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José Juan Cano Vera -Foto por gentileza de Jesús Pons-

José Juan Cano Vera | Opinión | Política | En este país crece la crispación. Estamos tensos y fácilmente somos arrollados por los violentos, fiel espejo  que refleja las imagenes endurecidas de las tribus políticas que van desde la guerra verbal a la ausencia de las elementales  reglas de la cultura política y parlamentaria.

Nadie pretende que los enfrentamientos, los debates y las discrepancias sean unos juegos florales, ni en la política, ni en el periodismo, ni en la calle.

Yo mismo he sido víctima, el pasado sábado, de un intento de agresión física por parte de un  joven de unos treinta años  presuntamente drogado, y de un chorreo de graves insultos, que sabedor de su potencia fisica y de su incultura, quería romperme la cara, ante la aterrorizada  mirada de mi esposa que no comprendía  lo que le pasaba a aquel chico, ni su madre que movia la cabeza en un gesto de impotencia. Sufria…

Pienso que efectivamente sabía lo que estaba haciendo y quién era  la víctima, porque me nombraba por mis dos apellidos, aunque sus gritos y aullidos a veces eran incomprensibles. Opté con volverle la espalda aconsejado por algunos testigos   que me advertían que no le hiciera frente, porque algunos  individuos suelen ser peligrosos  y  hasta  capaces de acometer a personas mayores indefensas. Eso sí, le advertí con energia que si me golpeaba arruinaría su vida, creyendo infeliz de mí, que la justicia es capaz de llegar lejos con su brazo corto. Sobre todo en Las TORRES DE COTLLAS  en donde se fraguan negocios del narcotráfico y una violencia solapada.

Lo cuento como anécdota, ni siquiera me molesté de presentar denuncia, porque ya no creo en nada, y por prudencia… En España los ciudadanos somos víctimas, una gran mayoría de tener que elegir entre callarnos, no protestar y hasta bajarnos los pantalones si es menester cuando tenemos que enfrentarnos a la delincuencia abrasiva que ya nos roba estando nosotros dentro de nuestro dulce hogar o presionados por las pandillas políticas que han convertido nuestras vidas en un tormento de desigualdades, en aceptar la impunidad como unos hechos normales y ser testigos del comportamiento de los que nos prometen paraisos de todas clases, desde los celestiales hasta los proletarios.

Se han ido desvaneciendo las ideologias ya en el crepúsculo de las sombras que se ocultan en programas de fábulas, un rosario de mentiras y promesas. Ellos, frecuentemente rompen a llorar cuando se les quema la olla, pero son lágrimas de cocodrilos hambrientos que comen las últimas migajas del festín de una Democracia que es el comedor lujoso de unos cuantos de miles de privilegiados.

Se han impuesto el relativismo, el hedonismo y el clientelismo, esos pesebres en numerosas ocasiones corrompidos. Los partidos y los políticos deben  preservar sus talones de Aquiles, como el sectarismo y el maniqueismo. Es  de obligado cumplimiento corregir sus propios vicios para que no se contagie al pueblo. Ya nos alarman la falta de una deontología diáfana, con mayor transparencia y menor culto a la personalidad de determinados lideres capaces de arruinar a partidos históricos fundamentales para lograr la paz social.

violenciapolitica

Hay necesidad de una severa catarsis, de reformas pragmáticas y elevar los índices de cultura política. Esta es una nación en la que el analfabetismo político es una lamentable realidad, y se mantiene, a pesar de haberse inventado la imprenta, en la linea conocida y experimentada en nuestras propias carnes, porque las clases dirigentes, los regímenes políticos, castrenses y religiosos, lo han impuesto con mano de hierro. La profunda crisis del actual sistema democrático español ha hecho crecer la crispación, cierto odio heredado y la incapacidad de unos políticos y unos partidos para situarse a gran altura para superar las dificiles circunstancias internas y externas que nos atosigan cruel y progresivamente. Es posible que ese jóven que ha intentado agredirme físicamente apoyandose en su poderio físico, sea la fiel expresión de un fracaso humano colectivo.

Quizás con una refundación ética, las nuevas generaciones tengan mejor suerte que nosotros. No obstante hay algo preocupante en ese hecho de  violencia enfurecida contra unos semejamtes mayores, que en ningun momento recibieron ayuda de unos testigos cruzados de brazos. Tenían miedo. He aqui el meollo, que el terrible virus del miedo, nos tienen atenazados. Durante la dictadura fue ley, salvo para los que trataban de superarlo, que no fueron tantos como dicen los que desean hacer carrera política ahora o reparten carnets de ´falsos demócratas. Ya lo ha repetido hasta la saciedad el camarada Pablo Iglesias :HAY QUE METER MIEDO A LOS RICOS. Primero, luego vendran los demás, recluidos en las cárceles. Es la  horrible máquina de imponer el terror, el silencio.Tenemos que rebelarnos enérgicamente para que la Justicia sea  una luz que nos ilumine a todos los incrédulos, porque hay sociedades y pueblos que desaparecieron, porque caminando con miedo hacia el calor que más calienta se quemaron.

J.J. Cano Vera (c) 2016

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