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juan-4-e1456838880100Opinión/Social/Juan Sánchez.- Este mundo se vuelve por días más extraño, hostil, innecesario. Esta realidad enredada en sí misma, cuasi impenetrable a los restos de aquella humanidad del orbe arcano, perdida en los legajos de una historia escrita por encargo manifiestamente malintencionado. Nos os asalta la sensación de que algo se descuadra, descarrila, esta cotidianeidad. Como si fuéramos figurantes en una representación de agridulces sombras chinescas, mucho más ácida que melosa, donde los principales actores no se dejan ver, no dan la cara, y solo se manifiestan por intuición de lo oscuro sobre lo más oscuro. Asistir al gran teatro del abismo, siendo a la par marionetas y espectadores de segunda fila. Es un velo que cubre el plano real vetando el acceso a los profanos: casi toda la humanidad. Y eso, no lo negaréis, solo puede generar esta inquietud general: esta alienante fórmula de convivencia que damos por sobreentendida y súper natural.

“Busco un hombre honesto” Era la cínica respuesta de aquel sabio cínico que vivía dentro de un barril,  rodeado de animales perdidos: perros y gatos callejeros, huyendo de aquellas otras bestias que se proclamaban ‘hombres’. La tenue luz de su candil a pleno día, pretendía iluminar la oscuridad que desde siempre ha contaminado la pureza del ser humano. Diógenes de Sínope, el filósofo huido, inmolado en su propio interior, entendió muy pronto el esfuerzo inútil por cambiar el mundo, y optó muy acertadamente por cambiarse a sí mismo.

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“Candil en la calle, oscuridad en la casa”

El mundo no quiere cambiar. Cuesta muchos años y mucho dolor llegar a tal frustrante conclusión. Vivimos estupendamente con nuestras miserias inhumanas. Conocemos al dedillo los pecados, los aceptamos incluyendo las inmundicias que parecen otorgar un cierto abolengo, que enorgullece, jactándose, a ese monstruo insaciable del propio EGO. Es la auto-vía más fácil, la autopista hacia el infierno interior que no tiene bifurcación externa. Desmemoriados, in-aptos para la eternidad, obsolescencia programada por aquellos que deciden desde el vacío de voluntades. El automatismo del existir. Generación tras generación, se repite la misma trama de negación y cobardía inercial y acomodaticia. Palabras gigantescas que flotan en la nada. Laberinto para tontos; crédulos e inocentes arrastrados al escenario de la vanidad para divertimento visceral. Y vuelta a empezar tras la caída del ídolo de moda. Todo cambia para seguir igual: inamovibles en una realidad de pega, en un mundo de paga, con personajes de cera.

Alguno se extrañará de este silencio público tan atípico en servidor, siempre enfangado en pegajosos barrizales políticos. Siempre ensañado con esas alimañas aforadas en la cara dura y la imperturbabilidad hacia el sentir popular. La verdad es que servidor está hasta las mismísimas de abrir puertas al campo. Puertas que casi nadie cruza. Y eso querido lector deja una dudosa sensación, un ralo sentimiento, y encumbra un escepticismo vital que agudiza ese onírico sentido; y oyes la risa de los gatos y los perros vagabundos martilleando en tus entrañas hasta hacerte vomitar. Es casi todo tan real…“Dioses de un aciago día llamado eternidad”

“Sombras y Ceniza” Sentenciaba el maestro a sus gladiadores justo en el momento de saltar a la arena: Y aún así, “Ave, Caesar, morituri te salutant

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18/5/2016 – Juan Sánchez – Bajo licencia Creative Commons (c) 2016

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