CUANDO EL MOLINETE, EN CARTAGENA, CAMBIÓ DE LUGAR – Juan E. Palmis

Juan Eladio Palmis | Opinión | Cartagena | Antes, se iba a fornicar al Molinete de Cartagena, en aquellos píos años que la fornicación estaba reglada, y cada cual sabía las normas a respetar y cumplir. Pero, desde que una nueva jodienda en seco se ha instaurado en el ayuntamiento con los nuevos tiempos democráticos sin brillantina, las normas las ponen, según sonrisas, el sindicato de la gomina, el traje de domingo, o el tintado cabelludo,  que son los partidos políticos.

El Molinete de Cartagena, y algunas otras zonas urbanas más, han sido donde pepé y pesoe, amasados en unión antes, y ahora lo mismo, para joder, aplastar, abusar y robar a los vecinos débiles en todos los conceptos, como la horrenda y horrible jugada primera le salió, al mejor estilo murciano, al mejor estilo cartagenero, totalmente impune y todavía se huele el empacho a millones que apechugaron, quieren seguir de un modo inhumano, diferencial en toda Europa de abuso de poder, seguir jodiendo y engordando cuentas de las paradisiacas.

Si el Molinete y los demás y abundantes barrios cartageneros, recibieron subvenciones europeas mil millonarias para restaurarlos y los dos “grandes partidos” pepé y pesoe, pensaron que la mejor restauración era un demencial, ingrato y colosal chanchullo político como nunca los ojos de las gentes vieron para sus bolsillos, el hecho de que ningún político desvalijador, extorsionador, haya pagado por el robo y la villanía de la apropiación indebida de los bienes urbanos de gentes en general débil y sin posibles económicos para enfrentarse a los que decían ser su representantes y benefactores.

Y si la necesidad social de beneficio comunal que se basó una de las grandes granujadas cometidas desde un ayuntamiento, sin piedad ni misericordia alguna hacia sus vecinos, con la bendición apostólica cartagenera de la santidad de aquel momento; como tal beneficio social comunal nunca se ha dado, y los solares y las parcelas tendidas al sol ya por muchos años están en silencio denunciando una de las más grandes iniquidades cometida contra la sagrada propiedad privada, es de esperar que la repuesta vecinal actual sea diferente.

Porque si existiera un solo ápice de dignidad política en el ayuntamiento actual, el proceso debería ser, en vez de tratar por todos los medios de abrir un mercado que avergüenza, por lo denigrante que resulta el hecho de vender parcelas robada a los vecinos bajo el pestoso manto de la legalidad y necesidad municipal, sería devolvérselas a sus antiguos propietarios o a sus descendientes herederos.

Y, visto lo visto, si el gobierno de la cortijá fuese un gobierno normal, a Cartagena, por su iniquidad y marrullería constante, ya le debería de haber quitado todas las competencias en Urbanismo, y dejarla al nivel que le corresponde que es el estar solamente el ayuntamiento al servicio de cuatro o cinco cacicones, con cuya simple presencia física, llegan al orgasmo político los que ni fueron votados en las urnas nada más, mucho en sus casos, ser concejales.

Y no quiero ponerle fin a este comentario, sin enviarles un efusivo recuerdo a los concejales municipales de Cartagena, con cuya complicidad, tanto entonces como ahora, lo ven todo pasar por su lado como sin con ellos no fuera, el dramático juego de haber pasado de lugar geográfico un espacio urbano donde se iba por dinero a copular, por un espacio político, el ayuntamiento, donde un Molinete de jodienda y desconsideración, se levanta cada día con más coitos políticos en contra de los vecinos que aquellos otros de aquel Molinete entrañable que nos dio fama de lugar amable y permisivo.

Las parcelas, las viviendas expropiadas por la ley del abuso, no pueden ser usadas ahora para negocio municipal, y tienen que volver a sus antiguos propietarios.

Y un Plan General de Ordenación Urbana ir compensado aquellos espacios que haya que proteger.

Salud y Felicidad sin covid. Juan Eladio Palmis