JS PERFILJuan Sánchez | Opinión | Social | Cuando se ha vivido la política por dentro, aunque solo sea cual mero testigo o primerizo pero aplicado observador, crítico casi cínico o analista y denunciante social. Aunque solo sea desde el corralito de prensa en un mitin del político de moda. Aunque solo sea en una rueda de identificación de miserables con mando en plaza, que suelen utilizar a los medios para sus propósitos revanchistas. Aunque solo sea desde una sala de conferencia ante un orador que se desgañita para demostrar que no hay político incorrupto ni incorruptible. Aunque solo sea como mero ciudadano del motón de los indefensos ante los crueles caprichos legislativos del poder. Aunque solo sea junto a un famélico vagabundo que te mira sin poder verte y solo atina a extender una mano temerosa para engañar al infierno que le ha tocado padecer. Aunque solo sea en la sala atestada de un hospital oyendo las quejas del personal ante la austeridad de medios impuesta por las circunstancias políticas, y aunque dichas circunstancias tengan un nombre muy similar a la poca, escasa, o ninguna vergüenza. Cuando has vivido para observar y sacar conclusiones, dolorosas conclusiones si las comparas con la ‘dolce vita’ que derrochan quienes condenan a miles de personas al dolor de las circunstancias… políticas. Cuando has bajado a ese inframundo y regresas al mundo real, que no Real, jamás volverás a ver la política, ni a los políticos y sus fingidas ideologías,  ni el resto de mandangas, matracas y lavativas cerebrales ‘pa’ borregos primaverales, de la misma forma que antes.

Recuerdo el comentario de una mujer honesta, secretaria personal de un sinvergüenza, el concejal de urbanismo de un pueblucho olvidado de esa España profunda que sigue cazando bruj@s entre renglones molestos, con fantoches, mandamases y gentuza de la buena buena, sin más reseñas:

– Ves, yo no les pido nada, ellos dejan el sobre sobre mi mesa-

Así está el patio. Siempre lo estuvo. Siempre lo estará si nadie lo remedia. Y nadie tiene intención de remediarlo.

Alguien dijo, y no me cae demasiado bien, pero dijo algo muy interesante: “El sistema no está corrompido, la corrupción es el sistema”. Eureka!… Siempre toca, sino un pito, una pelota. Nos hemos acostumbrado a este sistema podrido. Y no podríamos sobrevivir sin su pestilencia. ¿Cambiar el sistema? Lo dudo. Tantos siglos de mierda no se limpian en siete días. ¿Disidencia controlada? Tiene lógica. El sistema se defiende ante la mínima posibilidad de cambio. Y más, si ese cambio podría dar al traste con este tingladillo tan bien organizado. Todo gira en torno al dinero, verdad. Por ende, habría de inventarse otra forma de trueque de vanidades. Y va a ser que no. Si no, que pregunten a los amos el mundo. Venga, va, seamos serios, lógicos, incluso imaginativos. Te dejo un ratico para que lo pienses, a mí me llevó demasiadas vigilias y noches sin café, para concluir que nada cambiará jamás. Excepto tú mism@.

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Entre tanto, el propio sistema de mierda inventa revoluciones controladas, asonadas con sordina, huelgas de hambre por cojones, imágenes conmovedoras que rulan por las redes sociales y sirven de válvula de escape a las presiones del propio sistema. Mismamente servidor, quién te asegura que no estoy haciendo un doble juego al ‘sistema’. Piénsalo. Piensa… Piensa… Piensa por ti mism@. Es la única solución!!

 Texto Bajo Licencia Creative Commons – Autor: Juan Sánchez – © 2017

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