Robad, Robad, Malditos!


Morpheus/Opinión/Política…“Que no creas en el diablo, no te protegerá de él”… Y parece estar pletórico. No hay día que no veamos trazas de su ‘obra’ en cada rincón del planeta. En cada actitud poseída por un abismo de maldad. El diablo y sus huestes de oscuridad campan a su antojo por cada actuación humana; no en vano, muchos dicen que ese diablo destronado del altar creyente y relegado a la subterráneidad más abyecta y ominosa, se oculta precisamente en nuestra mente. Ese demonio que siembra nuestro corazón con susurros dañinos, es la esencia de una humanidad débil, rendida a la facilidad con que los malos suelen salirse con la suya. Y es tan contagiosa su filosofía animal. ¡Tan endémica!…

“Que no creas en la política, no te protegerá de ella”… O lo que viene a ser lo mismo: “Si no te ocupas de la política, ella se ocupará de ti”. Está clara la asociación mental: el diablo es la política, la política es el mismísimo diablo. En definitiva, ¿Qué es política? Simplemente la vía más rápida, fácil y directa de resolver la ambición personal. Una autopista hacia el infierno de los malvados, la pringosa laceración de la verdad, la credulidad, la inocencia mediante ‘falsetes’ para engatusar y descuartizar al ciudadano, con la única misión de hacer los ‘recaditos’ al amo. Y poco más, salvo claro, su ignominiosa ‘fidelidad’  al pueblo y la ruindad del falso juramento en su toma de posesión. ¿Quién posee a quién? En realidad son ellos los posesos. Juegan al gato y al ratón con los amos, y los amos, que llevan toda la vida jugando con monigotes ambiciosos, se ríen de sus ‘esperpénticas’ pretensiones, diciendo: ¡Ahora estás en mis manos!, has entrado en el noveno círculo del infierno, ¡aquí mando yo!, soy tu dios pagano (de pagar), tu instructor del mambo horizontal. ¡Que empiece el baile!

“Si bailas con el diablo, el diablo no cambia, cambias tú”… Fatídica hora en que algún iluso accede a la mazmorra política. Pobre infeliz, ¡menudo idiota! Jamás volverá a saberse de él. Prisionero de la delicia sin nombre y mil facilidades para hacer realidad un mal sueño, no queda más que bailar con el monstruo que lleva dentro. Una deformidad animal cuyo contacto tratamos de eludir los ajenos al ‘baile’. Danza del poder: golosina que atrapa bocas golosas, ambiciosas, egocéntricas, como quien reparte sillones de alcalde en los dominios de una plantación de cadáveres exquisitos. Es la caza con reclamo para el ego y la mente dispuesta a ser corrompida. ¿Qué tendrá ese sillón que tanto engancha? ¿Qué hay tras su respaldo de poder? Deberían poner un cartel en ese sillón que rezara así: “El poder mata… la vergüenza” O algo similar. Algún día habrían de desflorarte, bailarín de salón. La virginidad y la vergüenza se fueron por el mismo retrete que tu ideal y tu verdad. ¿Verdad? Ya advertimos al comienzo: Si bailas con el diablo, el diablo no cambia, ¡cambias tú! Y has cambiado tanto, y hemos cambiado tanto, que ya no le re-conocemos… Ay!, poder, poder, droga dura del espíritu flácido, cenagoso, ¡turbulento!

"El Infierno" de El Bosco
“El Infierno” de El Bosco

“Las piedras y los huevos no deberían bailar juntos”… Una gran verdad que solemos olvidar muy a menudo. Una frase que tiene tantas lecturas como hechizos dominan los pasos dentro y fuera de la política. Conjuro de meigas ‘chuchonas’ (Chuponas), aunque las brujas no sean brujas sino brujos falderos de sonrisa lapidaria -sepulcral- y beso ocre siempre dispuesto a nutrir el ego irascible. Ay, hombrecillo del camino erecto, cuan fácil resultó retorcer tu paso fugaz. Cuan, cuan facilón has resultado. Avaricia, poder y aplausos, tan sencillo como eso. Los huevos solo sirven para romperlos. En realidad los huevos, o los ‘güevos’, han de quedar colgados en el ropero de esa timba y jugar con la mente en calma. Tipo Zen, y tal. Imperturbabilidad ante el azar, ya lo adver-timos. Y el azar se llama diablo. Piedra, papel y tijera: guía rápida para políticos. ¿Qué hacen los huevos allí en medio? ¡El más estruendoso ridículo! Y, mientras, les entretienen poniendo sus güevos sobre el tapete, y llegan las viejas piedras y los muelen: una sola piedra puede hacer papilla a una legión de huevos novicios y seguir tan ‘pétrea’. Siempre, claro está, que los neo-huevos sean tan gilipollas como para bailar con las rocas. En política pasa continuamente. Ay, estúpidos ‘güevecillos’.

“Corruptores, zorros viejos y zorroclocos”… Poliédrica espiroqueta del mismo entremés: interés. El principio es el final, y viceversa. No hay manera honesta de lidiar con el ‘argumento’. Te miento y te tiento… hace tanto se ideó este invento. Si no entras por el camino de la ambición-adulación, te enseño el modo sobre-natural de triunfar en la vida pública cual selecta ramera. Existen dos clases de personas en ese mundillo, a saber: los zorros y los ‘gallinos’. Los zorros abrieron la senda hasta la cima, pero no necesitan transitar por ella, ya están en la cumbre. Pero urgen a los gallinos para que mantengan despejado el faldón de alpinistas “de por libre”. Y es ahí donde comienza el ‘adoctrinamiento’ de los gallinos, o gallitos: servirás al señor tu Dios, a cambio te abriré el portalón de acceso al mismísimo nirvana. Eso sí, nadie excepto los ‘electos’ pueden penetrar por él; además… ¡Somos familia!: ¿Capisci?… To be continued…

-Morpheus 2018-

“En algunas culturas ancestrales, el alma humana es representada por el huevo…” – Robert De Niro –

 

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