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Juan 2Juan Sánchez | Opinión | Social | Pensaba escribir un artículo sobre política. Aquello de la vieja guardia y su vieja guarida de alimañas que resisten abandonar su carrerón de sinvergüenzas drogodependientes de un alucinógeno llamado teta pública. Más que el ácido lisérgico (LSD), aquella puerta a la dimensión sicodélica, mucho más que ello, la vieja política, entendida tal cual la viven los viejos guardianes de la mugre enquistada en las instituciones, es un mundo obsoleto y perdido que apenas resiste el huracán del cambio. Más no por mucho tiempo. Ya están tardando en liar el petate y poner pies en polvorosa. Pólvora mojada sus enclenques argumentos de resistencia planetaria. Solo bajo mínimos se sigue aguantando su tabarra anacrónica. Ya no lo creen ni ellos mismos. El juego dejó hace tiempo los tableros que ellos diseñaron para trapichear según sus reglas. El juego ya no está en los despachos procelosos o en las sogas de sangre y cartón piedra para encadenar al paisano. El juego se ha trasladado a las calles, “el juego” ya no es su feudo patrimonial, y ¡qué pena nos dan!… En realidad, ya no queda casi nada del juego, salvo, claro está, los flecos de una historia que ha tildado este presente por reinventar. Entre todos, entre cada uno de nosotros anda la responsabilidad. Y ellos lo saben, y aumentan la contaminación mediática, una burda maniobra final. Y el final es imparable, el final es un nuevo principio, una nueva oportunidad, un futuro donde no hay lugar para ellos. Y lo saben.

DESAHUCIOS 2

Pero fiel al principio del actual, no pienso escribir sobre política. Me da un asco terrible. Un repelus que hace chirriar los goznes de esta realidad. Voy a escribir, si me lo permitís, sobre personas y otros seres que no lo son: esos engendros de la peor naturaleza, los recuelos de un ser humano, la escoria de esa mina donde aflora el hombre mismo. Voy escribir sobre los abnegados padres y madres de familia que, día tras día, hacen encajes de bolillo, filigrana de la fina, aguantan el embate de la miseria y la necesidad desde el coraje, la heroicidad y la resistencia a tirar la toalla. No es ya una cuestión de supervivencia o victoria sobre el dolor de ver padecer a los suyos. No, la cosa ha subido de nivel para convertir su lucha de cada día, sus rodeos contra la desgracia cebada en sus carnes, es ahora una cuestión de equilibrio y superioridad vital. Ganas de vivir, ante todo sus ganas de seguir vivos y gritar que no han podido con ellos. Desde un callejón o una plaza cualesquiera, una familia desahuciada por esos asquerosos del dinero, una madre y su prole invicta les gritan: Estamos aquí!! Seguimos resintiendo, no habéis ganado, jamás podéis ganar, la vida, ¡LA VIDA! está de nuestra parte. Y ante eso, amantes de la suciedad en el alma, la mezquindad y los gusanos en el corazón, ante eso, ¡¡ya estáis tardando en salir corriendo patéticos fracasados!!

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Bye, bye..

Existe una inapelable normativa por encima de las normas ‘normales’. Y no hablo de la ley de Jehová o algún ‘invento’ equivalente. Entiendo, claro, que las personas busquen amparo en sus creencias frente al sufrimiento. La fe mueve montañas, eso es tan real como que sí Dios existe tiene un grave problema de coherencia universal. Y dejémoslo por aquí. No, señores del lado inconmensurablemente oscuro, la oscuridad solo habita en vuestro interior, ¿no os habíais dado cuenta? Aguardad el espejo al final. O acaso pensabais durar eternamente? Pues va a ser que NO. Y allí, justo allí, justo un paso antes del fin, está vuestra irrealidad. Y esa infrarealidad se llama desierto. Es de cajón: os habéis pasado la vida sembrando muerte, dolor y semillas de mal. ¿Qué cosecha esperabais recoger? Y lo peor de lo peor, no lo veis venir. De pena…

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La gran marea…

“La emoción se ha ido. The thriller is gone” Me niego a aceptar eso. La emoción de vivir está en cada callejón, en cada calle, en cada plaza regada de ilusión. Allí se engendra una “Nueva Guardia” para la vida. Una generación de seres humanos nacidos en tiempos de ‘recortes’, escasez e inteligencia en y desde la base. Nos bastamos a nosotros mismos para ser felices. -Perdón si discrepas, yo lo veo tal cual, la vida se abre paso siempre, a pesar de esos dinosaurios que resisten apenas trastabillando en su extinción-. El resto evolucionamos al borde del abismo, casi normal, lejos de aquellos aditamentos que nos obligaban a consumir en superficialidad, solo por alimentar y hacer crecer su monstruo irreal; mientras, ellos se desvanecían junto a una mugrosa lápida llamada capital. Y punto.

Publicado: 9/6/2015 – Bajo Licencia Creative Commons (c) 2016 – Juan Sánchez

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