«La Alcaldesa»

La Colleja | La alcaldesa… que desprestigia a Cartagena en virtud de pacto que ha herido  a los socialistas que viven momentos complicados, y por su falta del carisma que necesita la Ciudad Departamental de renombre internacional, con su historia  que tiene más futuro que presente. Una esperanza en standby.  Está en la calle. Sigue el ruido de protesta larvada. Se murmura el bajón local.

El sábado, en todo el apogeo del monumental atasco de la política más sucia de la Unión Europea, salvo las locuras italianas, a todos los niveles, municipal, regional y nacional, y por elevación, europea, que ha desembocado tumultuosamente en cuatro elecciones legislativas, en cuatro años, le preguntábamos, con premeditación y una pizca de alevosía, a nuestro referente y asesor áulico, la pregunta que está en la calle silenciada ¿qué está pasando, qué está ocurriendo, maestro? La respuesta, calculada de un veterano mental fue muy fotográfica, visual «ya lo estamos viendo, y escuchando». Santas palabras.

Veo y oigo  llorando un diluvio de agua en un desierto de palabras sensatas, y hasta de lágrimas de impotencia serena, el gesto bronco y desabrido. Efectivamente, estamos en manos de los peores y ‘peoras’, asentados en Madrid y diecisiete territorios quebrados en sabiduría y dinero. Parlamento, Gobiernos, partidos, sindicatos políticos y medios mediatizados. También en nuestra Región, donde ya se grita VIVA MURCIA, CABRONES, tambaleándose las tierra de nadie, nadando entre riadas anunciadas cruzando los secarrales, semidesierto, con jueces y fiscales que denuncian una parálisis procesal sin precedentes, y filas largas, colas sociales  de parados y gente, una multitud en los umbrales de la pobreza permanente en esta cuesta de setiembre más dura que la legendaria de enero. Las pagamentas, las hipotecas, los colegios, los libros, el veraneo, los impuestos  partidos que se muerden la cola.

Llueve, diluvia, cae agua a mares y la región se desmorona   y las gentes están en las calles, y los umes, los poli, los civiles y el pueblo, achicando, arrimando el hombro con el alma. Ella lo sabe, está informada, se ha hecho las fotos y ha posado ante las cámaras. Ahora toca risas, a la fresca y se refugia, agotada, en la fiesta de amigos, con el paraguas del trabajo bien hecho, es lo que cree ella, para eso cobra ocho mil euros largos, demagogia mentarlos, pero adorna su ambigüedad calculada, como cuando firmó un pacto con la rubia que denostaba al socialismo familiar, a la deriva, roto, en apuros.

O nos llega una gallega enchufada o una falsa socialista que se entrega por treinta monedas, cambiando el legado de su partido por un sillón que ya le quema. Traiciona a todos, hasta a las urnas. Un acto de fascismo feminista ultra. Total el voto vale para todo, para violar una Democracia y ayudar a subir al carro municipal a los débiles de espíritu y ricos con esclavos, con la ayuda clave de la derecha conservadora, la caciquil que ha reinado tantos años en la ciudad de Cartagena. Pobre, nos das lástima, querida alcaldesa postiza.

  • EL ZORRO.

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