EDITORIAL: EL SUBMARINO

“ISAAC PERAL”

EDITORIAL | Hace un mes abrimos el melón y catamos su sabor agridulce, el de las fuerzas armadas españolas, y específicamente la Marina. Titulamos TENEMOS UN SUBMARINO Y MEDIO, y el torpedo hizo blanco. Diez días después la eficaz ministra de Defensa, Margarita Robles, se personó en Cartagena acompañada de altos mandos de la Armada, posiblemente con la intención lógica de restañar heridas, anunciando que pronto tendríamos un sumergible moderno de la serie 80 que sustituiría a un veterano de cuarenta años, el medio sigue en carena con una mano de pintura. Ahora, la semana que viene el  rey Felipe VI asistirá a la botadura del “ISAAC PERAL” después de 17 años de espera y tres para estar navegando, en total veinte.

No es de recibo por mucho que se trate de lavar la cara que andemos mareando la perdiz. Nuestros ejércitos, en material, andan a la cola no solo de las grandes potencias de los cinco continentes, también de las medianas muy cerca de nuestras  fronteras. No vale la coartada de la crisis que soportamos, el problema viene de lejos, desde Aznar hasta nuestros días. Existe como un cierto pudor cargado de demagogia en ocultar que existen unos 87.000 hombres y mujeres −mal pagados− dedicados a defender a cuarenta y seis millones de españoles por cielo, tierra y mar, y lo que sea menester como hemos comprobado en los últimos doce meses con la catástrofe sanitaria, humana y social de la pandemia y la gran nevada que paralizó a todo el país, allí donde pidieron ayuda, y acudieron con sus escasos medios, incluyendo a la UME.

En estas actividades murieron decenas de jóvenes militares, enfermaron miles −así mismo en las fuerzas  de seguridad policial y guardia civil−  y otros tocados. Menos mal que el ministerio de Defensa montó un acto de homenaje a todos ellos calado de emoción  y belleza castrense, con lágrimas en los ojos verdes de Margarita Robles, con más futuro que presente. Pocos medios se hicieron eco del homenaje.

No, no vamos a exigir milagros en las actuales circunstancias pero si la necesidad de modernizar a un ejército que tiene como principal deber, entre otros, defender la democracia como estipula la Constitución.

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