“Haciendo Región” (Fabricando Un Mito)

José Luis Sánchez | Opinión | Cartagena | No hace mucho que estuvimos intentando comprender el significado de la palabra “Región” en estas mismas páginas. Entonces, caímos en la cuenta que una región no tiene un tamaño determinado; puede ser grande o muy grande y como ejemplos encontramos La Mancha, Las Tierras del Ebro, las dos Andalucías o la nuestra; Levante.

También vimos que las regiones estaban compuestas por comarcas que a su vez conformaban las provincias, dándose el caso que dentro de una misma provincia había comarcas que pertenecían a una región y otras a la vecina, ejemplos de esto lo vemos en Almería, Tarragona, Albacete, Barcelona o Gerona.

En el Diccionario de María Moliner en la voz “Región” nos dice: “En España, cada una de las ciertas divisiones territoriales que tienen valor histórico o geográfico, pero no administrativo; ya que la división administrativa es en provincias, de las cuales cada región  comprende generalmente varias.” Luego administrativamente hablando, el concepto  “Región de Murcia” empieza a hacer aguas.

Por todo lo visto, el término “Región de Murcia” tan solo es correcto si se tratase de una afirmación, es decir, que en caso de existir esa región inexistente, que se afirma que existe dentro de la Región de Levante, ese territorio, o al menos su riqueza, pertenecen a Murcia, a la ciudad de Murcia más concretamente. Así la “Región” es de Murcia, como prácticamente así es desde el minuto uno de aquel 9 de junio.

Desestimado el nombre “Región” para definir una Comunidad autónoma uniprovincial, Y dado que no queda muy elegante llamarla Comunidad Autónoma de Murcia, nos centramos en el “apellido”.

Supuestamente la Comunidad ha de llevar el nombre que basándose en su entidad histórica aporte el sentido a una identidad: la de sus ciudadanos. Según reza la Constitución Española,  la denominación de la Comunidad debe ser la que mejor corresponda a su identidad histórica.

Sería lógico pensar que la antigüedad deMastia.La importancia de la capital cartaginesa en Hispania; QuartHadast. O la de la romana Cartago Nova como capital de una de las cinco provincias en que Roma dividió la Península. Sería  suficiente para vislumbrar cual debería ser el nombre de nuestra Comunidad, tal como hicieron galaicos, astures, cántabros o vascones. Pero de no ser esto suficiente, también podríamos apelar a la capitalidad bizantina de Cartago Espartaria, que tampoco se ha aplicado aquí, aunque curiosamente, lo que no vale en esta Comunidad si vale en la vecina, y  así el Campo Espartario que no da nombre a nuestra comunidad, si lo hace a la vecina de La Mancha, a la que los árabes llamaron Manxa, que traducido a su idioma significa “Campo de esparto”.

Pero… ¡con los moros hemos topado!

En esta época dorada de la historia de esta tierra, un Abderraman de los cinco que hubo, supuestamente el segundo, funda Mursiya e ipso facto la convierte en capital. Esto ocurrió en el año 825, aunque hasta dos siglos después no se haya encontrado evidencia de poblamiento alguno, de ahí el gran esfuerzo económico (15 millones de euros) en buscar en el solar de San Esteban algo anterior a aquel siglo XI en que se empezaron a perder monedas y romper tiestos en Murcia.

El Patrimonio es la piedra angular de la identidad de un pueblo y, si a patrimonio histórico nos referimos, gana de goleada el cristiano sobre el árabe. ¿Quizá nuestra identidad no sea tan árabe como nos hacen ver?… ¡Con la Iglesia hemos topado!

Hemos topado con esa Iglesia que tuvo según la tradición su primera diócesis en Cartagena en el siglo I, teniendo como primer obispo al Apóstol Santiago. Con esa Iglesia que tuvo su Sede Primada hasta el siglo VI en Cartagena, hasta que un rey visigodo la trasladó a Toledo. Con esa Iglesia que restauró, una vez reconquistado nuestro territorio, la antiquísima Diócesis de Cartagena, declarándola el Papa, Diócesis Exenta, es decir dependiente solo del Vaticano.

Esta condición de diócesis exenta impide que nadie, ni un rey pudiera disponer del destino de la diócesis y su obispo, por eso “El Papa Nicolás IV trasladó la sede a la ciudad de Murcia en 1289, a lo que se sumó la autorización real de Sancho IV en 1291 estableciéndose la Catedral en la Iglesia de Santa María la Mayor de Murcia”tal y como podemos leer en la página web de la Diócesis de Cartagena. Aunque la verdad de los hechos fuera muy distinta; ni el Papa autorizó el traslado, ni el excomulgado rey Sancho se sumó a nada, más bien se le sumaron a él, ni se pudo, ni se puede, ni se ha podido sin bula papal,establecer catedral alguna en ninguna ciudad de la Diócesis que no fuera o sea Cartagena.

Otro botón de muestra de la importancia de Cartagena para la Iglesia, para la de fuera de su diócesis, la tenemos en la existencia hasta principios de 2015 de las 7 provincias franciscanas en España. Estas provincias eran la Bética, de Castilla, de Cataluña, de Granada, de Valencia-Aragón-Baleares, la de San Francisco Solano y la Provincia Seráfica de Cartagena.

Por todo esto, si nuestra identidad fuese condicionada por nuestro pasado cristiano, el nombre de esta Comunidad quizá debería ser otro. Como curiosidad, decir que, mientras el Obispo de Cartagena se sentó en la silla que debía, once de estos obispos alcanzaron la santidad, después, no solo ninguno subió a los altares, sino que dimos al mundo uno de los peores papas de la Historia; el Papa Borjia. ¿A ver si en el pecado va la penitencia?

Pero volvamos a ese milagro de la geografía, o como encajar al milímetro dentro de una provincia una Comunidad Autónoma, una región y una diócesis. Trabajando duro para dar una única identidad cuajada de “murcianía” a sus gentes, gentes que en el norte se identifican más con sus vecinos alicantinos que con los murcianos, llegando en algunos sitios a hablar en valenciano. ¿Y qué decir de la gente que vive pegado al mar? Águilas, Mazarrón, Lorca, Cartagena. “Murcianía”;cero.

Por esto es encomiable los múltiples esfuerzos de nuestros gobernantes por dotarnos de una identidad única y cimentada en torno a un topónimo: Murcia.Empleandopara ello todos los medios que todos los habitantes de esta Comunidad Autónoma ponemos en sus manos.

El cómo y cuánto cuesta regalarnos ese “sentimiento de orgullo regional” lo iremos descubriendo juntos. Pero si piensan que eso lo estamos pagando nosotros solos, no sufran, la “Europa de la regiones” nos está echando una mano a moldear nuestra historia y si hace falta a borrar episodios que no cuadran con nuestra ansiada y aun no asumida IDENTIDAD.

Autor: José Luis Sánchez © 2018 – Texto bajo licencia Creative Commons 4.0

3 comentarios en ““Haciendo Región” (Fabricando Un Mito)”

  1. Muchas gracias Tudmiro por leer el artículo y por tu comentario. Artículo que no quiere hablar de pasado, sino de futuro, de igualdad y de justicia. El paseo por la Historia tan solo quiere apuntalar la idea de la incorrecta elección del nombre de nuestra Comunidad en base a su importancia histórica en cada momento del pasado y, aunque puedas creer que reivindico un nombre concreto, no es así. En un próximo artículo animaré a todos a encontrar un nombre que nos represente a todos, no solo a un tercio o a un quinto del total de la población.
    Si quieres renunciar a tu pasado, o a parte de él, ese es tu problema Teodomiro. Si de ser el Duque Cartaginense, uno de los ciudadanos de Hispania más poderoso, prefieres pasar a ser vasallo del “infiel” invasor que, para empezar te quita a Dios del nombre (Teo), Tudmiro, sin duda será porque piensas que es más ventajoso para ti renunciar a un milenio de historia y poner el reloj a cero en una identidad histórica ligada a una cultura con otros credos y costumbres. Identidad que no es la mía ni la de miles de mis paisanos.
    Sigamos buscando el futuro, esta vez cimentado en la verdad.

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  2. Absurdo razonamiento el del artículo. Galicia, Asturias y el resto de comunidades (salvo 3) no es que escogieran el nombre “que mejor correspondió a su identidad histórica”, sino simplemente adoptaron el que ya tenían, porque ya existían como regiones antes de 1978, aunque sin autonomía. Y las 3 que no lo hicieron (Rioja, Cantabria y Madrid), fue básicamente porque no existían con anterioridad al pertenecer a otras regiones históricas, como eran las Castillas. Regiones que, siguiendo el razonamiento del artículo, tampoco serían históricas porque en tiempos del Bajo Imperio romano estaban dentro de la “carthaginense”. Por lo que ¿Castillas (nacida como reino en el 1065) es también cartaginesa?. ¿Y por qué no todos “tarraconenses”, que era la provincia anterior al bajo imperio a la que pertenecíamos? Pero es que luego, entre el resto de topicazos cartageneristas que hacen que más parezca un discurso de Cucurull, viene diciendo que en Águilas y el resto de la costa no se sienten murcianos. ¿Acaso no se acuerda usted de Paco Rabal, dónde nació o como se sentía? Porque yo sí.

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