«Almas rotas. Pero no son sus hijos» – María José Hdez.

María José Hernández H. | Relato | Social | La niña, cuando caían las bombas; o venían los hombres malos, con cascos o sin ellos, con barbas o sin ellas, con cruces o sin cruces; o cuando llegaba la noche, se iba a su “rincón de sueños dorados”, así lo llamaba ella. Una pequeña oquedad en las ruinas de un edificio alcanzado por una de aquellas bombas “aliadas”, decían…

Entonces sacaba de una doblez de su vestido harapiento un papelito mil y mil veces doblado y desdoblado, humedecido por sus lágrimas.
Aprovechaba la plateada luz de la luna llena o el resplandor de una bomba para releer infinítamente esas palabras mágicas que tanto la reconfortaban y tanto la ayudaban a respirar y en definitiva a sobrevivir.

Paseando por un bosque, quizá en sueños, escuché unas voces quedas, enigmáticas y profundas. Parecían salidas de un mundo lejano, vaporoso, irreal. El día se adornaba de un cielo gris perlado y las nubes tenían destellos y toques de luz que hacían mágica la atmósfera. Las hojas de los árboles se dejaban acariciar por la dulzura de un viento suave pero tenaz. Un sinfín de aromas y cantos misteriosos emanaban de esa extraña foresta.

De repente, un extraño murmullo, quejumbroso, desesperadamente triste reverberaba por todo el bosque.

– No puedo unir ni ajustar los pedacitos maltrechos y malheridos de mi alma rota, para que vuelva a latir en mi ser y me devuelva mi alegria y mis ganas de vivir. Para que me quite este horror vivido que me inunda de dolor y desesperación.

Una y otra vez escuchaba ese hilo de llanto atormentado y triste, muy triste.

– Pégalas sin importar coincidir lados y aristas, le contestaba una voz dulce. Pégalas con sus imperfecciones y sin necesidad de encajes perfectos. Como si fuese un caleidoscopio, tu caleidoscopio. Cada pedacito será como un cristal de distintos colores y tu luz interior hará que brillen en mil colores, formas y sonidos que te ayudaràn a encontrar valor y coraje. Cuantos más pedacitos surjan, más colores tendrás en tu alma y más fuerza te darán.

La niña sintió un calor inefable por todo su cuerpo. Secó sus lágrimas y se sintió de nuevo renacer. Dobló con cuidado su tesoro y salío al campamento, manteniéndose distante y alerta. Percibía las nuevas ausencias, los nuevos muertos o desaparecidos, los nuevos estragos. Ya estaba acostumbrada. Ahora solo sentía ese calor de su alma repuesta. Su caleidoscopio era lo único que la sostenía viva frente a la barbarie.

Estas guerras, provocadas con mucho tiempo y tiento. Estas que cuentan con la aquiescencia de todo mandatario y de todo los buenos escritos y Declaración de Derechos Humanos de la civilizada Europa. Estas donde los buenos se retiran y dejan al pueblo a merced de animales con tan poco escrúpulo como los retirados.
Pero no son sus niños, no son sus niñas, no. Los suyos están en sus buenas casas, sus buenos colegios y todo lo que venga de su buen sueldo y su inexistente conciencia. La vida es así ¿verdad?, pensarán, si acaso…

Y aquí, en la caritativa Europa, acogiendo a los refugiados de esas guerras (al menos sirve para algo). La Unión Europea no puede hacer más. Con todas sus instituciones, Consejo Europeo, Parlamento Europeo, Tribunal de Justicia Europeo, Comisión Europea…No puede hacer más. Qué invento tan magnifico y esperanzador fue. Pero no son sus hijos, no.

Hay pueblos que ni siquiera pueden salir ni migrar. Hay franjas que están siendo constantemente bombardeadas sin tener apenas difusión mediática. Lo hacen por la noche, como hienas. Hay soldados que van casa por casa aleatoriamente para sacar a los niños y niñas de las camas e intimidarles, un día sí, un día no. La caritativa Unión Europea lo sabe desde hace mucho tiempo. Pero no son sus hijos,no.

Nos debería dar igual el signo de cada uno, las creencias de cada uno. Es otra forma que tiene la élite de dividirnos entre nosotros. Todo este horror, tiene que estar por encima de partidos políticos, todos insertados en este engranaje mundial, en estos genocidios humanos de seres inocentes.
Qué gozo tan orgásmico para los de arriba y su Nuevo Orden Mundial. Todos divididos y sin ninguna resistencia real.

  • María José Hernández H.