LA DESAFECCIÓN – Juan R. Calero

HEMEROTECA

Juan Ramón Calero | No es nuevo que se hable de un cierto distanciamiento entre los dirigentes políticos y la realidad social, la opinión pública, la sociedad española. Desde que comenzó la Democracia se ha aludido al divorcio entre políticos y ciudadanos, a que  la política va  por un lado y el pueblo por otro, y a que los políticos no son capaces de comprender ni entender los problemas que aquejan a los españoles, y mucho menos de proponer soluciones aceptables, lúcidas e ilusionantes, nos amargan. En la Transición se hablaba incluso del “desencanto”. Ahora bien lo que si constituye una verdadera novedad en estos días, es ese fenómeno que se ha dado en llamar DESAFECCIÓN POLÍTICA, con cuya expresión se quiere designar una opinión generalizada de baja estima sobre los políticos, de mala valoración popular de sus actitudes y conductas, en suma, de una malquerencia de la sociedad con sus dirigentes políticos, y sus partidos, a los que ni se les aprecia y valora, y a los que no se siente vinculada. Una crisis de valores que se alarga, falla la falta de confianza y credibilidad.

En mi opinión se trata se un problema grave que debería preocupar a todos, en especial a la clase política y a las instituciones, ya ahora en pleno 2010, porque una desafección generalizada destruye la confianza social, que es la base de toda democracia avanzada, en la medida en que con nuestros votos delegamos en unas personas y en unos partidos las soluciones de los problemas de la comunidad política. Si la desafección rompe la necesaria confianza básica, la democracia se resiente, sin duda, aumentando el pesimismo, las tensiones y los conflictos, favoreciendo los movimientos anti sistema y los populismos así como las tendencias extremistas ideológicas, y el separatismo disgregador. Puede pasar.

Esta crisis es un problema grave progresivo que exige medidas, deontología, e incluso  leyes que frenen el creciente clientelismo y una corrupción que solo una catarsis sería capaz de tumbar. Se abre el debate.

MURCIA, 31 DE OCTUBRE 2010