El Coro de Vox

La Colleja

El Zorro | Opinión | Política | Cuando, por los graves errores del bipartidismo, más la corrupción desangrando a las clases humildes y media y las promesas falsas sobre un paraíso idílico, salió PODEMOS emergiendo de los barrios, pedanías, universidades y la España vaciada de reformas, nadie puso un pero, y nos alegramos que hubiera nacido ese movimiento social fruto de la imaginación de «esos jóvenes falangistas» como los llamaba Felipe González. Pero en tres años nos dimos  cuenta de que el director de la orquesta era un personaje inquietante, PABLO IGLESIAS, que ya no ofrecía un paraíso sino el cielo entrando a patadas, que depuraba a su gente y sobre todo que ofrecía destruir a los «viejos» del socialismo y la izquierda acomodada del comunismo, pero se observó que por encima de estos objetivos Podemos y sus mareas llegaron para destruir a la joven democracia española y sustituirla por un régimen autoritario personal como se estila en la América Latina, desde hace siglos a la greña. Nos engañaron y ahora sigue en retroceso pero sibilinamente, para salvar la cara y las rentas, dando ideas a Pedro Sánchez para incluirse  en un gobierno socialdemócrata, con insistencia enfermiza, hasta tal punto, que en la noche  electoral, conocidos ya los resultados, se volvió a ofrecer como salvador, sin sonrojo y mucha soberbia. Se ha quemado como se ha ahorcado  Albert Rivera por sus cambios bruscos de estrategia yendo del si -si-si al no es no. La caída ha sido vertical, pero no tanto como la de Podemos y sus compinches separatistas.

Ahora, en el cielo tormentoso  de la sociedad española ha surgido un nuevo partido, VOX liderado por Santiago Abascal, como resultado de la explosión separatista alentada por amplios sectores de la izquierda española, incluyendo el partido socialista catalán en connivencia con Moncloa, pero sin duda con la intención florentina de restar votos a un PP que no acaba de sacudirse algunas pulgas y hasta elefantes de su reciente pasado corrupto. Pedro Sánchez irrefrenable en sus ansias megalómanas de dormir mucho tiempo en el colchón de la Moncloa, terminó montando un espectáculo escabroso con la exhumación del general Franco, por consejo de la vicepresidente, la feminista radical y sus asesores llegados  del oscuro mundo  del radicalismo guerracivilista que inventó Zapatero, abriendo heridas, brechas y hasta túneles en unos momentos delicados para el pueblo español. Lograron cabrear a tres millones de españoles en estas elecciones, no solo por el modo de enterrar al dictador, un espectáculo, en plena campaña electoral, sino como en otras naciones europeas –lo hemos apuntado en nuestros digitales algunas veces– a amplios segmentos sociales del mundo del trabajo, de la baja clase media y el pésimo modo de tratar el  problema catalán, ya un golpe en marcha y por etapas– produjeron reacciones emocionales que motivaron la salida al ruedo ibérico de VOX, que ya existía aparcado en el punto de salida. Y el aumento de la pobreza.

El terremoto fue de grado ocho y la lava comenzó a comerse el espacio de otros partidos y sus pesebres, ante la alarma interesada de medios informativos, entre ellos el diario ABC que en el 36 fue incendiado por los abuelos de los anarquistas y la colaboración del creciente partido comunista hoy mimetizado de nacional-populismo que ha metido fuego a media América del Sur y del Centro.

En mi modesto criterio, y larga experiencia, VOX que ya ha superado una dura prueba contra viento y marea, sin renunciar a sus principios debería modificar su estrategia —  ya lo hace exhibiendo solo banderas constitucionales algo que no hace ningún partido de izquierdas, error porque en los países de corte comunista, socialista y liberales, se hace. Digo y tenemos pruebas concretas  que dado su programa  casi idéntico al que redactamos en el PADE, fundado por Juan Ramón CALERO, que apuntaba más carga social–liberal y menos sentido de enfrentamiento, tienen que poner en marcha, en esta segunda etapa, la de VOX, una oposición más serena que no quiere decir, que sea menos eficaz, sobre todo en el Congreso de los Diputados. Estrategia ya puesta en marcha en otras naciones europeas menos en Francia y Polonia, y Hungría. Y no entrar  al viejo trapo de las derechas y las izquierdas que en España ha terminado en choques y violencias, estas distinciones han caducado.

La posición de VOX en el campo político erizado de trampas y un maniqueísmo esquizofrénico ha de ser la de un partido que está por encima de las banderías, los negocios políticos, los pesebres corrompidos y esa mafia blanca  en donde se esconde el verdadero poder oscuro y dinamitero, una formación defensora de los valores humanos, sociales, económicos decentes, de la unidad nacional sin rendijas y recuperar una política exterior eficaz, en fin entrar en una operación contra el maniqueísmo y el sectarismo así como combatir para  establecer una cultura política estable que dé fuerza moral a los ciudadanos.

La elección, la disyuntiva, es permanecer y no terminar como la UCD, Ciudadanos y a corto plazo los guerrilleros de Pablo Iglesias, con su cuartel general en el famoso chalet de Galapagar, es decir, ejemplaridad en la conducta personal y política. No nos podemos permitir ser uno de los países europeos con mayor corrupción ideológica y moral. No, y lo vamos a ver, de nuevo, en la teórica investidura del sanchismo interino.

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