Ayto. Mazarrón
Ayto. Mazarrón

Juan 4Juan Sánchez /Opinión/ Mazarrón. Ando por las calles de mi pueblo, Puerto de Mazarrón. Hablo con los empresarios locales; cada cual, cada quien con los ánimos en el infierno. Malos tiempos, malos momentos para los vecinos de Mazarrón. Un pueblo muerto, cadáver, finiquitado, esquilmado por la avaricia de los pocos. Sí hombre, esos que todos conocemos. Esos que prometen cada cuatro años y luego, después de llevarse los cuatro cuartos del pueblo, se pierden en el espacio sideral de la poca vergüenza con la faltriquera llena, dejando un rastro de muerte y desesperación tras su paso.

La desidia, su falta de responsabilidad, la ausencia infecciosa de una nota de imaginación para remozar nuestro municipio y hacerlo atractivo al visitante. El tomarse un puesto político cual operario manufacturero de las porquerías de sus amos. Y todos sabemos quienes son sus amos. La falta de arrojo y ganas de luchar por sus convecinos… Y en definitiva, demasiados intereses personales, el amiguismo, el enchufismo histórico, el considerar al ciudadano y su voto como el tonto útil.

Pero dejémonos de rodeos y vayamos directos al paladar. El título apunta directamente a esa camarilla de buenos para nada que han pasado y siguen pasando por los sillones oficiales en Mazarrón. Y es que desde que aquel alcalde de marras pusiera los cimientos y la intención de llevársela cruda a costa del deslome de los vecinos, no ha habido ni un solo intento por cambiar las cosas. Si a ello añadimos que los amos del pueblo se han servido de estos tipejos con alma de vasallo traidor para ejecutar sus más puercos instintos de control y sumisión ciudadana. Y precisamente por la carta blanca que otorga lamer el trasero pertinente, cada alcalde y sus segundones han tenido escaso interés en partirse el pecho por aquellos que les auparon hasta el bastón de mando. De forma tal que, cada final de mes se llevan el sueldazo pactado entre todas las partes implicadas en el expolio municipal y ya pueden llover hostias como panes sobre los vecinos que ellos habitan en el país de las maravillas, lindando con aquel otro de que los demás me importan un real pijo. Y tal.

El infierno lo traen ellos. La cobardía también. La falta de respeto al pueblo. La sinvergonzonería y su cara dura frente a los vecinos. Y los vecinos repartidos en tantos bandos como interese montar al amo. Y los rifirrafes estudiados para entretener los ánimos, y que un pueblo roto y desesperanzado no se plantee cortarle los cojones al amo, dando cumplida justicia a demasiados años de penas, control y manipulación social. Y si algún incontrolado pretende destapar la olla podrida y sus secretos más abyectos, para esos están los sicarios en nómina, siempre atentos a los vicios y caprichos del amo, dueño y señor feudal… Y tal… Y habrá más, todo lo demás! Y tal.

Juan Sánchez –  (C) Enero 2016

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