Alicia Jimenez - Alcaldesa de Mazarrón
Alicia Jimenez – Alcaldesa de Mazarrón

El Ojo Público / Opinión / Mazarrón.- Por su manifiesta catadura moral, que engañosamente exhiben sin pudor alguno ante el Pueblo cuando presiden las Procesiones de Semana Santa, estamos convencidos de que la decisión que han tomado sus piadosas “señorías” que gobiernan Mazarrón con el amparo y la impunidad que les proporciona el Partido Popular, les ha supuesto un durísimo shock emocional e ideológico que ha resquebrajado los cimientos de sus principios, pero la cobertura que, para seguir al filo de la legalidad, les dará la señora rubia de la foto a cambio de 30.000€ al año y de las correspondientes cotizaciones a la seguridad social, de los que va a disfrutar por el morro, les han permitido ser sordos a las voces de sus conciencias .

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Mazarrón no se merece tanta infamia, aún equivocándose una y otra vez al elegir sus representantes en el Ayuntamiento, no se lo merece.

Estos impresentables están utilizando la institución Local como si se tratara del patio de su casa, y a los Funcionários y demás trabajadores municipales como auténticos criados a su servicio. Pero sobre todo, están administrando el dinero público, ese que les llega de nuestros impuestos, como les viene en gana y solo para satisfacer su inagotable codicia. Son capaces de comprar la voluntad de concejales electos, incitándoles a convertirse en defraudadores, pero también son capaces de gastarse 18.000 € de una tacada en cuatro paellas para comprar la débil e interesada voluntad de sectores concretos y muy vulnerables, de quemar 6.000 € en una Gincana de Zombis, de congraciarse servilmente y darse un húmedo beso con cualquier empresa concesionaria que les remunere, aunque solo sea con una cesta por Navidad.

Ante noticias como ésta, solo podemos denunciar a los cuatro vientos la corrupción que invade a nuestro Ayuntamiento, lo contrario sería mirar para otro lado o falsear lo que para todos está claro, que estamos gobernados por corruptos y que tenemos, entre todos, que arrojarles fuera, lejos de lo público, donde no puedan contaminar más a nuestra sociedad.

-Sureste Press/El Ojo publico-

Texto bajo licencia creative commons (c) 2016

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