Muralla 2

“El miedo solo sirve para constreñir la voluntad y para que continúen saqueándonos a espuertas”

Ana Retamales|Opinión|Política|Social| Esta vieja muralla, heredada de las viejas manos de quienes utilizaron y utilizan el miedo, el terror y la guerra como aval de sus fechorías, tiene, no ya una grieta, sino más bien una brecha desde abajo hacia arriba en toda su estructura.

Antes, ya hubo alguna ranura que creó expectativas a una esperanza popular que tornó en una creciente decepción de masas, pues, tanto fue el cuidado en controlar la profundidad y el no molestar, que sus continuadas contradicciones derivaron en un mimetismo que hizo difícil diferenciarla del resto que conforma esa ignominia de pared y aún parecen no darse cuenta de ello sus encargados. Por ello, la muralla se sabía cada vez más fuerte y robusta sin importarle que su sombra solo amparara a los que siempre estuvieron ahí para apuntalarla, olvidándose, una vez más, de la inmensa parte de la población. Así que aquella primera ranura en vez de ensancharse y ensancharse más, se fue estrechando en su plácido aburguesamiento. Tuvieron oportunidad de tender la mano para abanderar el cambio y optaron por otros. Ahora igual les toca coger la mano que se les tienda o caer al foso. Eso ocurre cuando no se tiene visión de la política real ni alturas de miras en ver la miseria que les rodea y que galopa sin freno. ¡Intolerable!

Por consiguiente, en la base de esta pared –donde se depositan todos los desechos y desharrapados del sistema, cada día más y más- surgió una nueva grieta que, según avanzaba hacia la cúspide, se hacía más y más grande provocando los miedos en las alturas de la pared. La veían con fuerza, con mucha fuerza y cumplían con lo que decían y parece que tienen muy claro aquello de que no es necesario que unos mueran para salvar al resto. Que es posible que todos vivan con toda dignidad, que es posible la responsabilidad de todos para con todos y que el estrecho agujero de la aguja no tiene que ser siempre para aquellos que menos tienen y que siempre son los mismos.

Los amurallados reconocen que se han pasado cinco o más pueblos en hacer responsables, de sus propias fechorías, a quienes no lo son en realidad. Les falta reconocer y entender que hay que abandonar la malévola idea de la privatización de las ganancias y la socialización de las pérdidas. Que esta pared puede y debe ser otra cosa, que puede y debe ser compartida desde la solidaridad y la justicia social de un verdadero Estado de Derecho. Porque si no es desde esta perspectiva, esa pared habría que derribarla como se hizo con el muro de Berlín. Porque si la pared es para sostener a todos está bien, pero si tan solo es para servir de amparo a aquellos que se consideran la crem de la crem, no nos sirve. La conciencia social, la responsabilidad social de una Nación ha de estar en todos para todos y no de todos para unos pocos. ¡Basta ya! No queremos más limosnas ni más restos, ni más mínimos. Queremos vivir con toda la decencia posible que ese Estado –del que todos formamos parte- sea capaz –y lo es- de devolvernos. La igualdad social se corresponde con la dignidad y el orgullo de formar parte de una misma aventura. ¡Basta ya de aristocracias disfrazadas y de ungidos artificiales de un dios hipócrita y sucedáneo! ¡Basta ya de corporaciones y oligarquías! Pues tan importante es aquel que limpia nuestras calles como aquel que conoce de todas las leyes y que, encima, las utiliza o cambia para su único interés y beneficio. Y estos que así actúan, son de lo más despreciable y abyecto en ese Estado de Derecho al que tenemos todo el derecho de desear y conseguir. Imponer y aplicar las más duras penas sin llegar a la pena de muerte en China, pero lo suficientemente disuasorias para aquellos corruptos que utilizan lo público para sí y para los que con ellos colaboran. Tanto es el daño que nos hacen a la mayoría. Tan malévolo juego entre lo público y lo privado que tanto les reporta.

El Miedo es una Muralla

¡Basta ya de hacer sufrir siempre al mismo por solo el hecho de no tener con qué defenderse! Ha aparecido esa nueva grieta que avanza con paso decidido y firme y habrá de ser apoyada por la mayoría que son, de verdad y paradójicamente, quienes sostienen a esa vieja, ignominiosa e injusta muralla. Esperemos que su firmeza no desfallezca y sea reforzada en el día a día sin ser absorbida por el yeso que recubre esa despreciable pared construida sobre muertos- muertos, y muertos en vida. Se puede.

Vuelven los viejos gurús de la continuada afrenta a pedir trabajar más y con menos salarios. ¡Ya está bien! ¡No encuentran como saciarse de sus propios errores, ni de su propia avaricia y nos quieren hundir aún más sin que ellos pierdan ni uno solo de sus privilegios y boatos, sin que ellos paguen por sus errores! ¡Ya está bien! Han conseguido que un tercio de la población se empobrezca y ahora quieren a otro tercio. Todo para salvarse ellos, los mismos que nunca entendieron lo que es ser una verdadera Nación, a los que, encima, se les llena la boca de un nombre que utilizan para su saqueo: ESPAÑA. Eso es lo que han estado haciendo durante siglos con ella: SAQUEARLA VILMENTE y ser bendecidos, cuando no paseados bajo palios ensangrentados. Es hora de ponerles freno, por eso, la grieta ha de ramificarse por completo y ocupar esa pared para transformarla en el tiempo más breve. No cabe otra y se puede. O todos somos salvados o todos pereceremos. Eso es como debe de ser. Eso es lo justo y equitativo, eso es en lo que todos debemos de esforzarnos y no en aplicar sufrimiento o alentar una rabiosa, detonante y ya peligrosa impotencia. El barco también es nuestro. Y ese barco nos pertenece tanto o más a nosotros, que somos la inmensa mayoría. Es hora de que nuestras voces tengan la fuerza y el respaldo que merecen en los santa sanctórum de esta falsa democracia. Podemos y debemos.

¡No amenacen más con comparaciones insostenibles! Que ya conocemos la verdad de las cosas y de cómo manipulan para conseguir mantener sus amplísimos privilegios. Ya nos hemos hecho mayores y vamos a exigir lo que es nuestro.

Por lo menos, en estos aciagos tiempos, alguien ha conseguido ilusionar y dar instrumentos a la gente que tan huérfanos se encontraban de ellos. ¡No se dejen engañar una vez más por los mismos de siempre! ¡Abran sus brazos a quien les trae algo de la esperanza perdida! ¡Crean en ellos, que los otros son quienes les han traído hasta aquí y quieren seguir por la misma senda!

No dejen entrar al miedo que ellos quieren inocularles. El miedo solo sirve para constreñir la voluntad y para que continúen saqueándonos a espuertas y seguir indemnes.

Se puede. Entre todos podemos. Somos más.

Y para terminar y que no se me olvide: A Bruselas y a su entramado privado, que son buena parte importante del desaguisado en el que estamos, les diría así no y por lo tanto: ¡Adios! ¡Bye, bye! ¡Au revoir! ¡Auf wiedersehen! ¡Arrividerci!

Fuente: Vegamediapress.com

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