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JSJuan Sánchez|Opinión|Cuarta Columna.-

Existe una ley universal de paz y equilibrio. Algunos la denominan ‘karma’, otros la llaman ‘el secreto’: atracción, otros, incluso, compasión. En definitiva, esa ley cósmica se manifiesta en la vida como un juez implacable con nuestros actos, sean conscientes o mera reacción impregnada de amor humanitario u odio ‘reptiliano’. Esta norma inexorable aconseja, nunca amenaza ni advierte, solo aconseja ser responsables con nuestras acciones, sentimientos, pensamientos, pues, en definitiva, aquello que lanzamos al universo retornará cual boomerang certero tras viajar por la vida de quienes hemos implicado en la nuestra…

Dicho de otro modo: ‘Cosechamos lo que sembramos’. Es la libertad de elección, el libre albedrío que se nos dio por el mero hecho de estar vivos. Pero ojo, esa libertad conlleva una responsabilidad inmensa en la medida que somos constructores del mundo que nos rodea. Por ello, si creamos dolor, ese dolor volverá a nosotros, nos reconocerá como creadores y, tarde o temprano, se presentará para que asumamos ‘responsable-mente’ esa progenie del mal. Y aquí no valen disculpas ‘transaccionales’, ni contraprestación por otro dolor padecido -Revancha: “Antes de emprender la senda de la venganza, cava dos tumbas”. Confucio-. O como justificante paternal por una acción envilecida, abyecta, de iniquidad diluida, o ’retribución en diferido’ ante la posibilidad de un mal mayor. Y creo que vais captando el destino último de estas palabras. Sí, o qué?

Generar ‘mal karma’, mal rollo, solo trae ramificaciones negativas. Nos sentimos como abandonados de la suerte, del destino, y miramos al infinito buscando una explicación al dolor presente. De alguna manera lo hemos construido nosotros mismos. Aunque en algunos casos llevemos toda la razón al sentirnos estafados por el existir. En ese caso, somos un eslabón más en una cadena de dolor creado por seres distantes a nuestro ‘karma’. No podríamos responsabilizarnos de ese dolor, sencillamente, porque escapa a nuestro influjo. Son aquellas decisiones de quienes decretan el rumbo de este mundo. Un mundo maniatado por demasiadas reglas inhumanas: santuarios del dolor. Un amplificador de pena y sufrimiento entre esa mansa e indefensa humanidad. Un surtidor de circunstancias adversas impuesto por seres inconscientes pero responsables del gran mal originado. Dolor que ha de tornar a su fuente tarde o temprano; no os quepa la mínima duda. Y no es consuelo baldío, no es palabrería, ni demagogia, ni argumento paliativo de lo injustificable; ¡es real!

Nada de resignación, ni por asomo, nada de sumisión, que ni lo piensen, nada de derrotismo ni depresión, ni masoquismo, ni poner la otra mejilla, ni resistir el embate de su irrealidad, ni asumir el dolor fraccionario como forma menos ‘gravosa’ de enmendar el sufrimiento general. Ya no quedan héroes y todos somos corderos expiatorios, pero también guerreros en la trinchera de la libertad. Las trincheras tienen su corazoncito, que no nos vean cual fanáticos ‘descorazonados’, nuestro corazón es inmenso por eso sufre tanto; no podemos decir lo mismo de ellos, de su negro corazón irresponsable, de su mal karma.

Karma

Han empezado a purgar sus decisiones, la realidad les ha alcanzado de pleno. Y me importa un ‘pijo transustanciado’ el presunto color o mejunje de siglas donde se parapetan para acometer sus fechorías: están pagando y más pagarán. No te quepa duda, corazón lector. No te quepa ni una ‘kármica’ duda. Si somos capaces de vivir al margen de su engañosa publicidad de éxito y bienestar artesonado de mentira y control mental, si somos capaces de remontar nuestra existencia según las reglas del corazón de los nuestros: hay todo un universo por reinventar desde ese preciso momento. Si somos capaces de generar un ‘karma’ nuevo, no infectado por su mercadería del miedo. Si somos capaces de esbozar una sonrisa desde ese jardín interno que nos da cobijo y frescura en el ‘karma’; incluso sin un puto céntimo en el bolsillo, sin una guía de rutas doradas para la felicidad, con el camino abierto y libre del virus de su ambición; así, allí, aquí, en este momento, tú puedes ser libre y sentirte librado de su mal ‘karma’. Liberarte del chantaje y de las hordas del “Robín Shoot”, ¡príncipe de los cabrones!: roba a los pobres para dárselo a los ricos. Y allá ellos, están galipoteando su autopista privatizada hacia el infierno.

Como decía un buen hombre, mi abuelo Paco, “El que de joven come pollo, de viejo caga las plumas” Llevan toda la vida devorando el pollo robado a la buena gente, y empiezan a cagar las plumas; esas con que firman leyes por encargo: sus reglas para el dolor. Normas para enriquecer al avariento, al miserable. Estamento y parlamento de gusanos, infiernillo para socarrar su ‘karma’ podrido, humeante: ¡abominable! Pero tranquilos, ya están pagando por su evangelio del terror; el retorno de la maldad está llamando a la puerta de sus mansiones. Esto no ha hecho más que empezar… “Karma, mucha karma”

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“Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien”

Juan Sánchez – Texto Bajo licencia Creative Commons (c) 2016

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