Los cantonales: Nicolás S. Del Balzo: Revolución en estado puro.

José Luis Sánchez | Cartagena | Siempre se ha dicho que la Historia ha de juzgar a sus protagonistas, aunque muy a menudo el veredicto sea el olvido cuando el ninguneo de los vencedores, que suelen ser quienes escriben la historia, acabe con el desconocimiento colectivo  de hechos y personajes. Este es el caso de este misterioso personaje nacido en 1824 que vivió entre Cartagena, Murcia o Madrid y en sus priones. Juzgado tanto por vencedores como  vencidos del Cantón, fue sentenciado a ocupar un papel casi ignominioso en la Historia. Sin embargo, lo mejor es que cada uno juzgue por sí mismo a este hombre que desde que tuvo uso de razón se vio involucrado en cuantos conflictos hubo en su camino, siempre fiel a su pensamiento y a la búsqueda de la justicia social a pesar de tener una posición social y económica privilegiada.

Nuestro personaje, a la edad de 19 años mandaba una tropa de la Milicia Nacional, quizá le debiera el cargo al marqués de los Camachos de quien era protegido.

En abril de 1843 al frente de cincuenta hombres se hizo con un alijo desembarcado entre San Pedro del Pinatar y San Javier, pero cuando regresaba a Cartagena con el botín fue emboscado por siete carabineros que le dejaron sin botín, además de con dos muertos y varios heridos  entre su tropa.

Meses después, encontramos a nuestro joven Nicolás  y sus nacionales inmersos en la “Jamancia” barcelonesa que buscaba la destitución de Espartero, quien, con motivo de esta revuelta llegó, tristemente,  a afirmar que “había que bombardear Barcelona cada 50 años para que España progresase”

Nicolás  llegó  a ser presidente de la junta de armamento de Barcelona, participando  en el asalto a la Ciudadela, pero poco después apareció Prim en Barcelona haciendo una fuerte apuesta para acabar con la insurrección de los “hambrientos”(Jamancia viene del caló, de jamar, comer) “O caja o faja” había dicho Prim, quién tras rendir la ciudad bombardeándola  desde Montjuic consiguió su faja de general eludiendo la caja de madera.

Nicolás S. del Balzo, que así se llamaba nuestro personaje,  y muchos de sus colegas se vieron avocados al exilio en Argel. Convertido en empresario de éxito, proporcionó ocupación a muchos de sus compañeros de exilio en los múltiples negocios que emprendió en la colonia.

El 27 de junio de i847 en París, en compañía  de Juan Antonio de Llinas. Gabriel Roca y Antonio Fonll entre otros, Del Balzo firma un manifiesto en defensa  del general Ametller, líder de la Jamancia de 1843. Un año después  vuelve a París donde con motivo del hermanamiento de los republicanos españoles con los franceses pronuncia un acalorado discurso.

En 1850 don Vicente Calderón, inventor del alumbrado de gas hidráulico con la patente para explotar su invento en España y el extranjero, denuncia a Nicolás del Balzo por incumplimiento como socio capitalista, “puesto que carece de capital hasta para los primeros y mas insignificantes  gastos: resultando que valiéndose de frívolos  pretestós “   por lo que el juez decide extinguir la sociedad, dejando al señor Calderón libre de cualquier compromiso con Del Balzo para explotar su invento.

Nuestro hombre vuelve a las páginas de la prensa, en concreto, a las del Diario de aviso del  10 de diciembre de 1852, donde se cita a Manuel Álvarez para testificar sobre las estafas hechas a Nicolás del Balzo, que en aquellos días  está preso en la villa de Madrid.

Subido a la ola  del resurgir de la minería Del Balzo prueba suerte. En 1859 renuncia al expediente de propiedad de las minas La precaución y El Milano por no existir escorial franco, dos  años después se hace con la propiedad de la mina Fuensanta.

En 1863 visita nuestra ciudad el historiador, periodista y escritor demócrata Emilio Castelar, dos años antes de su exilio a Francia tras ser condenado a muerte por el régimen de Isabel II.

En el banquete que se ofreció en su honor, hubo varias intervenciones en los brindis tras los postres. El señor Piseti, padre político del malogrado poeta Monroy, brindó por el amigo de su llorado hijo. Nuestro personaje, don Nicolás del Balzo, liberal de los llamados “intransigentes”,  se extendió en su discurso sobre lo que debían ser las Cortes españolas para vencer rápidamente a todos los que oprimían al pueblo. Habló también don José Prefumo, periodista y jurista, republicano, de los “benévolos” del mismo partido que Castelar. Este encuentro era solo el prólogo de una encarnizada enemistad.

En 1868 aparece en Cartagena un nuevo periódico: “El Huracán” del que  “El Eco de Cartagena”  dice  “Contando con poderosos elementos de vida  y entre ellos, según de público se dice, con la protección del Sr. D. Nicolás del Balzo ” a lo que los redactores  del Huracán responden  que “la protección que nos dispensa el Señor D. Nicolás del Balzo es un hecho, pero un hecho que le coloca á la altura de sus antecedentes políticos, que acredita su consecuencia, y le hace acreedor á las simpatías del pueblo cuyos derechos ha defendido”

El periódico de marras calienta el ambiente  con sus artículos, y los  denominados  Voluntarios de  la Libertad con Del Balzo a la cabeza  la calle. Provocando  enfrentamientos  con los seguidores de Prefumo.  “…se reprodujeron  los motines, entablándose entre los partidarios de uno y otro verdaderas batallas campales, siendo la más sensible por sus consecuencias,  la  que  se  libró  en  la  calle  Mayor.  Con  la  prisión  del  Del-Balzo,  cesaron  las  contiendas por algún tiempo…”.

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