“Fló Y Despeñaperros” (Día Uno)


Fló | Relato | Cartagena | A los pies de la Muralla junto a las antiguas puertas de San José, en el bosquecillo de ficus, delante del lienzo de piedra estaba ella. Joven y juncal, vestía unos legins negros, botas de Infantería de marina de las antiguas, de las que todos recordamos. De las botas sobresalen unas calcetas color morado. Sobre una camiseta rojo carmesí lleva desabrochado un chaleco caqui multibolsillo que  completa su imagen de aventurera del siglo XXI. Todo más causal que casual, como su pelo verde recogido en una coleta lateral. 

La cámara la había buscado a lo largo de su recorrido  desde una hoja de ficus a media altura, descendiendo por las ramas tortuosas del árbol hasta la raíz y siguiendo a esta en su serpentear en superficie hasta desaparecer en el suelo buscando su alimento. Detrás se adivina los sillarejos de la umbría muralla como fondo y delante; ella.

La chica sabe que la cámara le espera, le sonríe y le habla:

Hola a todos, soy Fló. Hoy vamos a investigar sobre un lugar  que aunque se encuentra en pleno centro de la ciudad. Como tantos otros, es desconocido para la inmensa mayoría de todos nosotros, me refiero al Fuerte caballero de San José Sur, o Castillo de Despeñaperros.

Como habréis adivinado me encuentro a los pies de un baluarte de la muralla de Carlos III, concretamente junto al cuerpo de guardia de las “Puertas de San José”

Fló hace una pausa, sonríe y apretando el puño a la altura del pecho exclama ¡Hoy vamos a tomar Despeñaperros!

¿Me acompañan?

La reportera echa a andar hacia su izquierda y la cámara la sigue en paralelo, con las piedras de la muralla como fondo durante unos metros, luego se queda parada y ve alejarse a la muchacha..

¡Vale! -Gritó Isidoro, el director- ahora es cuando esta última imagen se funde con una foto de las antiguas puertas de San José y, entonces –dirigiéndose al historiador-  una voz grave y pausada lee tu texto, ¡vamos! –exclamó con sorna- una voz de caucho como la tuya.  Anda Leandro –prosiguió el director- aprovechando que estamos a la sombra leemos el texto de la voz en off.

Venga vamos –dijo el historiador al tiempo que se sentaba como sus compañeros en una las raíces de un ficus centenario y abría su guion para leerlo en voz alta.

La ciudad de Cartagena y su Arsenal estaban ceñidas por la muralla de Carlos III con un perímetro de unos cinco kilómetros, esta muralla tenía tres puertas; las de Madrid, que se encontraban junto a la actual Plaza de España, las del Puerto en lo que hoy es Héroes de Cavite y las de San José.

¡Eh! ¿lo veis como yo? –Interrumpió Isidoro, el director- mientras la voz en off nos cuenta la historia el plano se va acercando a la foto de las puertas –dijo, mientras parecía enfocar la imagen con ambas manos.

Sigo –apuntó átonamente Leandro- Esta muralla hizo de Cartagena una ciudad inexpugnable.

Las tropas de Napoleón nunca consiguieron poner una bota en nuestro solar, siendo Cartagena, Cádiz y Alicante las tres únicas ciudades no ocupadas por los franceses en la Guerra de Independencia de 1808.

En 1823, sí entraron los franceses en la ciudad tras meses de asedio y dado que los cien mil Hijos de San Luis ya habían restaurado el absolutismo de Fernando VII en España, el general Torrijos rinde con condiciones la plaza a los franceses, ¡que no a los realistas!

Otro asedio más en 1844 por parte del Gobierno de Madrid, aplasta nuevamente el carácter liberal de la población.

¿Tenemos fotos de todo eso? Volvió a interrumpir Isidoro.

Las hay –contestó impertérrito Leandro que siguió leyendo como si nada hubiera pasado- Y llegamos al gran asedio, al de la Republica federal  española que se acantonaba en 1873 entre los muros de la ciudad. La férrea resistencia de Cartagena y sus murallas dejó como resultado la práctica destrucción de la población y posiblemente la certeza de lo peligroso que resultaba para el gobierno de España el cinturón de piedra que hacía de esta ciudad liberal un bastión imposible de conquistar.

¡Bien! –Interrumpió Isidoro que seguía la lectura con otro guion en la mano- ahora después de alguna foto de los cantonales volvemos a la foto de las puertas ¿ok? Quiero la cámara centrada en la torre del convento de La Merced que se ve a través de un ojo de las puertas de San José. Ahora Leandro, termina mientras se abre el campo.

Posiblemente por esto –continuó su lectura el historiador- más que por motivos de ensanche de la población, en 1916 se acabó de derruir o enterrar, casi toda la muralla y sus puertas.

¿Y ahora qué? –preguntó Fló.

Ahora casi es la hora de comer –respondió Isidoro- nos vamos al Mesón Penélope, nos convidamos y rodamos el plano siguiente. No todo va a ser trabajo ¿no?

La cámara que maneja Pencho ha estado haciendo un barrido de la foto mural que ocupa toda una pared del bar. Hace zoom en la torre convento de La Merced que se ve a través de un ojo de la puerta, lo mantiene unos instantes y abre campo. Allí, en el Bar Penélope, delante del mural de esta foto, está la reportera sentada a una mesa de mármol en una silla de madera con un asiático delante.

Fló levanta la mano para señalar a su espalda mientras comienza su dialogo con la cámara y quienquiera que lo vea  – Esta puerta que daba a Levante era de vital importancia y, tal era el tránsito de personas y mercancías que la cruzaban que, a la puerta original de dos arcos hubo de añadirle otros dos arcos más.

Fló hace una pausa, mira la copa que tiene delante, la coge y le da un sorbo a su café asiático, entrona sus ojos y, con cara de satisfacción, levantando altanera la mirada, continúa su perorar: Y el guardián de esta puerta era…  nuestro Fuerte caballero.

La reportera vuelve a remover su Asiático, en silencio levanta la mirada que se centra en la cámara, sin dejar de mirarla deja la cucharilla en el plato junto a la copa, la coge y le da un sorbo, deja la copa en el platillo mientras la sigue con la mirada y, al llegar al plato, esa mirada rebota en la porcelana para volver a quedar centrada en el objetivo,  entonces Fló hace un guiño a su público invitándolo a seguirla a la fotografía que tiene detrás.

La cámara se fija en un arco del mural y hace zoom hasta volver a centrarse en la torre del convento.

¡Genial! – Exclamó Isidoro- arrancando el aplauso y el jolgorio de los parroquianos que se agolpaban al otro extremo del bar.

Por hoy ya basta –añadió el director- quiero la luz de la mañana para los próximos planos.

(Continuará)

……………………………………………………………………

Vista del Castillo de Despeñaperros desde el exterior de la Muralla de Carlos III – Wikipedia –

Anuncios

6 comentarios en ““Fló Y Despeñaperros” (Día Uno)”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s