COGITO ERGO SUM

EDITORIAL | «Pienso, luego existo», frase legendaria del matemático y filósofo RENE DESCARTES con la que trataba de explicar la fuerza de la razón o lo razonable en la vida del ser humano, un principio que ya ha dejado de ser inmutable para convertirse en pura teoría violada por el nuevo pensamiento de la  tecnología informática y sus redes y empresas globales, que con la pandemia ha estallado en miedo, algo así como un golpe en el  cerebro humano que en este  país raya en la locura de un sofisma político y social del nuevo régimen, como un golpe contra la humanidad,  en el núcleo de nuestra intimidad.  Se ha hecho sin que nos percatemos y por tanto la  Democracia se ha dormido al volante, narcotizada. No es pura teoría, ya se explica en un libro de obligada lectura, «LA ERA DEL GOBIERNO DE VIGILANCIA», ese capitalismo disfrazado de un neopopulismo con mascarilla, libro considerado como la biblia del siglos XXI. En estado Unidos según informa el diario THE ECONOMIST  se trata  de reconducir una crisis de efectos brutales contra las libertades individuales y colectivas empleando el miedo como arma de última generación.

En España desde que estalló la pandemia viral con sus tres oleadas, estamos siendo instrumentalizados fatalmente no solo por las  redes sociales y los grandes entes de la tecnología de información sino muy principalmente por los medios audiovisuales. En el pulso mantenido entre las grandes cadenas de TV y radio, buscando audiencias multimillonarias con noticias atosigantes y extenso horarios de telediarios se suma la  progresiva oferta de cine catastrófico y de ciencia ficción que añade morbo sin medida y cautela en todos los horarios, incluso en los que atañe al mundo infantil, a veces chocado emocionalmente. Ningún respeto.

La situación es que hay una gran diferencia entre lo que ellos saben de nosotros y lo poco que nosotros sabemos de los poderes ocultos de todo tipo.Se está dando una batalla aparentemente silenciosa y hasta ahora vamos perdiendo los que somos sus víctimas, ya asomados a los acantilados  de una enfermedad mental con el riesgo de caer en manos de lobbies políticos a la sombra de los tres sistemas que orquestan bandas con música de dictaduras.

Estamos a tiempo en el campo de una democracia sin mascarillas.

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