¿TODO VALE? – J. Sánchez

Juan Sánchez | Opinión | Social | En política, como en el amor o en la guerra, ¿todo vale? Visto lo visto, podría uno concluir que así nos parece, en este momento y en este ingrato berenjenal. En otros tiempos muy lejanos, la política vestía trazas de honradez, honor, lealtad, valor y desprendimiento personal. Pero como bien dice aquel otro que vive pisando la porquería en que ha mutado nuestra sociedad:

− Eres un iluso, Juan, ya nadie defiende ideales –porque no existen, sin más−, ni valores, ni siquiera la verdad.

Y esta vez no pienso salirme por la tangente. Vamos al Cambalache –que gemía el famoso arrabalero− que nos ha reventado en toda la jeta en esta presunta crisis de la mínima vergüenza. Teatro, puro teatro de miserables apuntando directamente al interés más rastrero de un político: perpetuidad en el poder a costa de lo que sea y de quien sea. En este caso, en todos los casos, los pobres infelices achuchados por su propia precariedad, enfermedades, pandemias y pandemónium, e instinto de supervivencia. Seres humanos que valen menos que la bala que los mata: “Los nadies” que tan magistralmente versara Galeano. En todas partes sobran desheredados y pobreza, ¿verdad? Son un engorro que hay que purgar del planeta. Una herramienta del poder para sembrar terror y obtener réditos incalculables. Porque la ambición en ciertas esferas desconoce la mesura y el control. Está muy bien expresado en palabras de mi buen amigo Tomás: «La riqueza es como el agua salada, cuanto más se bebe, más sed da». Yo ampliaría el campo de tan acertada reflexión incluyendo por derecho de pernada y genética especulada –de espejo− hasta la máxima apariencia de la riqueza: el poder. Hermanos gemelos son, hijos de un dios menor: la avaricia, la bastardía en ese Olimpo de nudos inextricables: La Política, hija putativa y ramera oficiosa al servicio de los viciosos Manmones. (Según refieren las trincheras cabreadas de Vera, Almería)

Por hacer caso a ese otro amigo que me tacha de idealista corrugado sobre su propio error defendiendo ideales comprometidos, vamos a aterrizar el platillo volante de esta imaginación exacerbada, −siempre políticamente incorrecta, como mandan los cánones de la rebeldía causal, y no a tontas y a locas− en cualquier patio de vecinos, calle o plaza de este pueblo abismal llamado España, donde se hacinan, huyen hacia adentro, se evaden en los bares y naufragan en una jarra de cerveza millones de vidas humanas desesperadas por encontrar una esperanza. Porque una vida humana es algo que no tiene precio, pero su valor es incalculable, cosa que desconocen a cosica hecha los hacedores de mundos perdidos en el vacío interestelar de la ignorancia deliberada. Esa idea, que debería ser la Biblia, el Corán, la Torá o la enseñanza de Buda y demás sacrosantas liturgias planetarias, se suelen obviar en el forro de los compañones –según refiere mi camarada de trinchera Palmis−, cuando de política, poder y pasta van los tratos.

Sí, ya sé, los pactos y tal, tienen en sus revolcones con lengua parlamentaria las veinte en bastos –entiéndase estacazos a los derechos y libertades del pueblo− y las cuarenta en oros –en sablazos al bolsillo ciudadano−. Bueno, en ese sentido habrá que legislar algo que prohíba explícitamente –exigiendo la dosis mínima de vergüenza torera− esos magreos contra natura que dicen ser por la gobernabilidad de España.

Epílogo.- Abájese usted del autogiro, míster president, deje la venta de becicletas al colonialismo “yankee doodle dandy”, y dese un paseico por los comedores sociales colapsados, las colas interminables en los bancos de alimentos, las montañas de expedientes por tramitar sobre ayudas institucionales: las míseras ‘paguitas’ que no alcanzan ni para lamer el plato, los mínimos vitales que no están ni se esperan, el galopante desempleo que ha venido para quedarse y la poca vergüenza de sus colegas del reparto de pastel de miedo y la cizaña maniquea –que diría el gran maestre Cano Vera, siempre acertando en la diana− a los hogares de esta nación camino de un terrible pasado cada día más presente en un futuro con lo puesto. Y virgencita, virgencita, que me quede como estoy.

Post scriptum: Se me olvidaba, sobre las dos Españas, no pienso decir ni muuuu, que ya sus propias intenciones les delatan. Insisto en mi valoración anterior: ¡ASCO, PIJO, ASCO!… Y DOLOR EN LAS ENTRAÑAS.

Os dejo el antes mencionado “Cambalache” (Tango), atentos a la letra. Disfrutad…