

Después, una empresa nacida con el dinero de todos los españoles, Telefónica, en tiempos de la dictadura militarista antimonárquica de Primo de Rivera, que no era partidario de que Madrid se convirtiera en la capital del naciente cine porno europeo, en dos “chupeteos”, el primero orquestado en tiempos de Felipe González, en 1.995, y el otro gran “chupeteo” y sopa, en el año de 1.999, gobernando el otro gran estadista José María Aznar, la que ahora es la quinta empresa mundial en el ramo de telecomunicaciones especulativas y poca o nula investigación, se la regalaron a sus amichis los citados ambos políticos a los que había que erigir juntos en un enorme monumento costeado por sufragio universal popular español.

Más después (no he podido encontrar la publicación de la subasta pública y el pliego de condiciones y motivos para la venta y compra del citado castillo), en 1.995, cuando ya estaba lleno de antenas (al parecer de servicios públicos y de la propia compañía Telefónica) alterando el entorno del castillo, pasa a propiedad de la empresa citada Telefónica, que gracias a nuestros ínclitos políticos, porque no era rentable la Telefónica, se la regalaron a sus amichis al parecer, y según en su momento, para que nos hicieran el favor de “quitarnos de encima un muerto”, primero de la empresa de telecomunicaciones en cuestión, y después del castillo de San Julián.

El castillo, con una fisonomía exterior que recuerda a un “higo de pala chuchurrío y podrido” del que solamente se le divisan las antenas metálicas a modo de pinchas, aún con el citado aspecto y ruina interior, fue declarado Bien Protegido, sin que sepamos el dinero en subvenciones que para su protección y cuidado se ha llevado, o no, la propiedad actual. Que tampoco he podido localizar con exactitud el dinero que pagó por él y a qué ente de la administración pública española se lo pagó.

El citado castillo de San Julián, incluido en la denominada Lista Roja de bienes inmuebles, nada que ver con la lista de los sueldos de nuestros amados políticos actuales cartageneros; donde, al parecer, hay un arreón popular ciudadano de ser considerados y clasificados nuestros eficientes y amados políticos como bienes a conservar con categoría de monumentos con dos patas.

Salud y Felicidad sin covid. Juan Eladio Palmis.

Imagen: Castillo de San Julián, vista aérea, archivo Aforca.