Juan Sánchez | Opinión | Social | Otro año. Nuevo tras el teclado, y eso que prometí no volver a pecar de iluso. Pero heme aquí. Es mi adicción, es el purgatorio. Es ese limbo Heavy-Mental que a nadie sirve, pues nadie es amo o señor de estos renglones salvo servidor. Me consta que liban en ellos algún@s ánim@s descarriad@s -perdón por tanto arrobar la frase, hartito ando de dualidades genéricas y otras soplapolleces de ringo-rango similar- Otro año y tecleteando sin teclas por estos mundos sin voz. Es igual, nadie escucha, nadie parece sentirse agraviado por la demencia altoparlante, más bien balbuceante, susurrante, correveidiles del grandísimo y poderoso cabrón oficial y caballero don dinero. Es igual. Otro año más y servidor no escarmienta de los comemieldas y sus adláteres. Y en ello se van los pulsos, los latidos de un corazón ya viejo y hastiado de creer en los ‘vivos’, cuando mejor estarían entre los muertos. Descabezados y bien muertos.

¿Os habéis fijado que todos los títeres son cabezones? Menudo misterio, parece a cosica hecha. Nada de cabezas normales, no, cabezones, cabezones. Será quizá para cuando rueden sus cabezas que atronen a la multitud dormida y sirvan de escarmiento a futuros títeres, y titiriteros. Títeres de cabeza gorda, cabezones sí, pero con una sola idea en el melón. Innecesario mencionar las intenciones ‘intramelonares’ de los mindangos, barra, mindangas -huyo ahora de arrobar al mindangueo, es mi casi libre elección, ¿no?- Las cabezas están ahí, de torrao presente, presentido, etc, “madres que tenéis hijos: ¡melones!” Decía así el melonero que montaba recova en el patio de la central de Espinardo. Tanta cabeza, cabezones ell@s, pero se notan los hilos que las sostienen. No hay títere consciente de sí mismo. Y si lo está, se calla como un puto y se lo guarda por si llegado el momento ha de usarlo en beneficio propio. Que no, bueno, ya veremos, ya, veremos. La hilatura en el melón termina por tensarse en demasía y el monigote se corta la coleta y se las pira de picos pardos a otra formación político-asquerosa más conveniente, para él. Aunque los titiriteros sean los mismos.

Sí, ya lo sabes, la cosa va de guiñol político. De qué carajo iba a escribir si no. Me tienta, muy de cuando en cuando, garabatear a propósito de la buena gente. Pero eso no lo lee nadie. Y mi ego necesita alimentarse de ‘likes’ y otras farfollas y farándulas sociales para seguir meando fuera de tiesto. Que si no fuera por la vanidad y la otra ‘vaina’ que dan sabor y aromatizan estas líneas, estaba uno que se mojaba el culo en el fango del politiqueo. Ni de coña.  Cómo está el mundo, ¿os habéis dado cuenta? Quién nos dijera hace escasos veinte años que todo giraría en torno al número de pulgares erectos en una cosa llamada internet. Manda cojones electrónicos, eso sí, actualiza tu antivirus no sea que te cuelen un troll, un troyano o troyana que te dejan el perfil hecho unos zorros.

El cuarto poder de otros tiempos está de cuerpo presente. Presenten armas, ¡AR! Bien merecida la espantada lectora general. No se puede, debe, estar en misa y replicando. “O extiendes la mano para que te la embarren de mierda, o te embarras de mierda para limpiar tus manos”. Ostia tú, que frase más guapa, ¿y eso? Eso que lo descifren aquellos que venden su alma por dos chavos robados al patio de butacas. Reinventar el periodismo desde una idea novedosa: ¡Honestidad! Novedosa y revolucionaria, tal cual está la trama de mentiras que se compran y se venden por cariño verdadero, ¡al dinero!

Otro año, y va sumando el tiempo pasado. Los días vencidos, los días soñados, días advenedizos, y esos siempre añorados. Los días que nunca amanecieron, las noches que naufragamos. El agua que nunca bebimos, el sol que incineró los llantos. Otro año, y te acostumbras al dulce de la hiel, y recelas del amargo de la miel. Es mi adicción, ese limbo que me tolera por ser tan poca cosa, un niño grande, insomne en la noche de reyes, expectante aún del ser humano.

Autor: Juan Sánchez – © 2018 – Texto Bajo Licencia Creative Commons 4.0

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