SIN WYATT EARP EN TOMBSTONE-MADRID – Cano Vera

REFLEXIÓN – EXCLUSIVA.

José Juan Cano Vera | A la espera de que, como cada semana, un nuevo grupo de etarras (los progenitores ideológicos de Bildu, que lidera el maestro Otegui) sean aliviados por el Pequeño-Marlaska, ministro de Interior, del luto que provocó la banda terrorista, no dejan de mostrar su hondura a una opinión pública que asiste a la “normalización” de la indignidad gestada por los demócratas del Gobierno que persigue a los fascistas, sean de VOX o no. O usted mismo si mueve la lengua. Es el caso de María Soledad Iparraguirre, “Anboto”, nada por lo que arrepentirse ella, condenada a 61 años de cárcel. Silencio en los cuarteles generales de los demócratas de toda la vida que comanda Pablo Iglesias, que va diciendo, ayer, que está agotado de la política más o menos al mismo tiempo que es dueño de su chalé, e ingresa con su compañera Irene, 16.000 euros mensuales limpios. Quiere más muescas como cazarrecompensas desde que se cepilló a Errejón y a sus jóvenes turcos y jóvenas de bellos pechos maternos.

Tengo claro que Pablo Iglesias no es el Podemos real, el que lidera Yolanda, la ministra de Trabajo, capaz de descender y entenderse con la España real de cinco millones de parados y veintisiete millones de empresarios, asfixiados en la soga de la Moncloa. Tenemos a la vista un duelo de ira en Tombstone-Madrid (en español significa lápida), sin Wyatt Earp, este martes, en el solar de O.K. Corral, parecido a Vallecas.

Su compadre el presidente Pedro Sánchez, otro cazador de fascistas e inventor de cordones sanitarios, anda huido, porque la libertad de expresión pura teoría, en sus medios de comunicación comprados con la pasta gansa de los impuesto no funciona. O  son alquilados en una borrachera como reconocía públicamente el compañero Conesa, aquí en Murcia, cuyo factótum es opinador mercenario que elevaba a R.L.V. al Olimpo de la vaselina. Hay hemeroteca. Están exasperados y disparan a discreción, rozando la histeria unos, y lo patético otros. Nada les ha funcionado, ni en Murcia con las balas de la moción de censura cinematográfica. O cantinflada.

Hoy, vivir en España y en concreto en Madrid, es como vivir en un bombo de lotería con papeletas que gira del bracito de un chaval de San Ildefonso. Ahora entiendo, como señala el maestro Ruiz-Quintano a ese personaje de Dostoyevski que probaba su fortuna abriendo un libro al azar leyendo en la página de la derecha los tres primeros renglones.

Libertad a la madrileña que puede terminar en un pulso mágico si Ayuso barre y se lleva por delante a Casado. Son los caídos por dios y la democracia interna de los partidos, como el discreto Ángel Gabilondo, un político cabal del mejor socialismo que votaríamos muchos desengañados con el político espectáculo.

Clamaba un político del 36 que “prefiero una España roja que rota”. Mañana, pudiera ser improbable, ni roja ni rota, peor, ingobernable. Una ruleta rusa con seis balas postales en una radiografía falsa, manipulada. Pero no ocurre nada. Otros nos fugamos huyendo de la quema sin dejarnos instrumentalizar, como el resto del periodismo sin fronteras. No entramos en las redes de la mafia informativa. Somos coherentes desde la independencia flotando en el océano de la libertad que nos roban los cuatreros de Tombstone.

EPÍLOGO.- No suelo beber antes de desayunar como Churchill, ni después de la ocho de la tarde, como Henmingway que se pegó un tiro, ebrio. La película que acabo de ver, nueve de la noche, en un cine, se titula OTRA RONDA, que haría sonreír de KANT y hundir en la amargura a Soren,  claro, KIERKEGAAD. Un filme danés casi perfecto que tiene un OSCAR al mejor en lengua no inglesa.

Es un tema crudo, doloroso y polémico, cuatro profesores de  un instituto beben para estimular su creatividad, pero terminan adictos a la bebida. El ser humano nace con un déficit de alcohol y por tanto algunos sicólogos recomiendan un chupito al día, no hace daño, es un relajante, bloquea la ansiedad y es un dilatador. Un 0,5 por ciento.

No sé si nuestros políticos se han pasado o se quedan cortos una miaja, mas bien. En el periodismo conozco casos tremendos. En la pandemia se ha consumido, y ha sentado bien, se aprende a resistir y sirve para dormir. Es otra película, distinta a esta danesa con música de fondo de su himno: “Dinamarca es mi hogar, tengo mis  raíces aquí, al lado de la mar…”. Qué envidia, no todos son unos borrachos. Ni una palabra de rencor. Una democracia de cejas altas no drogada o intoxicada por las dos Españas. O en una sociedad civil en la que empresarios y sindicatos políticos se combaten con dos ejércitos. Una película, otra, de buenos  y malos. Otro día entraremos en un análisis levantando las tapaderas.