UN CANTO A LA VIDA

María José Hernández H. | Opinión | Social | Esto es un canto a la vida, a la esperanza, a un mundo mejor, a que todo pasará y las vibraciones serán más puras y audibles y los silencios más sonoros y embebidos de color.

Los blancos, los carmines y los verdes esmeralda se abrazarán apasionados para dar grises mágicos y melancólicos. Los amarillos y los azules ultramar jugarán entre ellos para regalarnos verdes oscuros y claros; brillantes y mates. Los azules cobalto, los blancos y de nuevo, los coquetos carmines, se amarán para regalarnos todo tipo de malvas.

Toda una sinfonía de colores vibrantes y fascinantes que satisfacen y colman el mundo, nuestras vidas, nuestras almas y esos cielos y nubes tan seductores y embriagadores “atrapados” por los pinceles de aquel extraordinario pintor, Boudin.

Porque la vida merece la pena ser vivida, sin miedo, minuto a minuto y sin importar cuánto, a pesar de ellos, de sus nuevos órdenes mundiales y sus miserías inmundas.

Porque no hay nada más bonito que la relación humana, la de verdad, aquello que quieren destrozar y aniquilar.

Porque la vida nos ofrece una sinfonía de perfumes. Perfumes siniestros como aquellos del gran poeta Verlaine o “simplemente” perfumes, penetrantes, embriagadores, evocadores…

Porque existen multitud de acordes musicales, transportados por vientos ululantes, susurrantes y en algunos casos seductores, con ecos quizá de algún secreto recuerdo escondido o de un mensaje desesperado.

Porque existen silencios llenos, pletóricos, magnéticos, sonoros, quedos, dolientes, enigmáticos, provocadores, insinuantes, desesperados, que cimbrean el alma.

Porque sí, señor Cummings, “la tierra se ríe en flores”, y sus colores, formas y fragancias nos elevan el alma y nos transportan a vuelos y viajes insospechados y quizá prohibidos.

Y también, ¿por qué no?, señora Rosalía de Castro, porque “cruzan por los aires silenciosos, átomos que se besan al pasar…”

Por todo esto, por mucho más y por todo aquello que se expresa mejor sin palabras, aquí dejo mi canto a la vida, pese a todo. Y sobre todo, por aquellos a quienes se les truncó de golpe esta oportunidad de vivirla o seguir viviéndola. Y por los que no encuentran salida para ello.

Les deseo, queridas y queridos lectores, un feliz verano, descansado y amnésico del mundo, pero del mundo apestado y ruin, no de este al que canto; este por el que merece la pena luchar, y hacerlo necesaria y convenientemente unidos. Como los árboles, separados y tímidos quizá en sus copas, pero solidarios y fuertemente abrazados entre sí por sus raíces.

María José Hernández H.