«TEORÍA DE LOS POPULISMOS RADICALES» – Miguel Vera

  • DESDE WASHINGTON D.C. EN EXCLUSIVA PARA SURESTE PRESS  Y VEGA MEDIA PRESS.

Crónica de Miguel Vera Medialdea | Como dicen mis paisanos de Granada, y mis compañeros de la Universidad de Yale, ya conocemos    el percal que cubre el rostro de TRUMP, la mascarilla de un personaje que viene obrando en compañías de otros, desde que se hizo con el poder absoluto,  porque un presidente norteamericano casi no tiene barreras de control, en otras naciones de base democrática los jefes de Estado  o de Gobierno son sometidos a un marcaje político y jurídico, y hasta ciudadano, que garantizan que las libertades y los derechos del pueblo están por encima de cualquier instinto totalitario. Los desmanes de Trump se han repetido en otras ocasiones por ejemplo en el siglo  pasado, desde el  desembarco de la playa cubana de los Cochinos hasta el espionaje de Nixon a sus rivales-. El presidente norteamericano tiene tanto poder que puede  en el momento que crea oportuno pulsar un botón nuclear. Ya se viene especulando que las elecciones en este gran país deben sufrir unos cambios profundos, y no lo apuntamos por el matonismo del populismo radical del presidente yanqui, sino porque no lo vemos claro sobre todos los europeos, como la misma Ley de  Rifle que permite llevar armas por las calles de Nueva York o de San Antonio, en Tejas. No es pecatta minuta, porque los Estados Unidos es el país más potente y armado hasta los dientes del mundo, y además su economía influye  en las 187 naciones del globo. Un  peligro, como China, Rusia, Corea del Norte, Irán, Venezuela o Israel.

Oyendo y viendo, desde aquí en la capital federal, a los medios de comunicación españoles, lo que nos asombra y hasta nos hace sonreír es la politización sectaria de los partidos y los medios en sus análisis de la brutal  crisis norteamericana, porque los actos vandálicos de anoche en Washington no son diferentes a los que se ha producido en las últimas décadas y  siglos en numerosos países, demócratas o no. Recordamos las represiones y los asaltos a instituciones en Bolivia, Nicaragua, Venezuela, Hong Kong, Tíbet, Nigeria, Guinea Ecuatorial ex española, Sáhara ocupado por Marruecos, en la propia Francia cuando arde los barrios  de Paris, y en la propia España, cuando el golpe catalán y el cerco violento  al Congreso de los Diputados organizado por Podemos cuando Pablo Iglesias no vivía en un bonito  chalet, asalto de la mano de los comunistas e infiltrados del terrorismo vasco, cuyos antecesores asesinaban. Tampoco olvido el golpe chapucero de Armada, Tejero y compañía.

No, no vale rasgarse las vestiduras, y no trato de ocultar la realidad norteamericana hoy dividida en las más altas esferas del populismo nacionalista del AMÉRICA, PRIMERO, y a los demás que le den morcilla, que son las que han organizado el saco del Capitolio, como hace siglos hicimos los españoles  en el Vaticano. Pero lo extraño es que los militantes trumpistas que invadieron la soberanía popular, casi todos eran gente de clase humilde, hispanos, afroamericanos y clase media envenenada no precisamente por la prensa, como  en España, sino por la máquina del capitalismo egoísta y pendenciero. Crisis grave, seria y preocupante, pero los que llevamos muchos años por estos lares  confiamos en la capacidad de reacción del lado bueno del pueblo educado en la cultura y en estado de bienestar, porque el pragmatismo siempre ha sido la fuente de actos históricos en momentos de crisis emocionales sin base lógica. Son muchos años de democracia, pero es evidente que las grandes naciones un día pueden dejar de serlo. Si hoy o mañana el partido republicano aísla a Trump y a su tropa, la situación se salvará-.Hay que aprender la lección, nunca la violencia, el odio, el maniqueísmo, el  terrorismo ideológico y destruir irracionalmente para levantar fantasmas, no es el camino de futuro. Lo dijo Disraeli aquel día adornado de patriotismo: «La historia nos juzgará no solo por lo que podemos, sino por lo que debemos, levantar construyendo un gran país» O lo que deseamos los pacíficos españoles, no solo una España donde nunca se ponga el sol, sino el brillo de la justicia que ilumina un cielo de todos, sin patadas.

Democracia en estado puro, sin mezclas explosivas. A pesar del golpismo silencioso que nos amenaza desde las cloacas del odio y la venganza que atrapan a pueblos   débiles, sin pulso, sin avivar el seso.