LA ARMADA ESPAÑOLA, UN MILITARISMO INTRUSO, QUE NO CESA – Juan E. Palmis

Juan Eladio Palmis | Opinión | Desde el Ejército del Aire Español, está vigente desde siempre un respeto y consideración hacia los aviadores civiles; y, en momento alguno, como profesionales que son de lo suyo, han querido anular o fagocitarse a los aviadores comerciales.

Dicen (según, las malas lenguas) que un almirante no es más que un guardiamarina viejo con algunos cursos de contraincendios en su haber; pero nada más. Ahora bien, desde el siglo XV en adelante, la nomenclatura guerrera: capitán, comandante, emir del mar, almirante; hacer desaparecer las categorías marineras civiles de Arraez, Maestre, y demás, al tiempo que al mejor estilo eclesial, intentar adaptar la historia; los hechos acaecidos, en páginas en las que quieren, y han logrado, que para la gente de la tierra adentro y las ribereñas, parezca que la Armada Española ha sido y lo es la reina de los mares, y que la Marina Civil, la Marina Mercante, ha sido un puñado de galeotes indocumentados que navegan o llevan los buques al “palpón”.

Ni qué decir, que una a una, todas las grandes gestas marineras que se han realizado desde que se inventó la carabela, la nave manca por excelencia; el “seiscientos de los mares”, siempre gobernadas y pilotadas por excelentes marinos civiles, han sido, y siguen con insistencia en ello, acaparadas por una inexistente protección de una Armada Española: un gremio laboral de apellidos en monopolio, que su realidad marinera ha sido que cuando los marinos ingleses, han querido descargar adrenalina, se han hecho a la mar y un par de buques han armado la marimorena.

Esta introducción viene a cuento y cuenta, porque en Cartagena, un grupo de cartageneros vinculados con el mar, sus ciencias y sus artes, solicitamos a la Consejería de Educación de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, a su Dirección General de Universidades e Investigación, nada de cañonazos, ni sotaventos adversos, la Constitución de la Academia Cartagenera del Mar, las Ciencias y las Artes; nada que ver, por tanto, con temas militares ni cañones reventados.

Y desde el 22 de mayo del 2.017, estamos esperando noticias al de la Comunidad al respecto para nuestro caminar civil, en pos de un arte y una ciencia, que no tiene por qué oler a pólvora, y sí  dejar para las generaciones futuras la realidad que unos Pinzón, un Magallanes, un Díaz de Solís, un Niño, un Jerónimo Gálvez, y tantos y tantos navegantes, ni pertenecieron a ninguna Armada, y, a mucho orgullo fueron maestres de naos y pilotos de examen; y nuestra intención básica estará centrada en las Ciencias y las Artes de la Mar, y, en Cartagena, en concreto, en la construcción naval de unidades mercantes.

Como antiguo marino mercante; como historiador especializado en el Revisionismo Histórico, no puedo ni debo aceptar que se siga insistiendo que en la denominada Carrera de Indias navegaron naves del tipo de las Galeras, o que aquellos capitanes generales o almirantes, que solamente ocuparon tales cargos en las flotas en razón del apellido y la categoría social mal denominada como gente noble, pero que nada sabían de la mar, no pasaron de ser unos agregados a las tripulaciones que siempre se llevaron las mejores tajadas económicas, aprovechándose del sacrificio de los demás.

La Real Academia del Mar, que está aprobada en el pasado año del 2.009, que inició sus trámites en 2.005, tendrá mucho que ver con la guerra en la mar; pero nada que ver con los motivos que nos guían a nosotros relativo a las Ciencias y las Artes de la Mar.

Salud y felicidad sin covid. Juan Eladio Palmis

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