Juan Sánchez | Opinión | Política |  Siempre hubo mercenarios, matones, lameculos y cabrones. En el albor de la manada, los más ‘listos’ descubrieron que la inteligencia por sí sola no mueve montañas (de dinero). Vieron en el recurso de la soldada la viabilidad de sus empresas. Siempre hubo tarugos descerebraos prestos a lo que hiciera menester a cambio de una pata cabrito cruda, o simplemente roer los huesos que el más ‘avispao’ lanzaba al viento de la humana miseria. Y así surgió, y rugió, la política.

La política es un mero negocio (En España, chanchullo). Cosas de familia. De esa gran familia mafiosa que controla los destinos de miles de millones de seres humanos absolutamente ajenos a lo que se cuece en sus pucheros. La política es poder, y el poder solo busca la pasta. No os llevéis a engaño, jamás surgió, ni surgirá, un partido político que lleve en su memoria de ‘cualidades’ la intención de mover los hilos al servicio y en beneficio del pueblo. Jamás!

Es de lelos seguir creyendo en ideales, no existen!. Es de bobos prestarse al juego sucio de los políticos, su intención es siempre bastarda. El disfraz y la milonga son sus herramientas de trabajo, y así disfrutan del perpetuo carnaval de sus ruindades. Y muchos otros rollos que podríamos enumerar de forma más o menos lucida, y lúcida, con más o menos literatura, adornos dialécticos, retruécanos, giros, carambolas, puntillitas y puñetas líricas que al final quedan de puta madre en los reglones, pero se arrugan ante los embates tenebrosos de ese abyecto piélago de la política. Y de sus repugnantes tretas y estratagemas para seguir saliéndose con la suya. La suya es la pasta, que no se te olvide nunca pertinaz lector.

Decía un tipo que de política y de sus mercenarios sabía un ‘puñao’: “Desde el mismo momento que se puso precio a la información, la verdad dejó de ser importante” O lo que vendría a ser lo mismo: todo es mentira, nada se corresponde con la realidad, toda, absolutamente toda la información, está intervenida por intereses políticos y por tanto económicos. Dejo los medios de comunicación en el lugar que les corresponde, y ya sabemos todos dónde se ubica ese baboso andurrial. Allá ellos y sus cuentas con esa hacienda universal llamada humanidad. Punto y aparte.

-“El Halcón Maltés – Humphrey Bogart”-

La familia siempre es la familia. Salvo que un juez dictamine lo contrario. Y tampoco entraremos hoy en la magistratura; solo aplicarles igualmente la última frase del párrafo anterior. Se lo merecen, y se lo merecen. Pero vamos al meollo de la familia. Una familia que descubrió en la política su mejor forma de hacer fortuna. Descubrió que los partidos son meras fichas en el tablero de juego. Por tanto, y si querían jugar de todas todas, habrían de tener ‘delfines’ en todos los partidos implicados en esa partida llamada juego rastrero y sucio. Delfines policromados de azul, rojo, y ahora naranja y malva, y etc; torres y feudos inexpugnables, reinonas y lumis para el castizo solaz del ‘güarrero’, reyezuelos y alcaldes en nómina de mendrugo y pienso compuesto de lengüetazos en su trasero, alfiles que se mueven en la diagonal jurídica y dónde haga falta, jamelgos de baja catadura moral con ínfulas de 007, y muchísimos peones, y peonas (Aquí reside la clave de este artículo) fieles al maletín en la sombra, o la escritura del apartamento en la playa, o el cochazo pa que mueran de envidia los vecinos, o la harina de ese costal que tanto cuesta ganar al currante plebeyo. Y sobre todos ellos, y ellas, el amo del juego, el señor, el rey de reyezuelos, el príncipe perlado de la más negra oscuridad del alma. Y una mierda como un piano por sombrero, también. ¿Te va interesando?, lector fiel.

Diversificar inversiones. He ahí el dilema. Desconocedores del nuevo dominio, hay que tirar de asesores y consejeros, de políticos rastreros, casi todos, y todas. Pues del tomate no salen ladrillos, ni viceversa. Ni el rey de Moro está por la labor de soltar su presa. “Salam aleikum”. Vamos pues manos a la obra. Pero un momento, con ecologistas hemos topado. Y la norma comunitaria no deja resquicio para la treta. Hostia tú! En eso no habíamos caído, o sí, pero el horno no está para bolleros con ese delicado equilibrio del ‘teto’. Cuanto cabrón desagradecido, mira que creerse que son los buenos. Me cago en el morao, en el colorao, y en los millones de in-crédulos. A ver, llama al mono rojo de la capital, al mono azul y al resto de monos sin moral. Tú me prometiste limpiar la era, cojones! Tira de teléfono y mira ver qué ‘menistro’ tenemos en la cartera. Que dice que no, que Europa es mucha Europa, y que el escándalo podría dar al traste con la mega-teta. Y coño! Esto se va a la mierda! Calma, mucha calma, demos tiempo al tiempo, que se enfríe la cosa, que se callen o callemos a esos trastornaos que van por libre y no juegan a lo nuestro. Y entre tanto, elecciones al canto, y ganaron los nuestros. Siempre ganan los nuestros, todos juegan bajo el palio del dinero. Amén… Continúa en la segunda entrega…

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(Ojos Bien Cerrados)

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