People queue as they wait for a government job centre to open in Madrid on January 13, 2009. The number of unemployed workers in Spain soared to a 12-year high point of more than three million in 2008 as the economy reeled from the collapse of the property market and the global financial crisis. Socialist Prime Minister Jose Luis Rodriguez Zapatero warned the situation would likely get worse before it begins to improve in March as his government's 11-billion-euro (15-billion-dollar) stimulus package starts to bear fruit. AFP PHOTO/PHILIPPE DESMAZES

José Antonio Gómez | Diario16 | Social |

¿Nos podemos fiar de los datos del paro que nos dan desde el Instituto Nacional de Estadística o desde el Servicio Público de Empleo Estatal? ¿Son reales? Los datos oficiales del desempleo en España son:

– Paro registrado: 3.720.297
– Encuesta de Población Activa (2º Trimestre): 4.574.700

Normalmente los datos de la EPA son los que se toman como referencia debido a las restricciones de la estadística de dato registrado. Según estos datos oficiales más de 4,5 millones de españoles se encuentran en situación de desempleo. Sin embargo, estas cifras no reflejan la realidad del mercado de trabajo español porque descartan a una gran cantidad de ciudadanos que no pueden acceder al mercado laboral. La cifra real del paro en España es de más de nueve millones de personas, tal y como indicamos en el título.

A pesar de que la Encuesta de Población Activa da unos datos más fiables puesto que se rige por los criterios establecidos por la Organización Internacional del Trabajo y por la normativa de la Unión Europea nos hallamos ante una situación en que mucha gente queda excluida de dichos criterios. Éstos son los siguientes: no tener empleo en la semana anterior a la fecha de realización de la encuesta, estar disponible para trabajar en las dos semanas siguientes a dicha fecha y encontrarse en búsqueda activa de empleo en las cuatro semanas anteriores. Respecto a la estadística de paro registrado, no hay tanta complicación y sólo se ciñen a las personas que se encuentran inscritas en el Servicio Público de Empleo Estatal con una serie de restricciones.

Por tanto, nos encontramos con que las cifras del desempleo en España están maquilladas ya sea por restricciones ya sea por criterios de clasificación. Un ejemplo de ello: un ciudadano que se encuentra en un curso de formación del SEPE no computa como parado a pesar de que no está desempeñando ningún trabajo remunerado. Por otro lado, se excluyen de estas cifras a las personas que ya han tirado la toalla tras muchos años de búsqueda de empleo y no poder reincorporarse al mercado laboral.

Sin embargo, las cifras oficiales no nos dan una imagen realista del número verdadero de personas que en España se encuentran fuera del mercado laboral. En este artículo lo vamos a comprobar utilizando fuentes oficiales: Seguridad Social, Servicio Público de Empleo Estatal e Instituto Nacional de Estadística.

Según estos datos oficiales en España hay un total de 33.385.425 personas con una edad comprendida entre los dieciséis años y los setenta y cuatro, exactamente en la misma franja de edad utilizada en la Encuesta de Población Activa. Por otro lado nos encontramos con que el número de españoles que están dados de alta en la Seguridad Social y están ocupados es de 17.712.021. Por tanto, si hiciéramos un análisis superficial de las cifras restando el total de personas con trabajo, ya sea por cuenta ajena o por cuenta propia, al total de habitantes que se halla en ese rango de edad podríamos afirmar que el número de parados en nuestro país sería de 15.673.404. No obstante, no es así dado que hay otros factores. El número de estudiantes comprendidos entre los 16 y los 74 años en todas las escalas es de 4.607.996, según datos del Ministerio de Educación. De esa cifra, un 6,4% compaginan estudios con trabajo remunerado, por lo que el total de estudiantes que no tienen un empleo es de 3.852.285. No entraremos a analizar el tipo de trabajo que desempeñan porque en un elevado porcentaje es precario, con baja cualificación y salarios de miseria.

Por otro lado, en ese rango de edad tenemos a 718.416 con una discapacidad que no les permite realizar ninguna actividad laboral y reciben una pensión por ello. También tenemos un dato interesante: en España hay 2.021.788 de personas jubiladas en ese rango de edad.

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Por tanto, el cuadro del paro en España no es el que pintan ni la Encuesta de Población Activa ni los datos del Servicio Público de Empleo Estatal. Son tantas las restricciones y exclusiones para que se incorporen a esas listas que lo que hacen es pervertir la realidad. En nuestro país hay muchas más personas sin empleo que las que citan esas fuentes oficiales. Finalmente, para lo único que sirven esas cifras que cada mes en el caso del paro registrado o cada tres meses en que se refiere a la EPA es para que los políticos se peleen por su interpretación de las mismas o para que los medios de comunicación los ponderen con grandes titulares o los quieran ocultar tras el último caso de corrupción según sea la línea ideológica del medio.

La realidad es que en España hay más de nueve millones de personas que no tienen trabajo y podrían tenerlo. ¿Quién es el gobierno o la entidad pública competente para decidir quién está dentro o fuera de las categorías por las que se mide el desempleo? ¿Acaso una persona que lleva más de cinco años en paro y que ya ha tirado la toalla porque la desesperación ha podido con la esperanza de incorporarse al mercado laboral no es un parado? ¿Acaso una persona que está formándose con los escasos cursos que el SEPE pone a su disposición no está parada? Los ejemplos son muchos.

Esta es la realidad y lo más duro es saber que en España no se ponen las herramientas necesarias para revertir esta situación de emergencia social. El último ejemplo de ello lo tenemos en el hecho de que el gobierno español no utiliza los fondos europeos destinados a la creación de políticas de empleo juvenil. Cosas como estas hacen pensar que lo que le interesa al Partido Popular y al establishment económico/empresarial de nuestro país es mantener a la clase trabajadora, tanto de rentas bajas como de rentas medias, en unos niveles cercanos a la miseria con un único fin: crear un escenario de miedo que provoque que la gente se conforme con lo que sea y, de este modo, aumentar los beneficios de esas élites.

Fuente: diario16.com

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