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JSJuan Sánchez | Opinión | Política | Social | En todo menos en lo que se ha de estar. Estamos tan ocupados quitando los pellejos al vecino/a, que no nos percatamos de que se nos pegan las lentejas. “Los pueblos ya se sabe”, suele ser la respuesta del personal. Una de dos, o se tiene demasiado tiempo libre para dedicarlo a ‘fiscalizar’ la vida ajena, o en realidad no se tiene vida propia y hay que rellenarla con vivencias comuneras. O la vida propia es tan asquerosamente cutre y miserable, que hay que zambullirse en los calzoncillos del vecino para silenciar el asco que sentimos por nosotros mismos. Y digo yo, así, inopinadamente, ¿qué pijo importa a nadie lo que atañe exclusivamente a quien atañe en exclusiva? Pues no señor, si no estamos al día en las andanzas de la vecinita del quinto, parece que nos faltase la esencia misma del existir. Cotilleos, cotillas y cotillos, los peores, por la intención descarada en el susurro.

Tengo un amigo muy directo, campechano y espontáneo: sin filtros! Suelta lo que piensa sin conservantes ni decolorantes: así, al natural y a puerta gallola. Un amigo que está hasta los argamandijos y siete pueblos más p´allá, de que se metan en su vida y milagros veniales y mortales. Este colega anda con la ‘recortá’ en arpillera, ávida, presta y casi siempre justiciera. Un tipo sencillo y normal que no deja pasar ni una: a la mínima insinuación sobre su persona, suelta una ristra zambombazos a bocajarro: ¿Te he preguntado yo con quién se entretiene tu pareja, carnalmente claro, mientras andas por bares y esquinas poniendo a parir a la vecina/o? Vale, un poco demasiado, pero eso suele bastar para que la otra parte se quede patitiesa y dubitante de soltarle un buen hostión. O eso, o sale tarufando y resoplando rebuznos muy a propósito del encuentro. Pero funciona, no hay nada como espantar moscas a cañonazos, para que ‘la mosca’ se lo piense dos veces antes de volver a tocar los pelendengues al ‘trastornao’, “Pueblo pequeño, tocapelotas escarmentao”, y eso le deja una paz interior…

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Aún siendo un mal hábito, hálito y vómito tan excusado como repugnante en esta España de profundidad abisal, los pueblos no tienen el monopolio del cotilleo. Engancha cualquier canal de TV y te pondrán al día sobre las porquerías del gremio del famoseo, el mamoneo y la guerra de vanidades de ese otro mundo que no es el de Orson Wells. Pero lo que más asco da a mi camarada, es oír el ‘y tú más’ en cualquier tribuna política. Está claro que los ideólogos de cada partido saben sacar tajada a los vicios más populares… Y en eso mismo, el acuciante y vergonzoso asunto de la hucha de las pensiones quedará aparcado por un virulento comentario en cualquier estrado, que no viene a cuento pero da carrete al postor y su gleba para merodear tema tan escabroso, molesto e imposible de justificar. Se aplaza hasta la próxima sesión, la presente va bien servida con doble ración de intestinos pletóricos de “Caguerá de Bou” tan ampliamente parlamentada. Una desvergüenza de alto nivel, que sigue funcionando cual gresca de chulapas en nuestra corrala nacional. Un besito en los morros de los guionistas de sesión. Y mañana Dios dirá una misa de réquiem por el currante español…

El cotilleo y los cotillas invariablemente son inicuos, jamás inocuos. Siempre albergan intención solapada. Quizá sea algo tan vulgar como la envidia. Tal vez revancha, despecho o mera deformidad mental. Incluso control o sumisión depravada y ventajista, tal vez por negocios, quizá por miseria interior. Pero de todas las intenciones entreveradas en la patraña, la más abyecta es la contaminación deliberada y la anulación de la voluntad de acción. “Calumnia, calumnia que algo quedará” Los prejuicios que nunca reconocemos, solo necesitan una mínima chispa para incendiar los viejos vientos. “La  rebelión de las masas” nunca se produce desde el conocimiento veraz, culto, autónomo y responsable. Las ‘masas’ son tan fáciles de pastorear: suelta cuatro perros cerberos que ladren al tiempo y siembra lobos por las esquinas del pueblo; y cuando el abismo sea destino tan cierto, presenta al mundo un ‘mesías’, un enviado del cielo, un líder, un canciller, un Furhër…y el miedo hará el resto. Los corderos se postrarán ante él, lo adorarán; será pendón guía, lucecita de oriente y occidente, y finalmente los acaudillará en la cruzada contra ellos mismos y contra aquella conspiración judeo-masónica llamada: LIBERTAD!

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Autor: Juan Sánchez – Texto bajo licencia Creative Commons – © 22/7/2016

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