ANTIGUA CIENCIA DEL ISLAM – Aureliano Rodríguez

Aureliano Rodríguez Soler | Cartagena | Investigación Histórica |  No tenemos una historia lineal de la ciencia, entre otras cuestiones porque el pensamiento científico se desarrolla en diferentes puntos del planeta y cada civilización, en ocasiones, despliega una técnica sin que, necesariamente, esta tenga que ser deudora de otra civilización o cultura vecina. Los planteamientos técnicos de civilizaciones distantes, pueden tener un mismo desarrollo intelectual e independiente. Y, de tarde en tarde, aparecen escritos que evidencian un saber que parecía haber desaparecido a causa de las guerras o por la quema deliberada de manuscritos. En otras ocasiones no es así y las culturas son borradas de la Faz de la Tierra. De hecho, apenas sabemos algo de la civilización púnica, si no es a través de lo que nos trasmiten sus enemigos. Roma se encargó de liquidar, sistemáticamente, la memoria de los cartagineses.

En otras ocasiones a través de los escritos que han subsistido hemos comprobado cómo determinados procesos científicos se repiten en el tiempo. Así, por ejemplo, Eratóstenes (Cirene 276 a C – Alejandría 194 a C) y el califa al-Ma´mun (Bagdad-813-833), acceden al conocimiento de la esfericidad de la tierra, un planteamiento que, en Oriente, y Occidente, en el siglo IX, era considerado heterodoxo por contravenir la información contenida en los libros sagrados, aunque, por el contrario, en el siglo XII, tenemos testimonios andalusíes de quienes apoyan la esfericidad de la tierra.

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“El califa Al-Ma’mún, a la izquierda, en un manuscrito medieval”

El califa Al-Ma’mún , es hijo  Harún al-Rashid, famoso por su protagonismo en los Cuentos de la Las mil y una noches

Así pues, herederos de las antiguas civilizaciones greco-romanas, incluida Bizancio, la India o Persia, el mundo árabe asume el conocimiento milenario adoptando y desarrollando, no solo su tecnología, también asimila, preferentemente, el mundo matemático dado que, a través de esta ciencia, les es posible la orientación de las mezquitas. Destacaremos del amplio repertorio científico andalusí la astronomía y la representación geográfica.

CIENCIA ANDALUSÍ

La ciencia oriental en la península Ibérica debió ir penetrando gradualmente desde el siglo VIII desplazando a la antigua ciencia (hispano-goda) Aunque parece ser que es en el siglo X cuando se puede hablar de una ciencia netamente andalusí, siendo uno de los nombres relevantes Ibn Khalaf al Muradi (denominado el Leonardo árabe), autor de «El libro de los secretos», manuscrito árabe del año 1000, que trata sobre diversos mecanismos mecánicos, (autómatas). Ha llegado hasta nosotros a través de una copia realizada en Toledo en 1266.

La cultura andalusí, bebe de las fuentes orientales a través de los peregrinos que viajaban para cumplir el precepto de visitar La Meca, o por los andalusíes que viajaron a oriente para mejorar su formación intelectual y que, a su regreso, aplicaron y difundieron el conocimiento adquirido.

Ibn Khalaf no es el único personaje interesante respecto de la ciencia andalusí. En el siglo IX destaca, entre otros, Ibn Finas (810-887), a quien se le atribuyen excelentes méritos en diferentes artes como filósofo, astrónomo, físico, poeta y astrólogo. A él se le atribuyen la talla del cristal de roca, en al-Ándalus, Creador de una esfera armilar para representar el movimiento de los astros y podría ser que, incluso, un planetario y, se le considera inventor precursor del paracaídas en el año 852 y, sobre todo porqué en el año 875 se mantuvo varios minutos en el aire.

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“Estatua de Abbás Ibn Firnás en Bagdad”

“Al-Ándalus es fuente de hombres de ciencia” (Biografías de Matemáticos Árabes que florecieron en España) el nombre de Toledo está unido a muchos de ellos por la astronomía o por los mecanismos que desarrollaron. Uno de sus personajes más destacados en este periodo fue e Abū Isḥāq Ibrāhīm ibn Yaḥyā al-Naqqāsh al-Zarqālī (Azarquiel)

LOS ÁRABES Y LA CIENCIA ASTRONOMICA

«De dondequiera que salgas, vuelve tu rostro en dirección de la Mezquita Sagrada. Dondequiera que estéis, volved vuestros rostros en su dirección» (Corán, 2,145)

La gran expansión conseguida por los musulmanes a partir del siglo VII y el deber de realizar las oraciones en dirección a La Meca hicieron que muy pronto, en el mundo árabe se necesitara estudiar determinadas referencias astronómicas para determinar las horas de la oración en las distintas partes de la geografía islámica. Todos los musulmanes, en su oración deben mirar hacia la Ciudad Sagrada de La Meca. Para ello se apoyaron en el trabajo de Claudio Ptolomeo llegando a elaborar un sistema propio de referencias astronómicas y geográficas.

«Según el astrónomo del siglo IX al Battani, la astronomía era para el mundo musulmán la ciencia más noble, más alta y más hermosa, pues estaba relacionada con algunas exigencias del culto, tales como la determinación de las horas de la oración, de la orientación a la Meca…» (El latín como vehículo de expansión de la ciencia árabe del siglo XV)

La orientación del muro de la quibla constituyó un trabajo especializado. Algunas historias hablan del conquistador y gobernador de al-Ándalus Musa Ibn Nosayr como astrónomo, y orientador del muro de la quibla de la mezquita de Córdoba. Otras veces, los textos nos hablan de segundas o terceras generaciones de los compañeros del profeta como los encargados de efectuar los cálculos precisos de orientación para las mezquitas de Córdoba o Zaragoza.

La necesidad de realizar los cálculos necesarios para orientar la oración de los fieles potenció el estudio astronómico y matemático. Concretamente a través de la trigonometría esférica. Y, los cálculos andalusíes fueron tan exactos, a través de los estudios realizados que fueron capaces de ajustar el tamaño del Mediterráneo con una precisión inferior a los 2º de error.

LAS TABLAS DE COORDENADAS GEOGRÁFICAS

  1. Samsó (Las Ciencias de los Antiguos en Al-Ándalus), refiere lo que fuentes del siglo XIV o principios del XV relatan: «Abd al-Ramman II fue el primero que introdujo tablas astronómicas en al-Ándalus…así como de historia, música, medicina y astronomía».

Respecto a la astronomía, existen determinados trabajos conectados con la geografía (zijes), en el mundo medieval, que indican la posición relativa de diferentes lugares de la tierra conocida, Comúnmente se las conoce como tablas de coordenadas geográficas. Estas también pueden componerse al estar representados los datos en soportes diversos como manuscritos, astrolabios o mapas. El trabajo más importante dentro de este campo fue realizado por Claudio Ptlomeo hacia el año 140 d. C., y es conocido como el Almagesto. El trabajo de este científico llegó a Europa través de las fuentes árabes. Su fruto duró hasta el siglo XVI, donde fue desbancado por los novedosos descubrimientos técnicos y científicos que demostraron la incompatibilidad de su sistema con la nueva era de conocimientos. Relacionándolas con Tudmir las tablas de coordenadas geográficas (TCG) apenas se utilizaron como documento de interés.

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“Manuscrito de Ibn Sahl, describiendo las leyes de refracción de la luz”

Y lo entendemos. Extraer información de las TCG, entraña cierta complejidad. De hecho, hace años empezamos a desarrollar un trabajo sobre el nombre de Cartagena en tablas de coordenadas geográficas y aún está inédito -a pesar de los escasos folios que llevará su redacción monográfica definitiva- por la dificultad que entraña el acceso a diversa documentación. Se necesitan cotejar los textos antiguos, leerlos en primera persona, siempre que sea posible, y verificar que la información es cierta, que alguien los vio y certifica que lo que se ve en el texto objeto de estudio es lo que se apunta y, si no se ve claro, registrar las posibles variaciones que de la lectura podrían derivarse.

¿Por qué esta precaución? ¿Es suficiente?

Verán, bajo el nombre de Tudmir, por ejemplo, se fueron ido identificando numerosas poblaciones, ocurriendo que, a veces, los traductores o los copistas traducen lo que creen que es la actualización del nombre de la población, sin nota al margen, como ocurrió en la tesis de Enrique Perpiñá, (por ejemplo) que tradujo por Murcia, un texto atribuido a Hazim al-Qartayanni, donde señalaba Tudmir y, si bien esto fue un despiste (no reflejar en nota al margen, el nombre aparecido en el texto original) obliga al investigador a ser necesariamente muy cauto.

Si le lector desea profundizar en los aspectos científicos del islam, existen en internet numerosos espacios donde, sin duda, podrá saciar su inquietud.

Algunos sitios y PDF de interés. –

https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20081229/leonardo-islamico-34027

http://arabistas.com/automatas-en-el-al-andalus/

https://www.filosofia.org/mon/tem/es0235.htm

https://www.qantara-med.org/public/show_document.php?do_id=1117

file:///C:/Users/pc/Downloads/10661-Texto%20del%20art_culo-31912-2-10-20111125.pdf

http://www.eduardfarre.com/pdf/EFarre_CGacelas.pdf

Estudio técnico, análisis mecánico, modelado y reconstrucción 3D de dos artefactos medievales del ingeniero al-Muradí.

http://tauja.ujaen.es/handle/10953.1/9710

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