Discurso de toma de posesión de la alcaldesa de Cartagena, Noelia Arroyo

Cartagena | Noelia Arroyo | 12-06-2021 |  La estabilidad institucional es un derecho de los ciudadanos y, por lo tanto, es una obligación de los políticos.

Así lo entendimos nosotros hace dos años, cuando salió de las elecciones un ayuntamiento dividido en seis grupos, sin ninguna mayoría capaz de garantizar un gobierno estable, fuerte y con capacidad para liderar un proyecto sólido de municipio.

Cartagena se enfrentaba a la amenaza de otros cuatro años de paralización y de bloqueo. Nosotros entendimos que nuestra responsabilidad era evitarlo, por difícil que fuera. En esos días resultaba insólito integrar en un mismo gobierno a partidos que eran viejos competidores políticos.

Éramos diferentes, éramos rivales, pero sobre todas las diferencias nos unía nuestro compromiso por Cartagena. Por una Cartagena compartida, integradora, diversa. Una Cartagena que suma y no que divide, que hermana y no enfrenta. Una Cartagena DE TODOS, más que nunca, merecía la pena.

Hicimos realidad lo que parecía imposible, y Cartagena ha tenido y va a seguir teniendo un gobierno estable gracias a la responsabilidad y generosidad de Ana Belén Castejón, Manuel Padín y de todos los concejales que decidieron ser valientes cuando los cartageneros más lo necesitábamos.

Juntos elaboramos el programa que estamos cumpliendo, y juntos formamos un gobierno para todo el mandato. Un programa, un gobierno y la voluntad de trabajar unidos cada día por Cartagena.

Cuando firmamos nuestro pacto, no podíamos imaginar que a Cartagena le esperaban varias ‘danas’ con enormes daños, una crisis ecológica en el Mar Menor y la mayor crisis sanitaria y económica de nuestra historia reciente.

No quiero pensar qué habría sido de Cartagena de haber afrontado estas dificultades con un gobierno en minoría, cerrado al diálogo y necesitado de mostrarse todos los días como insumiso y rebelde.

Las pruebas que hemos tenido que superar nos han hecho más fuertes como equipo y nos han permitido confirmar que nuestra decisión fue la mejor para los cartageneros.

Hemos resistido desastres naturales, y también,  hemos vencido ataques políticos. En especial de aquellos que desprecian sistemáticamente el valor del diálogo y que hacen de la crispación su estéril rutina vital.

Nuestro acuerdo ha supuesto enormes costes personales para la mitad de este gobierno. Mis compañeros han tenido que hacer renuncias políticas muy dolorosas y las han asumido a cambio de la estabilidad y el progreso de Cartagena.

Tengo el privilegio de trabajar todos los días junto a personas enamoradas del servicio público, y que llevaban años con la ilusión de hacer mejor a Cartagena desde sus partidos.

Veteranos concejales socialistas y jóvenes militantes con un evidente futuro político a los que les exigieron escoger entre Cartagena y su partido. Y eligieron Cartagena. No se equivocaron.

A esos compañeros de corporación les impusieron un castigo injusto que me llena de tristeza. Pero al mismo tiempo su ejemplo me llena de orgullo, el mismo que sentimiento que compartimos por nuestra tierra.

Sólo la mezquindad y el egoísmo pueden impedir valorar ese sacrificio.

Queridos compañeros del gobierno: vuestra lealtad a la palabra dada ante los cartageneros y vuestras renuncias por Cartagena, tienen ya el agradecimiento de la mayoría y alcanzarán el reconocimiento de todos. El mío lo tenéis desde el primer día.

Decía antes que este acuerdo entre rivales parecía insólito hace dos años. Y lo parecía porque hemos acabado aceptando la idea de que la misión de un partido es destruir a sus rivales y hacerse con el poder. Por ese orden y a cualquier precio.

Y eso no es así. Al menos, yo no lo creo. Estos dos años han hecho aún más firme mi convicción.

Los partidos son organizaciones creadas para servir a los ciudadanos. No deberíamos olvidarlo. Nuestra Constitución nos recuerda que los partidos son un instrumento para que los ciudadanos participen en la política.

Por eso, lo que hemos hecho en Cartagena no debería ser algo insólito. Nosotros solo somos políticos resolviendo un problema, encontrando soluciones.

Lo realmente insólito es que uno de los grandes partidos de España, un partido que fue fundamental en la construcción de nuestra democracia y que dio tres alcaldes a esta ciudad, decidiera renunciar a una alcaldesa, abandonar este ayuntamiento y desertar de Cartagena.

Yo tuve la suerte de contar con la comprensión y el respaldo total de mi partido desde el primer momento.

Cartagena vivía una situación extraordinaria y merecía un esfuerzo extraordinario.

Mi partido lo entendió y por eso me siento orgullosa de pertenecer a él, de defender siempre en primer lugar el interés de los ciudadanos por los que trabajamos. Por eso, hoy también me siento con la absoluta libertad de decir que en este Gobierno no mandan las siglas; en este gobierno mandan los cartageneros.

Me esforzaré para que todos los compañeros de Gobierno comprueben día a día que la responsabilidad que decidieron asumir sigue teniendo sentido.

Cuando acabe esta sesión, presidiré la Junta de Gobierno para ratificar a todos los concejales al frente de las mismas responsabilidades con las que empezaron esta tarea. Estoy segura de que las vais a desarrollar con la misma entrega y el mismo espíritu de servicio que habéis demostrado hasta ahora.

A partir de hoy, tengo la responsabilidad de presidir esta Corporación y el honor de representar al gobierno. Querida Ana Belén, yo aspiro a que te sientas tan bien representada por tu alcaldesa como me he sentido yo durante los dos últimos años.

Conocemos bien los problemas y los retos de Cartagena porque forman parte de nuestro trabajo diario como gobierno. Hoy me gustaría defender el valor de la política como forma de resolverlos.

La buena política, la política útil, la que tiende puentes y nos acerca a los demás, y no la que levanta muros y nos condena al aislamiento.

La política de verdad se basa en el diálogo y en el respeto a todos, empezando por los adversarios.

En mi visión de la política no hay lugar para la queja permanente, para la búsqueda del enfrentamiento y, mucho menos, para las actitudes violentas. La violencia es siempre rechazable y en el ejercicio de la política es inaceptable.

Ser reivindicativo no obliga a renunciar al diálogo.

Ya sé que negociar es más complicado que estar instalado en la queja. Exhibir pancartas es más vistoso, pero mucho menos útil que trabajar desde el sosiego buscando acuerdos.

Solo hablando y trabajando juntos se solucionan los problemas. Y lo estamos demostrando.

En el peor momento y con la situación más delicada, hemos desbloqueado proyectos estratégicos que acumulaban demasiado retraso. Solo recuerden la retirada de fibrocemento, colegio de La Aljorra, la hemodinámica 24 horas o la Zona de Actividades logística Logísticas.

El diálogo ha hecho también posible que por primera vez en la historia autonómica una Consejería salga de la ciudad de Murcia y se instale en Cartagena. Sí se podía conseguir; solo era necesario pasar de las quejas a los argumentos.

El diálogo es el camino y seguiremos hablando con todos para resolver los grandes problemas pendientes, como la llegada de la alta velocidad ferroviaria, la creación de nuevas sedes judiciales o la recuperación medioambiental del Mar Menor.

Algunos dicen que las mujeres gobernamos de una manera diferente, que somos más propensas al diálogo y al acuerdo. En Cartagena tenemos la posibilidad de demostrarlo, porque coincidimos mujeres al frente de las principales instituciones. Hay mujeres al mando de la universidad, de los empresarios, de los jueces, de los fiscales, del puerto, y, por supuesto, del Ayuntamiento.

El triunfo de la mujer no debería ser noticia, pero, si tiene que serlo, mejor que ocurra en nuestra Cartagena y que sirva para seguir aislando el machismo.

Después de un año durísimo, marcado por la pandemia, la vacunación parece ir arrinconando el virus y todos soñamos con recuperar la plena libertad, volver a nuestras costumbres, tomar definitivamente los espacios públicos y poder abrazar a nuestros amigos y nuestras familias sin miedo al contagio.

Mi recuerdo hoy está con todas las familias cartageneras que han perdido a un ser querido por la pandemia. También para nuestros mayores, tantas veces solos y siempre sacrificados, y para nuestros niños, siempre dándonos su ejemplo. Mi más inmensa gratitud para nuestros sanitarios, para funcionarios y voluntarios sociales, para nuestros hombres y mujeres de las Fuerzas Armadas y los cuerpos de seguridad.

Sé que hablo en nombre de todos si reconozco la enorme deuda y expreso el agradecimiento de todos nosotros hacia los cartageneros de oficios muy diferentes que expusieron su salud para garantizar la nuestra, para cuidar de nosotros y mantener el municipio en marcha.

La pandemia ha sido especialmente dura en sectores que para Cartagena son estratégicos. Pedimos a los hosteleros unos esfuerzos extraordinarios que nunca compensaremos adecuadamente y muchos pequeños empresarios del sector servicios han tenido que cerrar sus negocios.

Hay más de 19.000 cartageneros que quieren trabajar y no pueden. Ellos son el primer objetivo de nuestro esfuerzo. Porque la recuperación consiste en generar empleo para quienes buscan trabajo y sostener a las familias para impedir nuevas situaciones de pobreza.

Frente la incertidumbre no vale la resignación, ni es suficiente la esperanza; ante la incertidumbre, yo propongo ilusión y el máximo esfuerzo de todos.

Sé que Cartagena tiene energía para liderar sus propia recuperación, tiene la fuerza necesaria para salir de la crisis antes que los demás y para llegar más lejos que los demás.

Y lo sé, entre otras cosas, porque he sido testigo de la reacción de Cartagena y sus instituciones ante la peor crisis de nuestra historia reciente. En Cartagena no hubo colas del hambre; hubo colas de solidaridad.

La pandemia que paró el mundo movilizó a la sociedad cartagenera. La crisis ha demostrado lo que somos capaces de hacer en Cartagena si unimos nuestras fuerzas ante un objetivo común.

Mientras trabajamos en la recuperación, también hemos puesto en marcha importantes planes que marcarán el futuro de Cartagena. De la Cartagena que todos queremos.

Porque ni nuestro trabajo empieza hoy, ni nuestra responsabilidad acaba dentro de dos años.

Queremos que Cartagena crezca como una gran capital del Mediterráneo y por eso estamos poniendo las bases para su transformación. Una Cartagena dinámica, abierta, moderna, integradora, interconectada, plural.

Junto a la Universidad Politécnica, estamos elaborando un Plan Estratégico Sostenible y un Plan de Movilidad. Estamos revisando el Plan General de Ordenación Urbana y, con la Autoridad Portuaria, estamos rediseñando el puerto de Cartagena.

Además, estamos elaborando el primer Plan Estratégico de Turismo, con el respaldo de la Comunidad Autónoma y de la mano de los empresarios y los profesionales del sector.

Vivimos en un gran municipio con un grandioso pasado y nuestra obligación es movilizar todo su potencial para que siga brillando en el futuro.

Cartagena debe aprovechar al máximo su potencial e impulsar el conocimiento, la innovación y el emprendimiento.

Vamos a impulsar la formación para convertir en progreso las nuevas oportunidades de nuestra industria, hacer de Cartagena un lugar más atractivo para retener el talento de los universitarios.

Vamos a mejorar los servicios en barrios y diputaciones, y a convertir nuestro puerto en un gran espacio para la convivencia ciudadana.

Queremos agua para una agricultura tecnificada  y seguir recuperando nuestro patrimonio histórico para aumentar nuevos atractivos turísticos.

Tenemos planes, tenemos recursos, tenemos grandes aliados y asumiremos la obligación de liderarlos. Para hacerlo posible cuento con todos. Quiero sumar las fuerzas de todo el que esté dispuesto a aportar soluciones y a trabajar para lograrlas.

Decía antes que somos el mismo gobierno, pero el cambio que se produce hoy es muy importante para mí. Porque no hay mayor honor que ser alcaldesa de Cartagena, pero tampoco existe mayor responsabilidad.

Desde niña aprendí a querer a Cartagena. Mis raíces están en La Aparecida y Santa Lucía; mi madre es de San Antón y mi padre nació en Los Mateos. Junto a ellos y desde pequeña descubrí lo grande y lo diverso que es este municipio.

De todos ellos, personas trabajadoras y honradas, aprendí el valor del esfuerzo y el sacrificio. Lo he visto en mi padre y, antes que él, en mi abuelo, al que hoy siento muy cerca.

Dedicaré todas mis fuerzas a cumplir con mi obligación de ser la alcaldesa de todos los cartageneros, de trabajar para solucionar los problemas del presente y para impulsar los grandes acuerdos que necesitamos para diseñar nuestro futuro.

Estoy convencida de que con planificación, gestión y diálogo construiremos juntos una Cartagena más moderna, más justa y más abierta.

Podemos crecer como capital turística, industrial y universitaria y darle a Cartagena un lugar entre las grandes capitales mediterráneas.

Creo en Cartagena, conozco sus capacidades y, junto a mis compañeros de gobierno, trabajaré para ponerlas en marcha.

Prometo esfuerzo, propongo ilusión y pido el compromiso de todos.

Cartagena lo merece.