La censura escrachista de nuestra lamentable dictocracia cutre

Juan Mariano Pérez Abad | La Democracia es un valor supremo de la convivencia que se basa en la capacidad de todos los individuos que forman una sociedad para aceptar opiniones y criterios diferentes a los propios y acatar los de la mayoría. Se cimienta en valores como la tolerancia, el respeto a las reglas de convivencia y la capacidad para escuchar y tener en consideración opiniones y argumentos contrarios a los que defendemos. Sus valores representan el lado más noble y racional del Ser Humano.

El polo opuesto es el Totalitarismo, que es el sistema de organización social más primitivo. Es el que representa la ley de la selva, nuestro lado animal, el principio de Plauto el romano de que “el hombre es lobo para el hombre”. Es ese sistema organizativo en el que, por encima de las normas, todos tienen que acatar sin rechistar el ordeno y mando del más fuerte.

La mayoría de los españoles andábamos convencidos de que vivir en un estado democrático de derecho, pero nuestra capacidad racional es imperfecta porque se guía por la apariencia y las palabras, en vez de por los hechos, lo que nos hace presas fáciles del engaño. Como todos sabemos, los lobos que no se disfrazan de cordero pasan hambre, así que los totalitaristas no dudan en utilizar el engaño para dominarnos. Desde el pan y circo de la antigüedad clásica, el arte del engaño político ha avanzado enormemente hasta convertirse en un auténtico arte dramático, el que nos ofrece la moderna Ingeniería Social en el escenario político actual. Para no dejarnos cegar por estos maestros del engaño y poder ponerle a cada lobo su bozal, es necesario que aprendamos a analizar la realidad a través de las cosas que hacen nuestros políticos, en vez de las que nos dicen.

El primer síntoma de Totalitarismo es la Censura, por eso la Libertad de Prensa se considera un Derecho Fundamental. Los regímenes abiertamente dictatoriales la ejercen a cara descubierta, pero son perseguidos como lobos, señalados y relegados por la Comunidad Internacional. La auténtica Democracia cuida que sus ciudadanos gocen de completa libertad de expresión, restringiendo únicamente la divulgación de aquellos contenidos que atenten contra la legalidad.

Pero la realidad nunca es blanca ni negra, sino que siempre se sitúa en ese amplio espacio intermedio de la escala de grises. Por eso, inevitablemente, incluso en los más nobles regímenes democráticos, la Libertad de Expresión puede verse enturbiada porque el veto de la legalidad no siempre está claramente delimitado y a menudo se ve distorsionado por los contorsionismos interpretativos de los que sostienen la sartén por el mango.

En el otro lado del espectro de grises están las Dictocracias. Son países gobernados por lobos totalitarios, pero vestidos de cordero democrático, que restringen Derechos Fundamentales, aplican Leyes Mordaza, controlan la Gran Prensa y penalizan opiniones contrarias a su ideología (en este caso la de Género) escudándose en argumentos que contradicen la lógica más elemental, como la Discriminación Positiva o la Memoria Histórica. Probablemente, España sea el mejor ejemplo de Dictocracia en el mundo.

Pero cuando la Verdad y la Libertad van cogidas de la mano, siempre terminan abriéndose paso, burlando la censura y obligando al lobo a poner a prueba su camuflaje. Para intentar controlarla evitando el riesgo de quedar al descubierto actuando en primera persona, los Lobos del Poder tienen que recurrir a la cutre lucha arrabalera, utilizando jaurías de esbirros para ladrarle a sus oponentes y hacerles un “ESCRACHE”.

Ayer le tocó ladrar a Nadia Otomani, depredadora de subvenciones que se disfrazaba de cordera feminista para cosechar más dinero para su Asociación de Mujeres Marroquíes “Al Amal” (o para no tener que devolver las que le reclamaban) No se fue a protestar a una mezquita, sino al Ayuntamiento de Madrid, para “escrachear” una intervención en la que se pedía el cese del despilfarro en las subvenciones descontroladas a asociaciones como la suya

¿Lamentable?

Lo realmente lamentable es que el Aparato Propagandístico del Régimen, sufragado con dinero público y disfrazado de Gran Prensa de difusión nacional, nos presenten como “Heroína” a una “escrachista” que ha saboteado la libertad de expresión de un cargo electo en un acto público. Lamentable que los Esbirros de Seguridad no la detuvieran o la multaran, como me hubieran hecho a mí si hubiera interrumpido al representante de cualquier otro partido en cualquier acto público. Pero lo más lamentable de todo es que la mayoría de los representantes políticos la Institución en la que se produjo el escrache tenga la desfachatez de votar a favor de una Reprobación contra la víctima del escrache, en vez de hacérsela a la agresora.

Analizando este triste episodio a través de los hechos, en vez de las palabras, queda demostrado sin lugar a dudas que los Políticos del Régimen son los que están detrás de los escrachistas que están invadiendo nuestra vida pública. Los envían a ladrarles a todos los que reclaman libertad para expresarse, cuando el Aparato Propagandístico no ha conseguido hacerles callar señalándolos como políticamente incorrectos, extremistas o directamente como “fachas”. Queda claro que los políticos que ocupan el poder en España no son demócratas, sino lobos disfrazados a los que no les importa utilizar a sus jaurías arrabaleras para silenciar a los disidentes que no se quieren callar.

Es triste y lamentable volver a comprobar cómo ha caído nuestro país al nivel más cutre de las Dictocracias.