Juan Sánchez | Opinión | Política | La otra mañana tuve el vergonzoso honor de ser testigo del no menos bochornoso encuentro-reyerta de vanidades entre dos representantes sindicales, ‘rojeras’ y presuntamente obreros. La cosa giraba en torno a una nota de prensa que ambos habrían de emitir conjuntamente, pero ambos querían arrimar el ascua a la sardina de sus intereses personales, obviando que no están representando su ego sino al obrero que depositó en ellos la responsabilidad de defender el sudor y el pan de cada día.

En fin, no me pilla por sorpresa tal encontronazo entre responsables obreros. Es la tónica normal desde las filas siniestras que no sociales. Déjate a un lado los sindicatos, que ya tienen bastante pringue colorao en la barriga, y coge por banda cualquier partido presuntamente socialista, socialdemócrata, o incluso comunista, y verás las trifulcas que se montan en sus letrinas. En verdad, no entiendo esa parte de la ‘Zona Roja’, si bien es cierto que no resulta novedoso. Y aún más cierto aquello del divide y vencerás, que tan buenos réditos ha rentado a la ‘Zona Azul’ o nacional, desde que se inventaran estas dos Españas que seguirán per sécula haciéndonos llorar.

Así, las urnas siguen dando voz al desconcierto. Siguen dando cuartelillo a los sinvergüenzas, los podridos y los pancistas serviles del capital y su avarienta ‘normalidad’. El obrero, ahora se cree empresario capitalista porque ganó tres duros justo antes del invento del siglo llamado crisis para lelos; ‘duros’ que resultaron demasiado duros de pelar y revelaron el nivel de ignorancia general y ese bien común llamado codicia sin límite. Duros que salieron caros a la mayoría: duros de a cuatro pesetas que tornaron al bolsillo del amo-inventor y dejaron medio país a ver venir mejores tiempos.

Los amos del juego, dueños y señores de políticos rastreros y sus vómitos de perro fiel, conocen bien la corrala de gallinitas cluecas que desmadran y desbandan las filas de la izquierda, y utilizan sibilinamente esas debilidades. Tienen los vientos de la ira de la hidra roja a su favor para cosechar la inseguridad, la incertidumbre y el miedo viejo de la gente corriente en esas elecciones que robaron la voz del pueblo para servir de escaparate, y disparate muy bien montado, a la manada de lobos y buitres carroñeros. El obrero, anonadado por la danza de los siete velos mediáticos, no atina más que a suplicar un pedazo de pan y circo a quienes cree sus iguales: los zorros disfrazados de corderos que prometen salvar su cuello de la quema y el caos que representa el desastroso rojerío.

Un cuento para críos, eso parecen estos reglones. Una visión infantilizada de la dura realidad en un país a la deriva: una nación perdida en su propia ‘leyenda tuerta’ sin visos de resolver las asignaturas pendientes. Eternamente mirando a la zaga, recordando que los rojos eran muy malos y los nacionales trajeron pan, trabajo y prosperidad a los hogares saqueados por una contienda provocada por el diablo rojo. El salvador, los salvadores misal en mano, siguen explotando aquella memoria atonta crédulos. Y la Hidra Roja sigue tan perdida como entonces, tan grescosa, tan irreverente hacia su responsabilidad histórica. Por eso la Zona Azul sigue gobernando a su asquerosa, pringosa y puerca manera en este país de gritos de sirenas. Este universo del ego descomunal y cerebro minimalista, esta patera que hace aguas menores y mayores, apática, apátrida, grotesca y absurda llamada España.

Autor: Juan Sánchez – Texto bajo licencia Creative Commons – © 3/8/2017

Fuente: http://surestediario.com/2017/08/03/zona-roja-1/

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