EDITORIAL: OLIMPIADA SIN APLAUSOS

EDITORIAL | Las imágenes transmitidas por las televisiones y emisoras de radio, ayer viernes, de la OLIMPIADA, reflejaban perfectamente la tragedia que vive el  mundo terrestre. Nos impresionó y no nos dejamos impresionar fácilmente por los brutales acontecimientos que vivimos ocho mil millones de seres humanos, e indirectamente la naturaleza y otros seres vivos, la ausencia de aplausos de una multitud ausente. El desfile mostró así mismo  las desigualdades sociales, entre el ridículo, la soberbia y la megalomanía que nos secuestra entre un flamear de banderas agitadas monótamente que representan a un largo centenar de naciones, cuarenta y ocho en guerras calientes y sesenta y tres en un clima de frialdad absoluta. En este escenario, la crueldad, millones muriendo en las calles sin oxígeno o muriendo de hambre, en tanto otros individuos se lanzan al vacio de los cielos en sus aparatos millonarios y poderío. Impactante, y para nosotros, los españoles, irritante caídos en las desgracias de los políticos y sus socios verdugos.

El prólogo de la Olimpiada  nos pareció una exhibición de autómatas frígidos, sin alma, autómatas según la disciplina oriental, mecánica aunque hubo minutos de perfección japonesa. Nos vinos al recuerdo otras olimpiadas llenas  de calor humano, alegría y llenas de vida. Sentimos  incomodidad viendo un espectáculo sin espectadores. El virus mata, el virus chino, brasileño, surafricano, británico y español, pero quizás lo peor es que nos dejan con miedo, ese rastro que nos inmoviliza y hasta enloquece, dejando una sociedad vaciada que a medio  plazo estallará, nos han provocado tanto desde el llamado orden mundial, que cuando despertemos de la droga viro-política, haremos justicia o estaremos  aniquilados. No destilamos pesimismo, sino esperanza, que paguen los culpables.

Sin embargo la tecnología fue impecable, esa tecnología de ciencia ficción que necesitamos para otras patologías, como la que sufre la humanidad, enferma, dolorida, crónica, a la espera del sentido común en un baño de libertad.

SURESTE PRESS.-