Sí se puede – Alberto Garre

Alberto Garre, ex-presidente de la Región de Murcia

Opinión | Política | No se equivoca Pablo Iglesias cuando dijo la pasada noche electoral «he dejado de ser útil». Es cierto, ha sido muy útil a los madrileños y a los españoles para conocer cómo son los que piensan y actúan como él. Ya sabemos lo que para este iluminado significaba su eslogan «Sí se puede»

Sus logros no son pocos ni, por su condición de secretario general de Podemos ni como vicepresidente del Gobierno.

Empezó por ser el primero en demostrar que la palabra de Pedro Sánchez no vale un duro. Sánchez dijo: «No podría dormir con Iglesias en el Gobierno». Iglesias demostró que sí se puede.

Consiguió que por primera vez un ministro y una ministra del Gobierno de España durmieran bajo el mismo techo, demostrando que sí se puede. Pero no en el piso de Vallecas de 60 metros cuadrados, del que presumía para atacar a ‘la casta’, si no en el casoplón de Galapagar, de unos 2300 metros cuadrados y más de 600.000 euros, acreditando que también se puede.

Reveló sin tapujos en el mitin de Vox en Vallecas que también se puede uno rodear de matones a sueldo que apedrean a los asistentes e incluso agreden a miembros de la Policía Nacional.

Para despedirle no cabe con este individuo aquello de «tanta gloria lleves como paz dejas»; más bien cuanto fracaso arrastras en el presente como sufrimiento nos has procurado en el pasado, vete y no vuelvas, si puedes.

Que todo empezó en Murcia, como dijo nuestro presidente, también es cierto. El PP en Murcia ha perdido entre 2015 y 2019 más de 170.000 votos y 17 escaños, pasando de 33 a 16. Cierto, el fracaso del PP empezó en Murcia y después se trasladó a España.

Pero ni los fracasos ni las victorias son eternas. La vuelta a la normalidad frente al acoso del virus ha tenido una adelantada en política. Madrid e Isabel Díaz Ayuso encarnan ideológica y personalmente las señas de identidad de un partido que nació en el verdadero Congreso de la Refundación celebrado en Madrid entre los días 20 y 22 de enero de 1989, cargado de virtudes humanas y de amor a España y a los españoles.

Han pasado muchos años, pero las virtudes humanas, con sus paréntesis personales, que atesoraban entonces los partidos españoles no deberían nunca pasar de moda. Son actitudes donde el conocimiento y la voluntad se ordenan para regir nuestros actos, regular nuestras inclinaciones y guiar nuestra conducta a fin de procurarnos una vida éticamente buena.

Creo sinceramente que Isabel Díaz Ayuso reúne esas virtudes, desde la más absoluta sencillez, conociendo los problemas de los madrileños y aplicando sentido común a su solución, sin estridencias, sin la valentía que aducen algunos cuando solo ponen de relieve temeridad, la presidenta imprime humildad a sus manifestaciones no exenta de la fortaleza de sus razonadas decisiones. Todo cambia, nada permanece y, al parecer, el PP empieza a recuperar sus virtudes y con ello la confianza social. Sí se puede.

Quienes pretenden apuntarse la victoria de Isabel Díaz Ayuso rayan la extravagancia de confundir a Buda con Cristo y con una paradoja acreditarse de listo, como narrará el escritor Ricardo León en su obra Contra los sabiondos de estos tiempos, publicada en el periódico El Castellano de Toledo el 2 de enero de 1912. La victoria es de Isabel Díaz Ayuso, de sus virtudes, de su equipo, así como de quien la aupó al frente del Gobierno de Madrid en 2019, Pablo Casado, y de nadie más.

No es lo mismo seguir gobernando con tránsfugas murcianos que con el respaldo aplastante del pueblo madrileño. Nuestro presidente no tiene más holgura en el Gobierno que la que le producen en el intestino los sapos que se ha tenido que ir tragando para salvar una moción de censura y su sillón, salvo que confundamos el paparajote institucional murciano con la decisión democrática del pueblo soberano madrileño.

Hasta ahí podíamos llegar.

Alberto Garre, ex-presidente de la Región de Murcia