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JSOpinión | Nacional | Juan Sánchez | Por el título, habrás deducido ya, lector avispado, que la cosa va de fraude fiscal. Tema tan ‘de moda’ últimamente: la agencia tributaria ha sacado sus ‘legiones’ al campo del honor y no paran de saltar famosos y menos famosos trincados en delirio tributario. Pero no queda ahí la cosa. Parece que no se trata de casos puntuales, ni por azar ni por escarmiento populista. La realidad es que todo el país es un nido de tramposos para el fisco. Parece que quien más y quien menos, hace sus chanchullos para eludir las obligaciones contributivas. Está claro que la conciencia social brilla por su ausencia. Está claro que los paisanos y paisanas de este país, o lo que sea, tenemos casi de todo menos consciencia ciudadana. Igual pensamos que la recaudación del erario público se va en lágrimas y en suspiros; o se lo llevan cuatro hijastros de Mefistófeles con cartera y carretón oficial. Cosa que no está demasiado lejos de la realidad. Cosa que dice muy poco bueno de esa ‘castufa’ gobernante, trincona, mangante, y etcétera.

De todos modos, ese no es el tema aunque sea la asignatura siempre pendiente por más que impertinente. Ha quedado demostrado que nuestros gobernantes no sirven para modelo de ética, honradez u honestidad. Demostrando que los primeros en trincar y defraudar, robar y corromper el sistema, son ellos mismos. Está claro que no sirven ni para ladrones de guante blanco; ciégales la arrogancia y la erótica del poder, y van dejando rastros de color marrón a su paso por el cargo. Cosa que viene pintiparada al patio de recreo para ‘excusar’ este retrete llamado España. Y ahí está el fallo de planteamiento y pifia por agravio comparativo: “Si ellos son los primeros en robar al pueblo, qué importa que un pobre currante despiste cuatro duros para dar de comer a los pibitos”… ¡Error, error, y craso error!

fraude fiscal

Un pueblo responsable, y nosotros no lo somos, entiende que la nación se hace sumando esfuerzos, no dividiendo, ni polemizando, ni lanzando las pelotillas propias en el ombligo del adversario. Un pueblo responsable no se escuda en la disculpa más gilipollas jamás inventada: ¡Y tú qué?… tú muncho más!… pues anda que tú! La irresponsabilidad social no se mimetiza por la porquería general. Sí los políticos y demás presuntos servidores ciudadanos resultan corruptos, irresponsables, podridos y pasados de plasma, existe un mecanismo llamado elecciones para echarlos a patadas. Sí el sistema judicial tiene las manos atadas por esas normas diseñadas para que los podridos se vayan de rositas, habrá que crear un nuevo código penal menos ‘interpretable’, nada maleable ni ‘concupiscente’ con los podridos. Sí el sistema está obsoleto habrá que reiniciarlo. Esto no es un programa de ‘hermano mayor’ que regaña con boquita de piñón. Aquí está en juego la vida de millones de familias desamparadas ante una legislación que favorece a los mismos hijos de tal que la crearon. Una sola condena ejemplarizante contra el político podrido, y ya se pondrán las pilas el resto: “Ponte gayumbos impolutos que vienen revisando el certificado de blancura”. El podrido que se pudra en la cárcel y que tiren la llave. Nada de aforados, ni carta blanca para delinquir tras un acta oficial. Aquí todos somos iguales ante la ley… ya, ya, comprendo esas risas, y es precisamente por esas risas que hay que cambiar la norma primordial de convivencia. Y que la risa de sus señorías se vuelva lágrimas amargas en la penitenciaría más dura de esta nación que ríe desde la inconsciencia y la ignorancia de sus derechos inalienables e ineludibles obligaciones.

En el momento que veamos las actuaciones del ministerio de hacienda -que realmente somos todos los españoles-, como la defensa a ultranza de los bienes comunes. En el momento que seamos conscientes que cada colegio, cada hospital, cada ayuntamiento, cada sillón del parlamento, cada cuadro del museo, cada libro de la biblioteca pública, cada coche de bomberos, cada uniforme de policía, cada contenedor de basura, cada plaza, cada calle, cada playa, cada espacio protegido, cada edificio público, cada céntimo que se gasta en facilitar nuestra coexistencia y nuestra convivencia en paz y libertad, son nuestro patrimonio y nuestra responsabilidad. En el momento que tomemos consciencia que España es verdaderamente de todos y cada uno de los españoles y españolas, justo en ese momento seremos capaces de entender que cada euro defraudado se lo estamos robando a los nuestros. Nos estamos robando a nosotros mismos; y eso parece una solemne estupidez, verdad? Y a mí qué, que se joda el vecino, y tal… Pedazo zopenco!!, pero si el vecino son tus hijos, tus amigos, es tu propia gente… y eres tú mismo, Gilipollas!! Hombre, visto así… visto así… visto así? cacho ignorante!!

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Así pues, camarada in-contribuyente, la próxima vez que pidas un albarán en ‘B, o C, o tal’, o vayas al restaurante y veas al camarero trincar las perras sin marcar en la registradora, o no pidas factura legal al fontanero por ahorrarte el impuesto, o compres y vendas por la puerta de atrás, o te lo montes con los colegas para emitir facturas falsas de esos calabacines imaginarios del huerto el ectoplasma, o te laves los dientes con un dentífrico mandarín que conoce más fronteras que el baúl de la Piquer, o te tomes un cubata de garrafa artesana auténtica, o no declares el alquiler del pisito de los estudiantes, o pagues la entrada del chalete la playa con las perricas que rellenan tu ‘colchón’ -y nadie sabe más que tú y tu prima la de Lorca-, o esos y esas que cobran el paro o una prestación social  y siguen currando de estragis… Y, en fin, para qué más ejemplos, sin todos sabemos lo ‘muncho’ que sabemos todos; y que bien se está cuando se está cojonudamente bien, si no te trinca la inspección. Y cada uno en su casa cociendo las habas propias, y Dios en los pucheros que menos impuestos pagan de toda la nación: amén! Pues eso es lo que yo te quería icíl… ¿estás en lo que es?…

 “En esta España tan ‘moerna y solidaria’, tan quijotesca como villana, tan unida como engrescada, tan grotesca y tan papanatas: defrauda el pobre, defrauda el rico, defrauda el ministro, y defrauda hasta el nuncio del mismísimo Papa. En este país de pura murga y cachondeo, con defraudar todo se apaña”

-Nota del autor: Este artículo va a levantar muchas ampollas. Me granjeará más ‘amigos’ aún si cabe. Muy pocos entenderán por qué se ha escrito. Aún así, alguien había de llevarse las hostias más un 18% de IVA; y quién mejor que servidor, ¿verdad?-

Autor: Juan Sánchez – Texto bajo licencia Creative Commons – © 19/7/2016

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