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PACO cARBONELLPaco Carbonell | Opinión | Política | “No habrá risa, excepto la risa triunfal cuando se derrota al enemigo. No habrá arte, ni literatura, ni ciencia. Cuando seamos omnipotentes no necesitaremos más ciencia (…) pero siempre, no lo olvides, Winston, siempre habrá afán de poder, sed de dominio, que aumentará constantemente y se hará cada vez más sutil. Siempre existirá la emoción de la victoria, la sensación de pisotear a un enemigo indefenso. Si quieres hacer una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano…incesantemente”. -Orwel, 1984-

En una población, rodeada de un inmenso desierto que cubre todo el resto del planeta, trascurre la trama de una singular película: “Divergentes”. Esta nos describe una sociedad excepcionalmente monstruosa en la que el “libre albedrío” no sólo se considera un mito sino un peligroso ideal. Una película que es planteada como una crítica a la organización social platónica representada en los estamentos que gobiernan la ciudad: Erudición, Osadía y Abnegación. Una crítica, como han resaltado ciertos críticos, a una traza cerrada y demasiado racional de la historia. Una crítica a una visión utópica cuyos efectos prácticos son la quintaesencia del caos que se monta en la consecución de ese proyecto político. Los jóvenes a cierta edad deben escoger identificarse con uno de estos tres roles; para eso pasan, antes, por una especie de” pedagogía virtual” que les orienta en esa obtención. De entre toda esa marabunta de jóvenes, dentro de este sistema “espartano”, destaca una joven; que es la protagonista, y que no sólo se siente eclipsada por su nuevo rol, el nuevo rol que ha escogido, sino, igual, por el peso del sistema. Por eso decide rebelarse. En la escena final la joven, después de muchas peripecias, logra salir por la puerta de la ciudad escapando a la tiranía de un sistema marcado. Parece como si este final terminara con un: Eres libre, disfruta de tu desubicación en este sistema.

Pero, ¿y si, en nuestra sociedad actual, el verdadero sistema tiránico se encontrara en este “eres libre, disfruta de tu desubicación”? En un principio la película parece ser una crítica a la desfiguración de una conciencia feliz. Una dura crítica a lo que puede esconder eso que se da a entender como armonía social. Pero, y si en la propia película, el concepto del discurso está cambiado. Y si detrás de ese” eres libre, ¡disfruta de tu libertad!” es donde, en realidad, se encuentra la más horrible de las transgresiones reprimidas para todo propósito práctico, y que han dejado de ser un peligro para la sociedad. Y si el estado de la joven, dentro de la película, es ese estado de culpa, como dicen los psicoanalistas, de no gozar lo suficiente. Y si, en nuestra sociedad,” Divergencia” se hubiera configurado no en el sacrificio y la obediencia, sino más bien en todo lo contrario. Y si detrás de ese tiene que gozar, se encontrara un aparato estatal más fuerte que nunca, más represor que nunca, más policial que nunca. Un estado policial al que sirve la justicia. Un estado policial que es fuerte y controlador como nunca, pero que a la vez no aplica el terror arbitrario porque no lo necesita (ese Gran Otro Lacaniano) Una organización que perturba el funcionamiento de los individuos sin perturbar el funcionamiento social. Una organización en donde existe un gran “dogma racional”. En donde todo aquello que queda al margen de ese disfruta de tu desubicación, yéndonos a Foucault*, hay que tratarlo “en las clínicas mentales”; hay que darle una etiqueta racional. Y si el eje central de nuestra sociedad es un gobierno que dice buscar defender la libertad pública e individual contra las extralimitaciones y por otro lado, volviendo a Foucault*, ha ido situando una” ley policial”, llamemos así a parte de la nueva ley mordaza, al que sirve la justicia y no al revés.

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Un gobierno que dice que su mayor prioridad es defender las libertades públicas e individuales pero que, a la vez, crea leyes que no nos defiende del mismo gobierno policial. De qué manera se concreta esta nueva ley que se confunde dentro de aquella visión general de un gobierno que dice defender las libertades públicas e individuales. A través de esta desubicación. Creando un estado confesor, un gran Hermano que limpie nuestras conciencias, que nos cree una conciencia feliz. Un estado donde exista la obligación de gozar. Un estado como en la famosa película de Sylvester Stallone “Demolition Man” en donde la sociedad, en la superficie, está obligada a vivir en un estado de goce, yéndonos a Lacan (no confundir con placer) absuelto de la culpa, pues ya se encarga el gobierno, el gran Hermano, de exonerar ese estado de culpa mediante una estricta vigilancia policial (como un Dios omnipotente). Mientras, abajo, en las alcantarillas se esconde una gran sociedad, que son el síntoma de ese sistema, relegadas a la subsistencia y perpetuo estado de rebelión. Eso es lo que fomenta las leyes mordaza y la deriva de este sistema en general; una lucha entre los de arriba y los de abajo… Si quieres hacer una idea de cómo será el futuro, figúrate una bota aplastando un rostro humano…incesantemente… Y yo añadiría: y la persona pisoteada tirando de la bota, con fuerza, hacia él.

*El famoso filosofo francés Deluze escribió en su famoso ensayo sobre Foucault: Las tesis de Foucault sobre el poder, se desarrollan en tres apartados:

El poder no es esencialmente represivo; puesto que incita, suscita, produce.
Se ejerce más que se posee; dado que no posee una forma definida; «el poder no es algo que se adquiera, arranque o comparta, algo que se conserve o se deje escapar; el poder se ejerce a partir de innumerables puntos, y en el juego de relaciones móviles y no igualitarias»…
Pasa por los dominados tanto como por los dominantes; ya que pasa por todas las fuerzas en relación.

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