Jarabo, el asesino más famoso de España, y la envenenadora de Valencia murieron en el garrote vil.

60 AÑOS DE LAS DOS ÚLTIMAS EJECUCIONES POR LA JUSTICIA CIVIL

Juan Rada | Opinión | Relato | Ahora se cumplen seis décadas de los últimos ajusticiamientos en nuestro país por sentencias emanadas de la justicia civil. Sus protagonistas, José María Jarabo, el dandy que asesinó a cuatro personas, y Pilar Prades, condenada por matar a una mujer e intentarlo con otras dos. Posteriormente habría otras ejecuciones, mediante garrote vil o fusilamiento, pero tras consejos de guerra.

   En 1958 El Caso batió el record de venta en la prensa nacional. En una mañana vendió 480.000 ejemplares. La rotativa no daba más de sí. El papel, cuya adquisición el Gobierno autorizaba por cupos de bobinas, se agotó. Hasta entonces Marca ostentaba el record, con 300.000 copias que vendió tras el famoso gol de Zarra a Inglaterra en los Campeonatos Mundiales de Brasil.

   El protagonista de la nueva hazaña, no deportiva sino criminal, fue un nombre que ha hecho historia: Jarabo. Las andanzas de este playboy conmocionaron al país. Perteneciente a una distinguida familia madrileña y emparentado con destacados miembros de la judicatura, era todo un bont vivan. Derrochaba el dinero a manos llenas en juergas, mujeres y drogas. Blasonaba con actitud chulesca de su españolidad y cercanía al régimen.

Portada de El Caso que, con los crímenes de Jarabo, batió el récord de venta en la prensa española.

GOLFO Y CRIMINAL

   Tras dilapidar en un corto espacio de tiempo quince millones de pesetas de los de entonces, su acaudalada familia le recortó los envíos puntuales de dinero que le efectuaba desde Puerto Rico. En una ocasión empeñó por tan sólo cuatro mil pts. un anillo perteneciente a su amante británica Beryl Martín Jones. Cuando quiso recuperar el valioso solitario a petición de ella, dado que estaba casada, los prestamistas le exigieron una autorización escrita de la propietaria, que había vuelto a su país. Acudió con la carta, pero los usureros aprovecharon para exigirle cincuenta mil pts. en alhajas. Como no disponía de tal cantidad quedó en regresar al cabo de unos días. No le devolvieron la sortija y encima se quedaron con la misiva de la mujer.

   El día de la cita decidió actuar de forma contundente. Se dirigió a la vivienda de uno de los fiadores, Emilio Fernández. Le recibió Paulina Ramos, la criada, a la que se presentó como inspector de Hacienda. Ésta le dijo que el señor estaba a punto de llegar, por lo que podía esperarle en el salón. Al poco Jarabo fue a la cocina en busca de la empleada. Le asestó por detrás un fuerte golpe en la cabeza con la plancha. La joven intentó defenderse, pero el agresor se hizo con el cuchillo con el que estaba pelando legumbres y le partió el corazón de un certero tajo.

   Apareció el propietario y, desconocedor de lo que había sucedido, se dirigió al lavabo. El visitante le siguió sigilosamente y le descerrajó un tiro en la nunca con una pistola envuelta en una toalla para amortiguar el ruido.

   El sonido de unas llaves girando en la puerta le puso en guardia. Era la esposa del difunto. Otro disparo en la cabeza acabó con la vida de Amparo Alonso, que estaba esperando un bebé.

   Como habían dado las doce de la noche y el portal estaría cerrado optó por quedarse a descansar, con la macabra compañía de tres cadáveres aún calientes. Se dedicó a recomponer la escena del crimen, borrando huellas y tratando de simular un motivo pasional. Colocó varias botellas sobre la mesa del salón y manchó de carmín el borde de las copas. Rasgó la bata y prendas interiores de la sirvienta, dejándola media desnuda. Registró a fondo la vivienda. No halló lo que buscaba: la sortija y la carta comprometedora, pero sí la llave de la tienda de empeño.

   El lunes por la mañana, a primera hora, se dirigió al establecimiento Jusfer. Tras abrirlo se ocultó en el almacén, a la espera del otro socio, Félix López Robledo. Cuando apareció, lo mató de un tiro en la nuca. Después efectuó un minucioso registro, sin éxito alguno. Cuatro asesinatos para nada. Se llevó algunas joyas para aparentar un robo.

   La Policía dedujo que, a causa de la gran cantidad de sangre derramada, el asesino se tuvo que manchar el traje. Un equipo de la BIC recorrió todas las tintorerías de la capital en su busca. Al poco se recibió la llamada telefónica del propietario de una ubicada en la calle Orense comunicando que un cliente habitual les había llevado para su limpieza cierta ropa que podía ser la que andaban buscando. Lo detuvieron cuando, en compañía de un par de golfas, acudió para recogerla, ingresando en la prisión de Carabanchel.

   Reconoció la autoría de los crímenes. Fue juzgado en la Audiencia Provincial de Madrid en medio de una gran expectación. Trató de mostrarse como un caballero español, algo de lo que blasonaba siempre. Condenado a muerte, acudió al patíbulo vestido de gala. Tenía 36 años.

   De constitución fuerte y cuello poderoso, tardó en morir 20 minutos en un lento proceso de asfixia. El verdugo, Antonio López Sierra, alias El Corujo, era bastante débil físicamente, estaba bebido –algo habitual en su profesión cuando ajusticiaban a los condenados– y no acertaba a rematar su trabajo.

   En el cementerio se produjeron incidentes al circular el rumor de que no había sido ejecutado gracias a sus influencias en la judicatura. El comisario, al enterarse del runrún de que en el ataúd iba el cadáver de un gitano, sacó la pistola y obligó a los empleados del camposanto a abrir el féretro para desmentir el bulo. Era el cuatro de julio de 1959.

Pilar Prades ambicionaba triunfar en la vida y para ello no le importó utilizar el veneno.

FRUSTRADA Y ENVENENADORA

   Ha habido numerosas expertas en caldos y tisanas, debidamente aderezadas con algún tipo de ponzoña, que han acabado con la vida de numerosos infelices. Muchas más de lo que la gente cree. Precisamente una de ellas, Pilar Prades Santamaría, fue la última mujer ajusticiada en nuestro país. Unos meses antes de que muriera Jarabo.

   Nació en Begis (Castellón), en el seno de una familia humilde. Perdió a su madre cuando era pequeña. Con doce años abandonó el pueblo para trasladarse a Valencia. Dejaba atrás una desgraciada infancia en la que se había dedicado a tareas del campo. Era analfabeta y se tuvo que colocar en el servicio doméstico.

   No muy agraciada físicamente, de poco más de metro y medio de estatura, introvertida, de gesto y mirada extraña, no duraba mucho en los hogares. Llegó a cambiar de trabajo tres veces en un año.

   Se fue haciendo mujer en medio del rechazo de los hombres, aunque confiaba en conseguir uno para toda la vida. Estaba dispuesta en no reparar en medios para ello.

   Tuvo una rápida carrera criminal. En poco tiempo mató a una mujer para sustituirla en la tienda y en el hogar, tratando de juntarse al viudo. También envenenó a su amiga Aurelia, porque las dos se habían enamorado del mismo joven, y a la esposa de un militar médico en cuya casa estaba sirviendo. Estas dos últimas salvaron la vida, pero quedaron con graves secuelas. Puede que lo intentara con más señoras.

   Siempre se declaró inocente. Pero la policía descubrió en su habitación una botellita de Diluvión. Un matahormigas a base de arsénico aglutinado con melaza, que confería un sabor dulzón a las tisanas que prepara a sus víctimas. En el envase figuraba una calavera con dos tibias cruzadas y, debajo, la palabra veneno. No había lugar a equivocación. Existía premeditación en los crímenes.

   Pena de muerte al ser considerada culpable de tres asesinatos, uno consumado y dos en grado de frustración. Tras que el Tribunal Supremo confirmara la sentencia, como último recurso se solicitó el indulto al jefe del Estado. No se le otorgó dicha gracia.

   La ejecución alcanzó tintes esperpénticos. El verdugo no acertaba con el garrote vil y sufrió mareos. Tuvieron que emborracharlo para que cumpliera su cometido. «¡Soy muy joven!, ¡no quiero que me maten!», suplicaba ella. Tenía 31 años.

Juan Rada explicando en un plató de TV el uso de un garrote vil que se conserva en Madrid.

   Vuelta y media de manivela fue suficiente para romperle el cuello y acallar definitivamente sus gritos desesperados. Era el 19 de mayo de 1959.

   El sayón que accionó el torniquete también fue en esta ocasión el Corujo. Terminó su carrera en 1974 como agente judicial ejecutor de sentencias –llevó a cabo 17– poniendo fin a la vida del anarquista Salvador Puig Antich.

   El garrote es de origen francés, al igual que guillotina. Consiste en un collar de hierro que, por medio de un tornillo con una bola al final, retrocede hasta romper el cuello. Cuando no se hace de modo correcto provoca el estrangulamiento, con lo que la agonía se alarga terriblemente.

   Se implantó en España en tiempos de Alfonso X el Sabio, que lo estrenó con su hermano, y fue adoptado por el Tribunal de la Inquisición, haciendo famosa en todo el mundo a esta máquina de ajusticiar. El rey felón, Fernando VII, hizo oficial su uso con la falsa excusa de que era un método más humano que la horca o la decapitación. Desde entonces cientos de españoles fueron ajusticiados en este aparato.

Juan Rada, breve reseña biográfica: Veterano periodista de investigación y escritor criminalista. Licenciado en Ciencias de la Información, por la Universidad Complutense de Madrid, y graduado en Periodismo, por la Universidad de Navarra. Titulado superior de la Administración del Estado

Especializado en crónica negra y misterio, ha intervenido en TVE en ‘Las claves de El Caso’, ‘Ochéntame’, ‘Informe semanal’, ‘La mañana’, ‘Gente’ y ‘El documental’. También en Cuatro (‘Cuarto Milenio’), La Sexta (‘Historias de malos’, ‘Equipo de investigación’ y ‘Más vale tarde’), Telecinco (‘El programa de Ana Rosa’ y ‘Vuélveme loca’), Antena 3 (‘Lo que la verdad esconde’ – Caso Urquijo), Trece (‘Detrás de la verdad’), Telemadrid (‘Tras la pista’, ‘Rastreadores de misterios’ y ‘Madrid Directo’), Onda 6 (‘Casos sin resolver’), así como en Mega, Energy, Canal Sur, La Otra, Canal Extremadura TV, etc.

     Ha participado en las películas documentales ‘Dos crímenes por semana’ y ‘El lápiz y la cámara’.

     Desde hace varias temporadas interviene todos los viernes en Radio Nacional (‘Esto me suena’); también en otras importantes emisoras. Publica artículos en diversos periódicos y revistas.

      Se inició en la profesión a temprana edad. Director de los diarios El Telegrama de Melilla y El Noticiero de Cartagena;  jefe de redacción de Línea (Murcia) y redactor de La Voz de Castilla (Burgos) y La Voz de Almería; trabajó también en La Gaceta del Norte (Bilbao) y Diario de Navarra. Director del semanario El Caso. Corresponsal de la agencia Europa Press. Subdirector de los servicios centrales del organismo Medios de Comunicación Social del Estado (integrado por 40 diarios). Ha dirigido otras publicaciones como Gaceta de PrensaProfesionales y Cuadros, etc.

      Autor de nueve libros y varios guiones de ‘tv movies’. Pronuncia conferencias sobre crónica negra y misterio en favor del Banco de Alimentos y de otros fines solidarios. También en Marruecos, dentro de las Jornadas de Difusión de la Cultura Española.

     Ha ganado varios premios periodísticos. Esta condecorado con la placa al Mérito Criminológico y la medalla al Mérito Profesional por la Asociación de Diplomados y Profesionales en Criminología e Investigación. Cruz de oro de la Agrupación Narváez (AA. Guardia Civil). Comendador de varias Órdenes de Caballería.

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